Vamos a lo que vamos

 

¿PORqué vamos? ¿A qué vamos? En una lógica que privilegie la libertad de decisión, la respuesta tendría que nacer de la voluntad, del gusto y de la convicción del que va o de la que va, ella o él, grande o pequeña, joven o, y más aún, viejo. El más experimentado a esas alturas de la vida debería saber por qué va y a qué va a donde va.

“Vamos a lo que vamos”, reza con frecuencia el Señor Lino, interpretado por el primer actor mexicano José Carlos Ruiz para la considerada Mejor Película de 2015 en el Festival de Cine de Morelia, Almacenados.

El director de cine mexicano Jack Zagha, por segundo año consecutivo, roza su cinematografía con la vejez como lo hizo en 2014 al conmover a su público con En el último trago (2014), en la que, por cierto, también aparece José Carlos Ruiz, el viejo histrión que siempre tiene una frase para cada personaje que encarna, esta ocasión no va a ser la excepción y nos regala el reiterado ruido filosófico “Vamos a lo que vamos”.

 

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La máxima del Señor Lino no parece provenir del gusto ni de la voluntad, más bien sabe a condena, a un destino impuesto por un orden brutal capaz de dictarte a qué vas, a dónde vas y hasta cuándo vas hasta que dejes de serle útil, hasta que la última gota de sudor se deslice sobre tu frente para beneficio de su riqueza a la que sólo tendrás acceso en la inventiva intrépida de tu imaginación.

Adaptada al cine y al contexto mexicano contemporáneo desde el teatro, Almacenados es una lanza minimalista de una sola locación para un solo par de actores: al Señor Lino le acompaña Nin (Hoze Meléndez) para formar la dualidad viejo y joven, pasado y presente, la garantía de mantener el régimen vampiro que explota y exprime a una generación para luego continuar explotando y exprimiendo a la que sigue y así en un cruel calendario laboral.

Nin debe aprender que va a lo que va y no más, poco importa que a él y a los de su rodada les pese tanto comprenderlo.

La película de Jack Zaga se parece así a un experimento social, el director toma a dos actores separados por la brecha generacional, los almacena juntos en una fría cámara como lo hicieran los científicos para observar la conducta entre dos ratones que comparten la misma jaula, ¿qué provecho saca? ¿qué descubre?

Es seguro que no se trata de un provecho monetario, como el que sí abarca el sistema que almacenó al Señor Lino con el joven Nin ajustados al principio “Vamos a lo que vamos”, el provecho de Jack Zaga viene una vez más en su fortaleza combativa contra el esquema laboral mexicano.

Hoy el grito contundente de esta película viene tanto a colación cuando las naciones de América del Norte hacen conmovedores esfuerzos para “modernizar” el Tratado de Libre Comercio, ese que en 1994 firmaron nuestros líderes con las cabezas de cada trabajador mexicano dispuestas en carta blanca para el beneficio de las empresas transnacionales.

El famoso TLCAN ha dado el permiso de almacenar al pueblo, mano de obra barata, de decidir si son o no útiles, de cuándo se vuelven obsoletos, de recordarle explayado y descarado que va a lo que va.

Almacenados se lleva el mérito de invitarte a entrar en una serie explosiva de descubrimientos para la consciencia en medio de la monotonía que pelea por convertirse en el personaje central. También te recuerda que tu juventud es tan efímera como el paso del cometa, que la vejez, que no evitarás, no es un delito que se paga en la bodega del rezago y que la lealtad es un valor cultivable para uno mismo y no para el grosero prestigio de un tal Señor Salvaleón.

Date un baño de crudeza y echa un vistazo a los Almacenados, en una de esas, tú también lo estés.

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