Hay una cita en el primer pliego,

apostillada con copia al editor.

Es un robo a pluma armada,

de entre un montón de letras,

firma de al menos un ciento sentido

de autores prisioneros en fojas poéticas.

Ellos no lo saben,

quizá enardezcan los que viven

o vuelvan a morir los abatidos.

No sólo tomé sus versos para dártelos,

los cambié, osado,

según el molde de mi aliento.

Y no esperé nunca su anuencia,

tampoco la tuya.

Aún tengo fe en la naturaleza del balazo

fortuito, inopinado.

Sagaz.

Cada tiro impreso albergó siempre la ilusión:

gozar del favor del riesgo.

Uno de 100, quizá,

querría entrar para quedarse,

contigo.

Sobre el decreto de un alto al fuego,

pongo pretextos para tirar:

hoy tengo motivo eficaz,

con tu efeméride vuelvo

a esos días de notas clave.

Libero mis sellos,

derribo muros de contención,

trepo al tren del descontrol.

Tengo ocasión para lanzar,

Celebrarte y estar feliz.

Porque vives y me haces vivir

en el hermoso conflicto de sentir,

de amar.

Burlo mi tregua,

echo balas prófugas,

como dianas de contento.

Tu existencia ennoblece la mía donde estés,

y la del universo que honra

la obra extendida

de quien bien sabe al mundo leer.

¡La Tierra giró de nuevo en torno al Sol!

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