La visita del papa Francisco a México inició el viernes como un acontecimiento sin precedentes, y no porque sea el primer pontífice en pisar nuestra tierra herida, otros dos ya nos hicieron la atención; hablamos del primer jefe jesuita de la Iglesia católica, el primer latinoamericano, el primero con las tendencias más progresistas, el primero en crear un tribunal para juzgar a obispos encubridores de pederastia.

Y desde luego, el primero en llegar al país que si bien pavimentó calles, pintó aceras, podó jardineras y enderezó postes de luz para la ocasión, no disimula las manchas de la impunidad.

En la víspera de la santa visita, México no ofreció una acogida tan generosa, como la que le preparó a Francisco, a la cinta estadunidense Spotlight (2015), o En primera plana, del director Thomas McCarthy, cuya nominación como mejor película al Oscar no le bastó para alcanzar popularidad o trato preferente en las salas de cine nacionales.

La relación de Spotlight con la visita apostólica conviene tanto por fecha y temas. La película está también de paso en México después de su estreno en Estados Unidos hacia noviembre de 2015 con un mensaje punzante: es la recuperación de la historia verídica de la unidad de investigación del periódico The Boston Globe, la de más tiempo en la Unión Americana, que quitó la máscara de lo oculto a varios casos de abuso sexual de sacerdotes a niños.

El reportaje que se llevó en 2003 el Pulitzer al servicio público trascendió de los linderos de Boston; marcó la pauta para rastrear más abusos a menores en otros distritos estadunidenses, en provincias diocesanas de casi todo el mundo. México no quedó exento. Pero el estreno nacional de la película que le hace referencia tuvo una suerte inversamente proporcional a su relevancia social.

Datos recabados por El Universal confirmaron que Spotlight no tuvo la misma difusión que sus similares nominadas al Oscar, como la distribución en salas de La chica danesa, que más allá de la historia tocó el morbo del público, o El renacido, de apabullante presencia y expectación por ser creación del talento mexicano.

En primera plana, según datos del diario, fue distribuida por la cadena Cinemex en la Ciudad de México con apenas 30 copias para las 714 pantallas capitalinas, es decir, 4 por ciento del total. En Cinépolis la película no aparecía en la cartelera de 17 estados, en algunos de ellos estaba sólo disponible en salas VIP, por su puesto para el reducido espectro con cartera acaudalada.

¿Cómo no pensar mal? A muchas familias mexicanas no les es para nada ajeno un documento que evidencie crímenes perpetrados por miembros de la Iglesia romana; la película por cierto señala a San Luis Potosí y a la misma Ciudad de México, donde Francisco se reunió con el arzobispo primado Norberto Rivera, implicado en varias ocasiones por proteger bajo su sotana a varios sacerdotes pederastas.

¿Será que el gobierno federal y su complicidad con la ‘santa’ Iglesia mexicana se sientan más incómodos por el tema que lo que pudiera opinar el propio Francisco?

Recordemos que el Papa, en su visita a los Estados Unidos, no tuvo inconvenientes en encontrarse con víctimas de padres abusadores de Filadelfia y Boston, el foco de la película que nos convoca. Escuchamos y leímos los argumentos del Vaticano para no reunirse con los padres de Ayotzinapa, supuestamente para no convertir su visita en un acontecimiento politizado y que irrumpiera con las investigaciones judiciales; ¿pero qué pasa con las víctimas mexicanas de abuso sexual desde el seno religioso con quienes no programó encuentro? ¿No sería este terreno de su jurisdicción?

Seas o no religioso, sigas o no la visita papal, creas o no en la ‘renovación de la fe’ inducida tras su presencia, no pierdas la oportunidad de ver un filme que además reivindica la vocación periodística del servicio comunitario y la acción social, sin sensacionalismos.

Vea Spotlight (2015). Thomas McCarthy. Nominada al Oscar como mejor película 

SILENTE | @AlejandroGASA | alejandro.gasa@gmail.com

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