El teatro lleno y la caída del Sol brinda a los juglares contemporáneos la oportunidad de contar nuevamente sus historias. Las tardes de enero vuelven a ser testigas de la magia que envuelve a las palabras cuando éstas son dichas con ímpetu y pasión.

Los años de experiencia no pasan desapercibidos y pronto tienen un reconocimiento impreso, sin embargo, los cuentacuentos saben que en realidad es la admiración del público, las expresiones, el juego de significados y todos los colores que inundan el escenario lo que verdaderamente cuenta.

Conforme los aplausos incrementan, las luces se apagan y pronto, silencio. El escenario vacío recibe el resueno de pasos que se acercan. Los presentes saben ya que Elías Manzano abrirá la ronda de historias.

Evoca al diablo, ese mítico personaje que a todos intriga, pero que, al contrario de todo lo que se cree de él, tiene sentimientos, se enamora y da lecciones de amor a los que estén dispuestos a escuchar.

Jorge Skinfield, un personaje que narra a otros personajes, inventa príncipes que viven en enormes castillos de interés social y viven en la popular zona de La Providencia y princesas hermosas, pero demasiado exigentes como para encontrar amor que les haga felices.

Sus historias tienen por escenario la Bella Airosa, ¡qué mejor manera de estimular la imaginación! Todos los presentes visualizan la escena del parque Pasteur y de los patios de escuelas primarias, donde los niños juegan durante el receso y hacen bromas a las niñas.

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Así, listones de muchos colores que coronan a Gala Galita llenan de nuevo el escenario, ante el público que emocionado espera más historias.

Mazorcas mágicas, guisos con olor y sabor a México, el trasfondo del país del norte que día con día tiene movimientos políticos férreos, se materializan en las aventuras de Candelaria Soledad, mujer migrante en busca de oportunidades para mejorar la vida que abandonó en su país.

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Más de una hora después de iniciada la ronda, Alfredo Ávila Tamayo hace su aparición mientras cuenta la historia de “La Saxofona”, mujer a la que los forajidos ignoran por ser fea. En plena Revolución, durante 1914, “La Saxofona” es secuestrada casi por error y termina por tomar el mando de los revoltosos que buscan cumplir su propia ley.

Y con la noche, que persigue a los narradores, Carlos Pachón entra en escena para cerrar por completo el festival. Así, cuenta la historia de uno de los mujeriegos más consentidos del mundo y del coraje que provocaba a la diabla que existiera alguien tan “merecedor” de las atenciones de tantas mujeres.

El hombre y la diabla jugaron sus mejores cartas para conquistar al otro, con el afán de hacerse sufrir mutuamente, sin conseguirlo al final. El amor con que se encontraron duró hasta el final de sus días. Nadie sabe si el amor del hombre llevó al cielo a la diabla, o si el amor de la diabla llevó al infierno al hombre, sólo se sabe que adondequiera que vaya uno, llegará el otro, aún en la eternidad.

Así, termina el ciclo de historias, a esperas de que el próximo año se repita con más narradores, más historias y, sobre todo, más público.

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