Todos hemos pasado por el molesto “No ordenaste tu papeleo anoche”

 

PARECIERA que una probadita del Infierno es el realizar trámites oficiales de cualquier tipo (académicos, laborales, gubernamentales, eclesiásticos y un largo etcétera), donde es forzoso ir de área en área registrando el ‘original y dos copias’ de tus documentos.

Lo peor de estos trámites, además de la pérdida de tiempo esperando un turno, es que quien debería ‘ayudarte’, generalmente, hace absolutamente lo contrario.

La semana pasada acudí a Sedesol para inscribir a mi hija al programa de estancias infantiles porque, además de mi durísimo horario laboral, decidí que era un buen momento para que se familiarice con la ‘rutina escolar’. Con un burocrático pase de salida en el trabajo (y la consigna, pagar las horas que estuve ausente), pude llevar todos los documentos necesarios a las oficinas ubicadas en Zona Plateada, con la esperanza de acceder a una beca para que la cuota en la estancia fuera menor.

Para mi mala suerte, la fecha y hora de la cita empató con el partido México-Suecia; sin embargo, aguanté y hasta entendí que, durante la transmisión, el ‘Godinato’ de Sedesol trabajaría a vuelta de rueda con tal de echar la buena vibra a la Selección (debo admitir que hasta salió mi pambolera interna cuando me descubrí monitoreando el marcador del Alemania-Corea).

No obstante, 20 minutos después de finalizar el partido, muchas personas que llegaron incluso después de mí, se habían ido, mientras yo seguía sentada esperando a una señora llamada Leticia, quien muy cómoda platicaba con su compañera en vez de atenderme.

Intenté ser lo más diplomática posible y pregunté si podía pasar con alguno de sus compañeros que estuviera libre. Al instante se puso a la defensiva y dijo que no me podía atender porque había una persona antes que yo (aunque insisto, ella platicaba con una compañera y yo era quien llevaba más tiempo esperando) pero casualmente, a regañadientes, se sentó frente a su computadora y empezó a capturar mi expediente.

Debo admitirlo: me apendejé. Me sentí regañada y hasta castigada por una mujer incompetente que, al momento de hacer mi valoración socioeconómica, omitió preguntas e hizo otras que me parecieron ventajosas (por ejemplo, que vivo sola con mi hija en una casa de 3 recámaras en la que no pago renta). Como era de esperarse, no pasé el dichoso estudio socioeconómico.

¿Qué se necesita para acceder a las becas de estancias infantiles de Sedesol? ¿Decir que vivo bajo un puente y cobijada con periódicos? Lo pregunto en serio. Ser mamá soltera que trabaja más de 10 horas al día y obviamente no puede cuidar a su ‘bendición’ ni pagar un colegio privado, ¿no es suficiente para aplicar a este tipo de becas?

Los resultados de los comicios electorales me hicieron recordar que hace poco más de medio año trabajaba como maestra/administrativo/directora de una escuela rural multigrado que adoraba y por la que derramé lágrimas de sangre cuando llegó el momento de partir. Está de más decir que el dejar ese trabajo no fue por gusto, sino por la inestabilidad económica que representaba el destinar la mitad de mi salario en transporte.

Cuando solicité en presidencia de Epazoyucan un aumento (que ya me habían prometido), el secretario general me dio a entender (palabras más, palabras menos) que no habría aumento de sueldo y, si yo ya no accedía a ese monto, habría quien sí lo iba a querer.

Ante mi frustración con el gobierno de Raúl Padilla Islas y mi obstinación por seguir dando clases, me ‘engatusó’ el Partido Nueva Alianza, diciendo que yo era el único contacto que tenían con la comunidad y, para que posiblemente me ayudaran en un futuro, debía hacer proselitismo con las mamás de mis alumnos, asistir a reuniones vespertinas en el Panal de Epazoyucan y participar activamente en la campaña del candidato a diputado federal, Francisco Sinhué Ramírez Oviedo.

Afortunadamente bastó una junta con el Panal y mi poco ingreso económico para que me negara a entrarle al proselitismo por Sinhué. Me dio harto gusto saber que no resultó electo y que, al buscar en el PREP la sección correspondiente a la comunidad, tuvo muy pocos votos de ese lado del distrito.
Miserable burocracia, que me hizo registrar un montón de formatos, invertir mi tiempo esperando al alcalde que nunca llegó y asistir a eventos de un partido de un SNTE al que nunca pertenecí, para que al final de cuentas no me quedara en la rural multigrado Andrés Quintana Roo.

En fin. Así es la burocracia.

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