Entrevista con Gerardo de la Torre

Como se recordará, en la emisión anterior de Sinestésica se trató de la reciente novela del escritor Gerardo de la Torre, que aborda un tema cada vez más polémico: la eutanasia. Damián, un médico que enfrenta diariamente el dolor a través de sus pacientes, pasa por un trago muy amargo cuando a Mercedes, su esposa, se le detecta cáncer en la matriz. Este es el inicio de una historia acerca de la manera en que este traumatólogo transforma su visión, un tanto ortodoxa, sobre la eutanasia. Un emblemático personaje, el psiquiatra militar Iribarren, lo hace dudar de los ideales tradicionales de la salvación, hasta que Damián llegara a decidir algo que quizá daría un giro drástico a toda la novela.

A continuación, una entrevista con el autor:

  • Gerardo, como algo introductorio, ¿podrías contarnos cómo empezaste a escribir?

Lo que tengo muy presente es que desde pequeño fui lector, aprendí a leer antes de ir a la escuela primaria en Minatitlán. Fui el hijo primogénito y mi madre vio que tenía muchas ganas de leer, pues tomaba el periódico e inventaba historias. Así que empezó a enseñarme. Al cumplir seis años me regalaron libros y leía todo lo que caía en mis manos. Vinimos a México cuando yo tenía siete años, y me iba cada tercer día a la Biblioteca Benjamín Franklin, donde leía toda la tarde y me llevaba libros para leerlos en casa. Y así seguí leyendo de manera voraz. Estando en la secundaria, en Narvarte, me salía de la escuela, me subía a un árbol y me quedaba leyendo. No sé cómo, tal vez por imitación, comencé a escribir. Me metí a grupitos de literatos, a grupos literarios. A los 19 años entre varios hicimos un periodiquito y ahí llegué a publicar algunos cuentos. A los 21 me integré a un grupo de actuación y escribí mis primeras obras de teatro. Sin embargo, hasta ahí la escritura no era para mí una disciplina. Tiempo después, a los 24 años entré al taller de Juan José Arreola y entonces sí la empecé a tomar más en serio.. Ya por entonces trabajaba en Pemex. Y me di cuenta de que tenía ante mí un mundo poco explorado por la literatura: el de los trabajadores. Al mismo tiempo, como andaba en la militancia comunista, se juntaron cosas y con gran ingenuidad usé la literatura como un arma. Empecé a aprender paulatinamente y después del taller de Arreola obtuve una beca del Centro Mexicano de Escritores y ahí arranqué. A los 26 años estoy seguro de que ya escribía en serio, pues había recibido la beca y publicado un par de cuentos en la revista Mester del taller de Arreola.

  • ¿En qué te inspiraste para escribir La muerte me pertenece?

Casi todos mis libros se inspiraban en luchas sindicales, ya fueran sátiras o en serio. Pero me enfrenté con un hecho familiar que me impulsó a escribir la novela. Mi hermana, médico ella y casada con médico, tenía cáncer terminal y en sus últimos meses de vida tuvo que someterse a terribles quimioterapias. Continuamente decía que se quería morir y un día su marido le cumplió. Ambos vivían en un ranchito por Villa de Carbón y una mañana amanecieron muertos, ella en su cama y él arrodillado a sus pies, con diagnóstico de infarto. Lo que puede quedar claro es que ambos, siendo médicos, seguramente conocían maneras de morir, por lo que sospecho que hubo una aplicación de la eutanasia. Ya de ahí me puse a investigar sobre el tema.

Gerardo de la Torre

Gerardo de la Torre

  • ¿Cuánto tiempo te llevó hacer la novela?

No fue tiempo corrido como tal, pues uno se tiene que dedicar a diversos trabajos para vivir, pero en total unos cinco  o seis años. Entre lo que se investiga y se escribe surgen dudas del lenguaje y dudas de todo. Tal vez fue más, pero ya concentrados podrían ser unos cinco años.

  • ¿Encontraste dificultades en el proceso de creación?

