Antimonumentos les llaman porque dejan prueba fehaciente de los crímenes perpetrados por el Estado.

DE NADA sirven los impolutos mausoleos de los paladines de la nación, los monumentos de marfil o cantera labrada.
De nada sirven los honores que se rinden con la efeméride de la verdad histórica que se han inventado.

De nada sirven los desfiles marciales o desplantes armamentistas que acompañan las conmemoraciones patrias.
De nada sirven las relucientes estatuas, epicentros de mentiras y alucinaciones histriónicas , de baldosas cuidadosamente remosadas en las plazas de moda.

De nada sirven las cubiertas de terciopelo de los librajos donde se guarda la vida política del país.
De nada sirven los anales con letras de oro, si no resguardan a los héroes silenciosos que hacen patria todos los días.

De nada sirven las miles de calles, hasta en el más recóndito poblado, que ostentan los nombres de los ex presidentes o alamedas y escuelas con apelativo de sus esposas.
De nada sirven los discursos falaces de los tecnócratas, las encuestas infames, los diálogos simulados, el progreso que acribilla a los desposeídos y los deglute en el vacío retórico de otro plan sexenal.

De nada sirven los politiquillos entrenados para sonreír ante la cámara, pero incapaces de sentir, de tener la mínima empatía, de hacer su trabajo. !Coño!
De nada sirven los gabinetes, las decenas de asesores, la división de poderes, los cabildos, las leyes, la constitución, nada sirve. !Carajo!

Solo la ciudadanía que se emancipa. Sale a protestar y materializa su rabia contenida y muda. La ciudadanía que reclama el territorio que le pertenece y planta en el asfalto la semilla de la rebeldía. Antimonumentos les llaman porque dejan prueba fehaciente de los crímenes perpetrados por el Estado.

Los antimonumentos de la guardería ABC, de los 43 de Ayotzinapa y ahora rememorando los 50 años de la masacre de Tlatelolco; representan la tradición del pueblo mexicano de poner altares en la vía pública para llorar a los muertos; son el recordatorio de las mentiras dichas, de las condolencias apócrifas y las lamentaciones vanas. Son la raíz que transforma, que germina.

Sobre El Autor

Tania Martínez Suárez
pros_critos@hotmail.com

.mujer.esposa.madre.hija.hermana.amiga. Interesada en seguir aprendiendo, amando y creando; me conmueve y compete todo lo que conlleva el acontecer humano, me encuentro en constante proceso de cambio y creo firmemente que las cosas pueden cambiar con ayuda de todos

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