Febrero siempre inspira para escribir sobre ella, para evocarla, para insistir en no olvidarla. Mujer culta, mujer inolvidable, María Antonieta Rivas Mercado siempre inspira cada febrero.

Sombras y recuerdos

“Esta tarde de febrero, Antonieta Rivas Mercado, de nacionalidad mexicana, bien conocida en los círculos aristocráticos y culturales del país…, altamente estimada como patrona de las artes, se disparó un tiro en la catedral de Notre Dame… arrodillada frente a la imagen de Cristo. La catedral permaneció cerrada hasta la reconsagración… Deja solamente un hijo… Nacida en 1900, era hija del distinguido arquitecto Antonio Rivas Mercado, creador del Ángel de la Independencia monumento simbólico de la capital mexicana.”

En 1995 Kathryn S. Blair escribió una novela titulada A la sombra del Ángel y este párrafo forma parte del prólogo de su obra. Ella fue la esposa del único hijo de Antonieta y siempre le impresionaba el silencio que existía en la familia en torno a esa mujer. Logro convencerlo poco a poco que era importante recuperar su historia, así tuvo acceso a fotografías y documentos que le permitieron hacer una reconstrucción sensible, bien fundamentada, respetuosa y solidaria. Durante 20 años consultó todas las fuentes posibles, hizo entrevistas y escarbó en recuerdos de los familiares. La novela es una aproximación muy profunda a la vida de Antonieta Rivas Mercado.

La historia da inicio un año antes de que nazca la protagonista para presentarnos el contexto del país, las características de su familia, los privilegios por tener una cercana relación con Porfirio Díaz y la presencia reconocida que gozaban en la sociedad de principios del siglo XX.

Antonieta fue la hija consentida de su papá, tendrá una difícil relación con su madre y recibirá una educación privilegiada, viajará a Europa, dominará varios idiomas, le encantará la literatura y le gustará mucho escribir, sentir, vivir. El México que le toca vivir está en una revolución que ella evocará entre cañones y tragedias, justicias y caudillos, miedos y transformaciones.

Se casó muy joven con Albert Blair, padre de su único hijo. El hombre que fue su marido era mucho mayor que ella, primero se ilusionó, pero después hubo muchos desacuerdos, un divorcio muy difícil, un enfrentamiento desgastante y una lucha a muerte por la patria potestad de su pequeño.

La obra detalla el amor de Antonieta por el arte y la cultura mexicana. Ella fue mecenas y promotora cultural, musa y escritora, enamorada y desilusionada, inspiración y fuerza.

Quien se aproximó a su vida, de inmediato fue seducido por su alma generosa, por su amor a ese México lleno de artistas y bohemios. Por ello, dedicará su vida a utilizar su herencia para apoyar a pintores como Diego Rivera, escritores como Salvador Novo, el gran músico Carlos Chávez o el poeta Gilberto Owen.

Cada decisión que tomó, cada artista que ayudó, cada carta que escribió al amor de su vida -el pintor Manuel Rodríguez-, cada página de su diario, cada crónica que describió a José Vasconcelossu amado Ulises Criollo– delatan la sensibilidad, así como la clara conciencia de su vida, Antonieta Rivas Mercado es una mujer para no olvidar

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87 cartas de amor

Manuel: es un cuarto para las ocho. Estoy tan tranquila y una extraña certeza ha estado conmigo. Creo que es simple y maravillosamente, sentir que estoy cerca de su corazón. Sé, con la intuición, que todo está bien, que todo está mejor y que la vida es buena. Téngame consigo, aunque duramente me negara el consuelo de un beso. Suya, Antonieta.

¿Puede una mujer enamorarse con ilusión, pero sin esperanza? ¿Puede escribir con cariño y pasión, tierna y amorosa, esperanzada y gustosa a un amor imposible?

Sí, Antonieta Rivas Mercado lo hizo de 1928 a 1931 cada mes, cada día. 87 cartas llegaron a las manos del pintor mexicano Manuel Rodríguez Lozano. Ella le escribió desde frases breves hasta extensos monólogos, diálogos y confesiones. Tuvo correspondencia con él incluso unos días antes de que ella tomara la fatal decisión de suicidarse.

Las 87 cartas que le escribió y que fueron publicadas en un libro titulado de esa manera. Todos los textos son originales y emotivos, ingenuos y tiernos, amorosamente redactados, conjugados con verbos amistosos, adjetivos solidarios y dulces metáforas. Le compartía los libros leídos, el sabor del café que había probado en la mañana, las citas para verlo después, sus logros y hasta sus desesperanzas. Manuel fue su amor imposible, así como su amigo solidario, su compañero leal, su confidente eterno. Se dice que jamás pudo corresponderle porque siempre fue honesto con ella y él solamente podía a amar a otros hombres, jamás a una mujer. Antonieta lo amó y lo quiso, fue su amiga siempre, incluso cuando ella se fue con José Vasconcelos a París. La amorosa entrega de Antonieta siempre resulta conmovedora.

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París sin Antonieta

Estoy en el atrio de Notre Dame dispuesta a llorar hasta cansarme, pero mi pasmo fue más fuerte que mi propio llanto. Estas lágrimas eran de admiración y también de dolor. Cada gota salada evocaba a una mujer que nunca conocí pero que su muerte me dolía como si hubiera sido ayer. Mis sollozos surgían en honor a una mujer que siempre imagino a la sombra de un ángel. Mi consternación eterna es el reclamo al imaginarla entrar por esa puerta, caminar decidida hasta el altar, mirar a ese Cristo en el madero y jalar el gatillo con decisión, apuntando sin dudar al centro de su propio corazón.

Repito su nombre mientras camino lentamente hacia el altar, como esa novia vestida de blanco que nunca quise ser por solidaridad conmigo misma. Antonieta, Antonieta… ¿Qué pensabas mientras el sonido del disparo aún resonaba en tus oídos y caías lentamente herida por ti misma?

Antonieta, Antonieta… ¿Musitaste como una oración las 87 cartas de amor que le escribiste a Manuel, tu amor imposible por siempre?

Antonieta, Antonieta… ¿Absurdamente te dio fuerza el amor desgastante y profundo que tenías por tu hijo, ese pequeño amado que no podías tener a tu lado y decidiste secuestrar tu misma?

Antonieta, Antonieta… ¿Miraste los ojos de Vasconcelos cuando diste vuelta rumbo a Notre Dame y reconociste la impotencia del amor más profundo?

Antonieta enamorada, como yo. Antonieta frágil, como yo. Antonieta generosa, como yo. Antonieta decidida, como yo.

Hoy salgo a paso firme de este lugar donde estuviste para morir y yo salgo para vivir con más orgullo y fuerza de mujer bienquerida por sí misma.

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