Angelina Muñiz-Huberman: después de oír tus historias ya no fui la misma

 

Pude escoger alguna tierra
y decir que era la mía,
pero no pude aprender a mentir.
Pude haber olvidado
lo que ya era un olvido
para sólo despertar mi memoria.
Me esforcé porque no muriera
lo que no había nacido.
Tuve entre mis manos
criatura sin forma
de sangre que yo perdía.
Creí que el mundo era redondo,
caminé, caminé, caminé,
pero no llegué.
Creí que el tiempo purificaba
y mis temores espesaron.
Los años corrieron.
Cuando volví la vista atrás,
era más el camino andado
que el por andar
y ni un signo,
ni un polvo,
ni un resquicio
en el mundo derruido.
Como siempre,
el invento de cada día,
la mirada que no se ve,
espejo roto, sin soplo.
Vilano al viento
es vilano en busca
de una tierra donde caer

 

1986, recién egresé de la licenciatura en ciencias de la comunicación, hago mi tesis de periodistas mexicanas del siglo XIX, busco ayuda para que en algún lugar me guíen a encontrar pautas para analizar los textos de las mujeres que encuentro en esa prensa de hojas amarillas. Entonces, en la revista Tiempo libre encuentro un anuncio de un taller de literatura mexicana y mujeres, impartido por el Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer. Llego puntual, soy una jovencita de 24 años, mis compañeras son mujeres de gran trayectoria en la literatura, mi maestra ni se diga. Me dejan exponer Vilano al viento, de Angelina Muñiz Huberman. Se me quiebra la voz el día que expongo, los poemas de esa mujer que leí me han llegado al alma, desde entonces Angelina está en mi vida, en mis intentos de ser escritora, es mi compañía, en viajes solitarios, en mi espejo cunado me descuido, mi amiga cuando no coincidimos, mi confidente siempre que la leo.

Por eso, al poco tiempo de mi primer encuentro con ella de inmediato me acerqué a otro género literario que domina a la perfección, el cuento. Así en Huerto cerrado huerto sellado, de 1985, otra vez sus palabras envueltas en sus personajes e historias, conmovieron mi alma. Por eso me encanta que, cuando alguien le pregunta por qué y cómo escribe, ella responda:

 

Escribir, es difícil hablar de ello. No puedo ponerme en fórmulas, no quiero encasillarme. Por eso mis cuentos no son cuentos. Mis novelas no son novelas y mis poemas no son poemas

 

Tanto tiempo de espiarla y sentirla tan cerca, páginas y páginas donde se me delata sin conocerme y provoca mis escándalos literarios con provocado gozo porque leerla es confirmar la pasión por la escritura. Es mi maestra, aunque no estemos en un salón de clases, aprendo de ella sin dictados ni tareas, simplemente su imaginación y su creatividad, su sensibilidad y sus pasiones, bastan para aprender a amar cada palabra, cada género que ella domina. Nuevamente es un placer escucharla, precisar sus propias huellas literarias:

“El cuento y sobre todo el poema me exigen. Debo entregarme a ellos. En el momento en que surgen son como el deseo y no cesan hasta su conclusión orgásmica. Van surgiendo y creciendo sin poder ser detenidos. Llegan a su clímax y necesitan luego el reposo del éxtasis. Verdadera unión erótica entre el poema y la autora. Llaman a mi mente y me despiertan a la madrugada, en la hora de la mayor lucidez y de la mejor entrega coital. Y aquí no empleo lenguaje figurado. Ese lenguaje figurado que por pudor se lo atribuyo a los místicos y que no era sino certeza real. Cuando la Sulamita busca a su amado, en amores inflamada, por las calles de Jerusalén. O la noche oscura del alma de San Juan de la Cruz. No hay vuelta de hoja: en el más claro de los lenguajes: en el éxtasis amoroso ocurre el éxtasis poético […]. En la absoluta desnudez y conyugalidad del cuerpo y el alma que propicia el amor. Cuando las palabras son la revelación y la revelación sólo puede ser la verdad.”

Recuerdo que en mis clases de literatura que después llevé en la especialidad de estudios sobre la mujer, el gran debate entre mis compañeras luego de leer Y hace confesar a Yocasta, Angelina sabe provocar, tender al Sol nuestros más profundos pecados y delatarnos:

 

Sólo cuento con mi hijo, con su amor insatisfecho y confuso, con su mirada exacta y malograda, con su cuerpo —estatua perfecta— reconociendo el mío y amándolo como verdadero amante, volviendo su boca a mis pechos, buscando el placer que no conoció y que se desesperaba en cambiar por el que ahora conocía. Hubiera deseado, entonces que mamara mi leche, leche que secándose y endureciendo mis senos, nunca fue para él

 

Al año siguiente de mi especialidad, mientras luzco un abultado vientre de mi embarazo en 1992, me topo con Dulcinea encantada, y me uno a su locura en cada página, mientras loca acaricio mi vientre, no lucho contra molinos sino contra el mismo viento que me despeina y que mes sacude como a esa niña que evoca sus miedos, que palpa el dolor humano y no puede huir de él, el exilio latente, el ir de un lado a otro tras sus obsesiones eternas. Bien lo dijo Angelina, esta novela no es una autobiografía, es una confesión.

