Me pregunto si en 10 años, cuando tengas 14, las cosas serán siquiera parecidas a lo que son hoy: si jugaremos los mismos juegos, si cantaremos las mismas canciones, si me verás con la misma mirada con la que me ves ahora.

Hoy cumples 4 años y te veo aquí, acurrucada sobre mi brazo, permitiendo que sea yo quien te proteja. Me invade el sentimiento y pienso en todo lo que haces ahora y que en poco tiempo dejarás de hacer, así como dejaste de balbucear para comenzar a hablar, como dejaste de gatear para caminar, así como dejaste de depender de mí para ser yo quien esté colgada de ti.

Me pregunto si en 10 años, cuando tengas 14, elegirás un libro para que te lo lea y me pedirás que te cante Para tu amor antes de dormir; si buscarás cualquier oportunidad para agarrar mi oreja; si querrás que te deje la luz de la recámara encendida.

Me pregunto si seguirás obsesionada con Freddie Mercury y Frozen, si continuarás diciendo que vives en el Palacio de Buckingham, si cantaremos al unísono las mismas canciones o si al menos permitirás que te inculque mis gustos y locuras.

Me pregunto si mostrarás tu brazo presumiendo que eres niña grande, si contarás historias inverosímiles que se remontan a tiempos antes de que nacieras, si tu amigo imaginario seguirá siendo ‘Chicli’ o si cortarás flores de las jardineras para llevárselas a tu maestra.

Me pregunto si continuaremos asistiendo juntas a las marchas, si usarás mi maquillaje y zapatos a hurtadillas, si comerás con la misma euforia con la que comes ahora.

Me pregunto si en 10 años continuarás con esa postura imperativa ante los episodios más simples: “Mamá, aquí no queremos celulares”, “mamá, dame, la comida se comparte”, “mamá, hazme cuchi cuchi en la orejita”. Me pregunto si estas anécdotas te serán incómodas cuando tengas 14.

En 10 años seguramente no querrás que te abrace mientras vemos películas juntas; es más, posiblemente no querrás compartir el tiempo conmigo de la manera tan invasiva a como lo exiges ahora. Cuando tengas 14, quizá ya no admires que tu mamá grite canciones infantiles mientras se baña, ni me dirás cumplidos al terminar tus frases; quizá no me esperes despierta mientras califico y sea yo quien deba desvelarse para ayudar en tus tareas; quizá empieces a preguntar cosas que no sepa contestar, quizá pidas aparatos que yo ya no sabré usar.

Peor aún: posiblemente en 10 años ya no podré sanar tus heridas con polvos mágicos, ya no compraré tu buena conducta con un dulce, ya no entenderé tus decisiones o tus omisiones y entonces, te enfadarás conmigo porque, posiblemente, ya no estemos en la misma sintonía.

Posiblemente en 10 años, cuando tengas 14, te parecerás poco a esta niña que se despertó con una sonrisa al saber que hoy cumple 4 años, a este pedazo de universo que canta, que ríe, que llora, que se molesta, que abraza, que sueña, que vive.

Hasta entonces, prefiero disfrutar cada episodio a tu lado y decido dejarte este obsequio que no tiene forma, tiempo ni espacio pero que es tuyo, solo tuyo: mis palabras.

Sobre El Autor

Rosario Moctezuma

Reservada pero no tanto, culta pero no mucho, sensible pero a veces, chistosa pero no por gusto; comunicóloga, docente en proceso, haciendo mis pininos donde me agarre el hambre.

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