Sufrí un infarto una vez, también padecí cáncer, afortunadamente de ambos salí bien -y aquí toco madera-, pero ante esto uno se enfrenta a la pregunta de cómo será la propia muerte. También pasaba por mi cabeza que era preferible la eutanasia a un infarto que te puede dar en la calle. Morir por una inyección como la que le aplican a los condenados a muerte. Y uno dice: pues qué muerte tan dulce para esos y uno muriendo de algún ataque en el pecho o tras una espantosa enfermedad terminal.

Tengo muy presentes algunas imágenes de una película que me gustó mucho: Cuando el destino nos alcance, en la que le aplican la eutanasia al personaje interpretado por Edward G. Robinson, cuyo cuerpo van a convertir en galletas. Pero antes de morir le ponen una pantalla con imágenes de la naturaleza mientras se escucha la Sexta Sinfonía de Beethoven. En fin, leí mucho y reflexioné más sobre los problemas de la eutanasia.

  • ¿Te basaste en alguien en especial para crear al doctor Damián?

Sí, me basé en principio en un médico más o menos de mi edad, marido de mi hermana. Pero los personajes nunca -o casi nunca- están totalmente construidos a partir de una sola persona, sino de varias. Tienen características de unos y otros. Además, la historia se teje con anécdotas que conoces de primera mano y las que te cuentan y las que oye por ahí, y así se forma la trama y con ella los protagonistas. Muchos autores dicen que los personajes se liberan de uno. Bueno, Nabokov, por el contrario, sostiene: “Mis personajes son galeotes encadenados, si quiero que un personaje cruce la calle, la cruza.” Yo no sabría decirte qué tanto los sujeto o les doy libre albedrío. Sólo sé que están ahí.

  • ¿En quién te inspiraste para crear al antagonista, Iribarren?

Está basado en un personaje real. Tengo un primo médico militar, psiquiatra, y pensé mucho en él. Sin meterme con su vida privada, tomé solo algunas características suyas. Entonces Iribarren es un personaje casi basado en él, y prácticamente es el que conduce a Damián al camino de la eutanasia, tanto que la novela termina con una carta de él. Iribarren es un personaje sabio, un observador del comportamiento humano. Y sabe hablar de muchos temas.

  • ¿Crees que se recurre con frecuencia al tema de la eutanasia en la literatura o que consideras está en auge?

No, yo no he visto gran cosa. Hay un articulista en La Jornada, el doctor Arnoldo Kraus, defensor de la eutanasia, y creo que escribió una novela sobre el tema. Y he visto dos o tres películas, cuando menos interesantes, que abordan el asunto. Lo que ahorita está de moda es una literatura muy facilona sobre narcossecuestros.

  • ¿Qué podría ofrecer de distinto La muerte me pertenece respecto a otras obras que traten el tema de la eutanasia?

Lo único que pienso que podría ofrecer es una visión de por qué hay médicos, intelectuales, científicos, que se inclinan por legalizar la eutanasia en varios países, como el doctor Kevorkian. Es lo único que puedo ofrecer, una visión de alguien que va entendiendo sobre la eutanasia y la va aplicando. No es fácil ser un médico eutanasista, pueden aparecer muchos fantasmas y acusaciones de asesinato, pero el objetivo es no alargar el sufrimiento.

  • Respecto a obras anteriores tuyas –Morderán el polvo, La línea duraMuertes de Aurora-, ¿qué nos puedes decir sobre la madurez o la transformación en esta última novela?

El tema, sobre todo, cambia aquí. Tengo novelas de vocación política y social muy definida: Hijos del águila, Los muchachos locos de aquel verano, Muertes de Aurora. Una novela policiaca: Nieve sobre Oaxaca. De sátira política: La línea dura. Sátira de la vida conyugal: Morderán el polvo. Y una novela histórica: La descendencia del mayor Julio Novoa. Esta, La muerte…, es la primera en que me interno en territorios que nunca pensé pisar.

 

Como recomendación musical vinculada a la nueva novela, el autor sugirió La sinfonía de los juguetes. Esta sinfonía se le atribuye a Leopold Mozart, nada más y nada menos que el padre de Wolfgang Amadeus Mozart, aunque aún se debate si es real su autoría. La recomendación se debe a que en la novela la sinfonía le gusta mucho a Rosaura, la primera y terrible esposa de Damián.

 

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