Qué difícil elegir un texto de ella, son tantos para leer una y otra vez. Recuerdo la manera en que me enamoré de La burladora de Toledo, un texto que delata el mito del género, de que ser hombre o ser mujer son casualidades que pueden elegirse, la personaje de esta novela no solamente es la primera mujer cirujana de la historia, por eso es otra bruja perseguida por la Inquisición, pero además es bendecida y condena a vivir una ambigüedad social, en ciertos instantes será hombre, en otras aventuras mujer.

Y el tiempo pasa, yo misma voy cambiado, vuelvo a leer a Angelina para reconocerme y acompañarme en esos cambios. Yo no me cambio de país, pero sí de ciudad, no me voy muy lejos, solamente recorro 90 kilómetros, de la Ciudad de México a la Bellairosa, entonces ese tema latente en su obra, el exilio, lo siento tan mío, otra vez nos volvemos aliadas. Memorizo cuando ella dice:

 

Podría vivir en cualquier parte del mundo: en cuanto llego a un lugar, así sea de paso, acomodo las calles, el paisaje, las casas, las paredes a mi mirada. Y las medidas se me acoplan… (Aun en el reducido espacio de un asiento de avión instalo mi cuarto propio y leo y escribo como en un palacio)

 

Sus textos siempre tienen que ver con una etapa de mi vida, por eso hoy celebro estar con ella, así como ahorita, tan cerquita, porque entonces puedo decirle muy en secreto que sus libros son un cautiverio liberador, un espejo gozoso, un relámpago en el alma, un suspiro en la soledad para sentirse bien acompañada.

Por eso, volver a leer Las confidentes, originalmente la novela fue publicada en 1997 y 20 años después resurge para volvernos a embelesar, para sentirnos delatadas en cada historia, toparnos con muchas coincidencias en tantas páginas, descubrir esa tan mentada sororidad sin mitos ni exageraciones, encontrar la fuerza de nuestra palabra, la pasión por la escritura, el gozo de tener a nuestra lado a la otra, la amiga, la cómplice, la diferente, la cercana pese a la distancia, nuestro espejo pese a los rasgos tan diferentes de nuestros rostros, la mirada aliada siempre latente.

Desordenaste las personas y a veces era yo: otras, tú, y otras más, ella. Tuve que aprender a nadar en el mar de los ahogados y en los cambios de tormentas y huracanes.

DESPUÉS DE OÍR TUS HISTORIAS YA NO FUI LA MISMA.

Perdí también el punto de vista y el horizonte me señalaba a ti o a mí indistintamente. Podía ser yo por dentro o contemplarme como una extraña. Y lo mismo me pasaba contigo. No sabía si eras tú o yo.
Aquí empiezan nuestras historias.
Mi-historia-tu-historia
Las historias de las confidentes.

LAS CONFIDENTES

Un libro que hace homenaje a las complicidades femeninas, que comparte historias de realidades inventadas y de ficciones verdaderas. Me fascina palpar esta alianza entre las dos voces femeninas que intercambian historias para delatarse y para descubrirse, para confundirnos y sorprendernos, para asustarnos porque vemos muchos sentimientos parecidos que siempre hemos ocultado, para identificarnos porque somos diferentes. Con destinos parecidos, con vidas diferentes.

Siguen en silencio las confidentes. Pero tendrán que continuar con sus historias. Su papel es ése. No importa qué otras cosas hagan. No importa que la noche avance. No importa que sus labios se resequen. No importa que crean que ya no tienen historias que contar. Las confidentes sólo tienen el deber de contar.

Y aquí estamos querida Angelina, contando, narrando, hilvanando historias, inventando lugares, escapando de territorios extraños, regresando a cautiverios solidarios.

Aquí estamos, agradeciendo cada una de tus historias, cada poema, cada personaje, cada novela, cada frase, cada lágrima, cada palabra.

Porque sabes, querida Angelina, hoy que te conocí en la Feria Universitaria del Libro (FUL), en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo… DESPUÉS DE OÍR TUS HISTORIAS YA NO FUI LA MISMA. Gracias por darme la certeza que cada vez que te leo, tú y yo, cada lectora contigo, somos tus confidentes, eres nuestra confidente, somos LAS CONFIDENTES.

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