Tengo una amiga que es bruja, su nombre es Alma, sus ojos dos soles negros apuntalándole el rostro, es morena y de cabello  negro y ondulado que cae por su espalda como un río que palpita, tiene vida propia, no tiene gatos como todas las brujas, en cambio ella cuidaba de 6 perros bulldog. La conocí cuando tenía 17 años, ella me doblaba la edad y tenía una hija pequeña que hablaba muy poco pero reía mucho.

Como parte de sus conjuros hacía que los semáforos cambiaran de rojo a verde en cualquier avenida por la que transitábamos, miraba fijamente el semáforo y pestañeaba tres veces seguidas entonces cambiaba el color y los autos se movían, todo a causa del baile de sus pestañas.

También ejercía un poder sobrenatural sobre los perros bravos ya que bastaba con que los mirara detenidamente y pestañeara cinco veces para que dejaran de ladrar, no tenía que decirles nada o amenazarlos con arrojarles una piedra imaginaria, bastaba posará su penetrante mirada sobre ellos y dejara caer sus párpados cinco veces consecutivas sobre sus ojos para que sin hacer aspavientos los canes entrarán en un estado hipnótico y guardarán un silencio absoluto.

También podía hacer que mágicamente las filas en los cajeros automáticos o el pago de servicios avanzarán velozmente; volvía a cerrar los ojos cuatro veces consecutivas y las personas en las filas habían desaparecido.

Cuando me cambie de cuidad, estaba un poco triste porque dejaría de verla, y ella me dijo la última vez que me leyó las cartas que se mantendría en contacto conmigo siempre, aún cuando dejáramos de vernos por años enteros, como buena bruja sabía que el distanciamiento arriba a las personas cuando menos lo esperan; no es que el cariño entre nosotras fuera menor pero el tiempo y las circunstancias todo lo transforman, me dijo:

¡Esta carta, el cuatro de bastos te representa, cuando te tiro las cartas y cada que la encuentres en tu camino recuerda que esta bruja te quiere y te extraña!

Hoy recordé a esa bruja maravillosa.

Desde que llegué a vivir a esta ciudad he encontrado esa misma carta en algunas de mis caminatas, ¿Qué probabilidad hay para encontrarse una carta de un juego de naipes en las calles?, ¿Qué probabilidad hay de que sea justamente el cuatro de bastos? Alma sigue haciendo brujerías.

Encontré una de esas cartas un día que caía una lluvia intensa, como es mi costumbre, no por ello detuve mi paso. Me sentía sola, vivir lejos de la casa de tus padres es una aventura y también un desafío; ese cuatro de bastos apareció bajo mis pies en uno de los pequeños arroyos que atraviesan los barrios altos y llegan hasta el primer cuadro de la ciudad, viajó por la pendiente de un pequeño río improvisado, entre: desniveles, basura, coladeras y una ruta digna de un kayak para encontrarse conmigo.

Esa tarde me preguntaba ¿Qué hace una chica como yo fuera de la casa donde había habitado desde que nació?, ¿Qué hace a estas horas, caminado sola por esta calle de la cual no se alcanza a ver ni el fin ni el destino? Justamente eso encontrándose.

Sobre El Autor

Tania Martínez Suárez
pros_critos@hotmail.com

soy un atado de ideas zurda y necia comunicóloga proscrita madre indeVida

Artículos Relacionados

Hacer Comentario