Todavía recuerdo el éxito del 69, artículo especial escrito para La Recoleta cuando todavía era dependiente. La controversia fue tal que debí explicar técnicas sexuales a quienes no las comprendían, amigos o compañeros de trabajo, no importaba, todos querían saber más sobre el sexo oral en par.

Más adelante, ya con la bandera real autónoma, pero con el mismo espíritu de recoger a la cultura desechada en Hidalgo, este portal renovó sus fuerzas y diversificó sus temas. Optó por letras jóvenes y experimentadas que dieran frescura y argumentación a cada publicación.

El editor Alejandro Galindo, conocido en el bajo mundo como mi mejor amigo, me invitó a escribir una columna de sexo sin límites ni prejuicios, no dudé en aceptar la propuesta ya que es esencial que los medios de comunicación locales abarquen estos temas, ante la falta de educación sexual entre los hidalguenses y mexicanos.

Así nació La Farola Virgen, sincera, divertida y golosa, como los textos recoletos deben ser, reflejando temas de interés social con un toque de entretenimiento, sarcasmo y vanidad.

Estos cuatro años he observado de lejos y cerca el trabajo impecable e imparable de La Recoleta, encabezado por el Jefe Galindo, porque aunque no le guste, lleva en su ser el espíritu de líder nato, portavoz de ideas y de corrientes culturales y artísticas, no lo puede evitar. Su sangre está impregnada de talento cultural porque si alguien sabe escribir al respecto y ser crítico de la esfera artística, es él.

No en balde Olaf Hernández, probable secretario de Cultura en Hidalgo, lo mira con ojos brujos, puesto que este espacio nació para argumentar, sopesar y desteñir el bajo presupuesto del rubro en la entidad. También para debatir con las vacas sagradas de la cultura su quehacer diario o impulsar nuevas promotoras, movimientos y asociaciones enraizadas en pro de la escena.

 

La Recoleta dejó de ser un bebé, ahora es una adolescente con cambios hormonales que cuestiona al mundo, que necesita respuestas, que propone y busca espacios para alocadas mentes

Y así estamos todos sus miembros, experimentando nuevas drogas y vicios culturales, buscando a los mejores amigos que se sumarán a la causa, exigiendo que la cultura y sus vértices sean reconocidas como la manera de cambiar al estado, lejos de burocracias y administraciones públicas basadas en relaciones humanas imperfectas.

De manifiesto creemos en la música, el teatro, la danza, el cine, la escultura y hasta el sexo para alzar la voz y expresarnos con estas formas violentas que los humanos necesitan: arte y letras para inspirar, incomodar y sacar de la zona de confort lo que nos sume en la miseria y la condena.

Amor y mis sinceras felicitaciones para La Recoleta que se rifa a diario, así como a cada miembro del Alto Consejo Recoleto, inspiraciones eternas para esta escritora.

 

¡Larga vida a La Recoleta!

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