De nuevo sumergidos en el rock progresivo, y es que el rock en general con todas las variantes es un tema tan amplio que es imposible ponerle fin a una serie de columnas. La mejor manera de estudiar la evolución del rock es esta, centrándonos en icónicos discos como el que aquí es objeto de análisis; la obra maestra de los británicos Jethro Tull titulada Aqualung.

aqualung

Aqualung (1971)

Empezaremos por lo que se puede escuchar en general, toques folk y una carga mucho más fuerte de hard rock. Aquella faceta bluesera la dejaron de lado con este extraordinario álbum de 1971 y podemos aderezarlo con los tintes medievales que el gran Ian Anderson, líder de la banda, añadió a este trabajo con su flauta. Hago un breve paréntesis. Todas las bandas sin excepción deben tener algo distintivo, aunque toquen el mismo género, que puede ir desde su vestimenta hasta lo más importante, su sonido, aquí pueden jugar un poco con los equipos para sacar un sonido en especial o hasta utilizar herramientas inusuales para hacer música –como el dedal de metal de Tony Iomi de Black Sabbath, que le dio el sonido a guitarra del heavy metal– o simplemente añadir instrumentos que pertenecen a una orquesta. Esta fue la atinada propuesta de Jethro Tull o debemos decir mejor de Anderson, ya que gracias a él podemos disfrutar de un rock progresivo y medieval colocando a la banda en el altar del rock donde comparte lugar con otros santos como San Pink Floyd, los inmaculados Yes y los omnipresentes Genesis de Peter Gabriel.

Se considera este disco como el mejor de la banda, pero no hay que olvidarnos de Thick as a brick – álbum del cual hablaremos en otra ocasión- que está al mismo nivel sólo por mencionar alguno. Pero la euforia y el boom que causó en su momento fue como ningún otro para el rock progresivo en ese momento. Pero este disco no pasó a la historia por la canción que le da el nombre al álbum o por ‘Locomotive breath’, hay mucho más que eso. Estos discos son los que amamos escuchar pues tienen sentido y un tema central –aunque no necesariamente se tienen que cumplir estas reglas para ser un buen álbum-, pero Aqualung es una crítica en toda la expresión de la palabra ya que se enfoca en temas sociales, principalmente en la marginación, la prostitución, religión y la relación del hombre con Dios. Digamos que este trabajo es el equivalente de Los olvidados de Luis Buñuel pero en música.

La verdad no peca pero incomoda, bueno a la banda casi casi se le tomó como pecado, criticar a la religión en la década de 1970, cuando la Iglesia se daba el lujo de vetar cualquier idea en contra de su doctrina. En otras ocasiones tuvo que ser cobardemente mutilado para transmitirlo. La cobarde guillotina de una empresa bien estructurada que tiene que velar por sus intereses y como tal, al más mínimo avistamiento de peligro hay que actuar para acabarlo y mantener el orden según ellos. ‘My God’ y ‘Locomotive breath’ fueron quizá los causantes de todo esto, una censurara de cuatro años y tras la larga espera le dan luz verde sin esta canción, sustituida por ‘Glory row’. Quien tiene este disco con este tema, pose una pieza de museo.

En el tema que le da título al álbum escuchamos uno de los riffs que tiene mayor peso en la escena roquera, pues a pesar de no tener una complejidad y un virtuosismo impactante supieron tatuar estos primeros sonidos en la mente de muchos gustosos del rock a través de los oídos. De hecho, como un mito urbano se cuenta que Jimmy Page, guitarrista de Led Zeppelin, se encontraba por esas mismas fechas grabando en los mismos estudios en los que Tull inmortalizaba su mejor obra. Y es cuando empiezan a grabar el tema ‘Aqualung’, que entra al estudio Jimmy Page y le extiende la mano a Martin Barre, entonces guitarrista de la banda e inevitablemente tiene que hacer una pausa traduciéndose en un silencio al inicio de la canción que se puede percibir en el álbum.

Otro punto muy rescatable de este disco es sin duda el empleo de las guitarras, tanto la acústica como la eléctrica en una misma canción. Muchos podrían pensar que sonaría extraño y de hecho así lo es pero al momento de sumergirnos en los minutos de cada tema nos damos cuenta que es una orquestación perfecta para la lírica que busca esa suavidad en la acústica y la rudeza de un mensaje en la eléctrica. Esta técnica por supuesto que tiene nombre y apellido: Martin Barre, encargado de esta última y la acústica de Anderson.

Estamos ante uno de los discos experimentales más importantes del rock progresivo y uno de los que cala más hondo en cuestiones religiosas, pues se critica y se cuestiona a la Iglesia sobre las ideas establecidas. Si bien este disco le valió la censura sobre todo en la España franquista, condenó a Jethro Tull al destierro en los medios de comunicación, que finalmente no los necesitaba pues su implacable trabajo en este disco atrajo la atención del mundo en discos posteriores.

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