A mediados del siglo veinte, Vladimir Nabokov publicó una inquietante novela que causó controversia por muchas razones. De inicio debido a que, como autor ruso, pudo describir las virtudes y defectos de Estados Unidos, en un recorrido por toda la región yanqui como si la conociera mejor que los mismos escritores de ese país. Posteriormente la temática causa una gran polémica, incluso un disgusto que pasó al escándalo: un adulto enamorado de su hijastra de tan solo doce años debido a que en él existe una atracción consumada por las pubescentes, a las que llama nínfulas. Tal trama parecía ser inaceptable para el año de 1955, cuando los temas de incesto, estupro y efebofilia no eran tratados, salvo por autores malditos del romanticismo, pero nunca de una manera tan directa. Incluso Nabokov llegó a pensar en la publicación de su obra con un seudónimo. Sin embargo, pese a ser juzgada como novela pornográfica -ni siquiera erótica-, también causó gran conmoción en otros lectores. El protagonista, Humbert Humbert, representa a un personaje enfermo de amor, podría señalarse también como portador de una patología. Pero Lolita representa a un personaje vuelto una especie de fetiche prohibido, el fruto del pecado, lo impensable y a la vez atrapante.

Cuando Humbert Humbert ve por primera vez a Lolita queda completamente enamorado, así es como decide rentar el cuarto que Charlotte Haze le ofrecía, para más tarde casarse con ella pero con el único objetivo de mantenerse cerca de su hijastra, con quien ha empezado un romance secreto. Cuando Charlotte se entera de lo que sucede entre su esposo y su hija, sale de su casa arrebatada por el dolor y es impactada por un automóvil. De ahí, Humbert se lleva a Lolita a un recorrido por el país, y la convierte ya en su pareja. Entre relaciones sexuales y largos viajes, él cumple cada capricho que ella le pide, al mismo tiempo que la somete a un continuo abuso. La relación comienza a tener complicaciones cuando la chica se siente atraída por un dramaturgo de nombre Clare Quitly. La historia tomará entonces otro desenlace con mucha más emoción, para desembocar en un final violento y trágico para todos.

En la actualidad, el personaje de Lolita se considera un símbolo de fetiche en la era mediática. La perversión se ha vuelto una imagen complaciente y se ha ido a diferentes ramas, ahora “La Lolita” se manifiesta en cine, música y moda como una tendencia que incita la belleza de lo prohibido. En el cine, fuera de la exitosa adaptación de Kubrick, a muchas actrices se les posicionó en un papel tipo nínfula para llamar la atención del público. Se pueden recordar diversos ejemplos que van desde Jodie Foster en Taxi Driver y Mariel Hemingway en Manhattan, hasta Natalie Portman en El profesional y Marien Vatch en Joven y bonita, sin pasar por alto a Lolitas más ácidas como Ellen Page en Hard Candy. Una gran confusión en el mundo del vestuario y la interpretación ha crecido con la moda Sweet Lolita y Classic Lolita, originadas de una subcultura en Japón; pese a que esta nada tiene que ver con la novela de Nabokov, en occidente se toma como un fetiche para eventos de cómics en los que hay pasarelas y concursos de Lolitas. También en las modas femeninas happy punk, emo, dark, ciber goth e indies, se retoman apariencias inocentes y a la vez rebeldes, para aumentar la seducción visual. Este aspecto lo adoptaron cantantes de pop y pop rock como Avril Lavigne, Keisha, El dúo lésbico TATU, Britney Spears en sus primeros videos, Alizeé, quien incluso tiene una canción llamada Moi Lolita. También otras con aspectos de tipo más oscuro como Chibi, la vocalista del grupo The Birthday Massacre o incluso Hayley Williams del grupo Paramore, también en sus primeros videos. Es curioso que en fusiones cómic-cine, como Escuadrón suicida, el éxito taquillero se deba en parte a que la imagen de Margot Robbie sea una especie de “Lolita súper héroe”, para interpretar a Harely Quinn. El mismo efecto que causó Chloë Grace Moretz en Kick Ass 2. En un subconsciente social, todas estas figuras femeninas serían la representación viva de Lolita en nuestra época; una chica con aspecto inocente y a la vez coqueto y atractivo. A partir de un despertar sexual consciente o subliminal del público masculino e incluso de alguno femenino, Lolita ya no está para causar polémica, sino para aumentar el rating mercadotécnico de muchos medios masivos, que venden una “atracción incómoda”. Es así como el consumidor se vuelve Humbert Humbert y la feroz publicidad se vuelve su nínfula, a la que se entrega como esclavo.

            En la recomendación musical, el ex grupo neoyorkino Elefant, dirigido por el cantante argentino estadounidense, Diego García, dedican una canción exclusivamente a la novela de Nabokov, titulada como el mismo libro y personaje emblemático. El video logra crear seducción y emoción tipo trailer de cine, el ritmo melódico es muy agradable, digno de una agrupación alternativa en la década del 2000.

 

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