Una bruma pesada se cierne sobre la ciudad, las montañas que rodean a la “Novia del viento” se coronan con nubes negras que pese a su corpulencia avanzan con gran rapidez, el cielo que era limpio y azul con apenas unos visos blancos de tímidas nubecillas  se ha convertido en un invernal cuadro gris.

 

No supe ni cuando pasó, no me di cuenta pero de pronto un frío helado se colaba por las ranuras de la puerta, me estaba acostumbrando al calor casi tropical cuando de la nada el clima frío hizo su aparición.

 

Las vistas de esas imponentes nubes cercando todo a su alrededor me hicieron detener el paso, por un momento pausar la cotidianidad, maravillarme y sentir al compás del frío el sentimiento profundo que invade como las nubes el cielo a la humanidad. Sentí soledad, no miedo, no pesadumbre o inquietud, sino soledad, ahí parada en medio una calle viendo como el cielo se transformaba y el clima hacia correr a los peatones.

 

Me sentí  sola, es un hecho estaba sola aun cuando eran las 6 de la tarde y decenas de personas pasaban junto a mi, la soledad la traemos todos a cuestas siempre, estamos acompañados y tan solos en nuestros pensamientos, vamos juntos, unos junto a otros sentados en el transporte público, hacemos grupos de personas para cruzar las calles o filas interminables para casi todo. Estamos tan acompañados y tan solo todo el tiempo.

 

Hay quien no quiere sentirse solo, quien no aguanta el peso de sus pensamientos o reflexiones que se inunda con música, películas, conversaciones superfluas, en suma distractores; para no estar solo consigo mismo.

 

Me di cuanta que la soledad, la abstracción por un momento de la necesidad de vivir me permitió ver algo hermoso, contemplación lo llaman las culturas orientales.

 

Nos encontramos sometidos a un frenesí  de cosas por hacer, listas interminables de pendientes, quehaceres, rutas trazadas según la necesidad de nuestros traslados, hacer y hacer más, más rápido para hacer más cosas … no está permitido detenerse, nada debe frenar en el mundo humano, nada se detiene, nadie.

 

Que fortuna haber podido hacer una pausa, contemplar ese hermoso paisaje, sentirme sola y sentirme libre.

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