Una película para ver este 12 de octubre.

YA se acerca el 12 de octubre, día en que se conmemora el descubrimiento de América, ocurrido en el año de 1492. Hasta la fecha existen fuertes debates en torno a lo ocurrido en esta fecha.

¿Nos descubrieron o nos invadieron? ¿Fue un encuentro a un encontronazo? ¿Se desapareció a una cultura y se impuso a otra? ¿Se conquistó con la cruz y la espada? ¿Se exterminó a una raza? ¿Qué méritos y qué errores cometió Cristóbal Colón al llegar al nuevo continente? ¿Es comprensible llevar al monumento Cuauhtémoc las flores depositadas en el monumento a Colón? ¿Es necesario cada año resguardar el monumento de Colón para que no sea atacado ni escenario de discursos críticos y manifestaciones de protesta? ¿Qué significa a 518 años ese descubrimiento de América?

Yo encontré la respuesta en una maravillosa película mexicana que, desde la primera vez que la vi, logró conmoverme, comprender lo complejo de ese acontecimiento histórico y advertí que desde esa fecha tengo esencia prehispánica, destellos hispanos, espíritu mestizo y alma que heredó inspiraciones españolas pero que busca desesperado sus raíces el plumaje del quetzal y el rugir del jaguar.

Filmada en 1990, Cabeza de Vaca está basada es las memorias del conquistador español Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Es considerada entre las 100 mejores películas mexicanas. Su director se llama Nicolás Echevarría (1947).

La mirada de Nicolás.

Echevarría nació en Nayarit y vivió rodeado de mujeres (madre, hermanas, abuela, tías) que crearon un ambiente propicio para empezar a identificarse con el arte. En efecto, su casa, gracias a ellas, estuvo llena de música, de pintura, de imágenes y figuras. Fue así como al tomar clases de piano, tuvo la certeza de que tenía que estudiar en el Conservatorio. Sin embargo, ese sueño lo enfrentó con su mamá, quien le aseguraba que se moriría si se dedicaba a la música. Entonces él le respondió que si no lo dejaban dedicarse a este arte, el que se iba a morir era él.

Por eso, muy joven dejó la casa materna. Logró hacer su carrera como compositor y tuvo excelentes maestros, pero en una crisis existencial dudo de su decisión y se fue a vivir a Nueva York; fue en ese lugar donde conoció a un amigo que le insistía que su destino era el cine. Fue así como entró a Milenium Film Workshop, donde aprendió el oficio básico pero también gozoso y apasionado del cine.

Sus primeros trabajos los dio a conocer en la década de los setenta, su género favorito para iniciar su carrera fue el documental. Así nació Hikuri-Tame. La cabeza del peyote venado, que aproxima al mundo mágico de la comunidad huichol. Su trabajo titulado María Sabina. Mujer espíritu, un documental que él mismo ha calificado como intimista, recibió críticas buenas y algunas muy duras, pero fue un trabajo que marcó su vida de cineasta. Fue así como realizó más documentales. De esa etapa es importante conocer la opinión de uno de los grandes especialistas mexicanos en crítica del cine: Gustavo García:

“Echevarría implanta una de las condiciones básicas (y menos atendida) del documentalista: hacer del cine el testimonio de la cultura oculta, de las voces que se pierden, las realidades aparte ignoradas por el discurso institucional; sin más instrumentos que una cámara y un micrófono, Echeverría consigna el crepúsculo de un mundo sorprendente y común, que está aquí tras lomita pero que a nadie le había importado. Echevarría echa por tierra todas las afectadas, mistificadas y degradantes actitudes del cine mexicano hacia el tema y los personajes… al devolverles su nobleza natural, como nunca, a través de su mirada, los marginados adquieren su dignidad natural; es la magia de su cine documental”.

El prestigio del joven director empezó a ser tal, que en 1987 Octavio Paz le pidió realizar un videofilme sobre su ensayo sobre Sor Juana y otra vez el trabajo es muy bien recibido. Uno de los críticos más severo del cine en México, Jorge Ayala Blanco, reconoce la calidad del cineasta.

Entonces lo invitaron a producir otros filmes sobre personajes de la historia nacional. Así produjo algunos programas de la editorial Clío, donde destacó el programa que hizo sobre la vida de Madero.

Todos estos reconocimientos, su gusto por el cine, así como su carácter siempre dispuesto a innovar y atreverse, fueron muy representativos para que se animara a hacer su primer largometraje de ficción: Cabeza de Vaca.
Ya calificado como un artista sensible y humano, principalmente dedicado a realizar documentales, esta vez sorprendió con un filme calificado por la crítica como un “verdadero poema lírico y visual sobre el encuentro de los europeos con América.”

La conquista a través de los ojos de Echevarría.

Cabeza de Vaca es una historia narrada de manera nada tradicional: no es lineal ni cronológica, presenta destellos visuales de esos conquistadores que llegan a una tierra extraña, entre temerosos y soberbios, asustados y violentos, crueles y sorprendidos. Pero al mismo tiempo presenta a quienes nacieron en ese nuevo continente, sus costumbres y su vida cotidiana sorprendentemente invadida y por eso también esos hombres de piel morena se muestran temerosos y soberbios, asustados y violentos, crueles e invadidos.

Bien se dice que Nicolás Echevarría logra de manera sublime, mostrar en cada secuencia la incomprensión imperante en el llamado encuentro de dos culturas. Por un lado, delata a esos hombres que llegaron con caballos, espadas y cruces. Hombres que después de asesinar a toda una comunidad indígena se persignaban y rezaban a su Dios misericordioso; hombres que invaden la misma tierra donde han nacido nuestros abuelos y padres, que hablan mi mismo idioma pero que me resultan ajenos, villanos, invasores, ambiciosos y perversos, pero al mismo tiempo solitarios, llenos de verdadera fe religiosa. Terriblemente humanos.

Por otro lado, descubrimos las tradiciones de la gente que habitaba en esta tierra, nuestra tierra. Seres humanos que creen en los sacrificios y en muchos dioses, que hablan un idioma que no entiendo, aunque me identifico con el color de su piel y su mirada honesta. Hombres de cánticos llenos de lamentos envueltos en humo de copal y piedras pintadas con el rojo absoluto de sangre humana.

Entonces, Cabeza de Vaca me acerca y pone distancia entre en el encuentro de esos dos mundos. Me enfrenta sensiblemente al desencuentro de esos dos mundos y me presiona para preguntarme de dónde soy y cuál es mi origen. Me angustia no entender lo que dicen quienes de seguro son mis antepasados y me siento traicionera cuando entiendo lo que dicen quienes me resultan ajenos e invasores. Este punto fue muy bien abordado por el director, los conquistadores hablan español, la comunidad conquistada habla su idioma, no lo traduce, los deja expresarse en náhuatl, sin ningún tipo de traducción.

Así yo, espectadora, descubro lo ajeno que me resultan esos ritos indígenas y lo cercana que me siento a esos rezos católicos que la madre de la madre de mi abuela le enseñó a ella, ella a mi madre, y mi mamá a mí. Palpó el dolor de un chamán que presiente la agonía de su cultura y descubro el miedo de ese español asustado que mira la manera de sanar un cuerpo con el corazón a pecho abierto.

Coincido absolutamente en que la música, imágenes, sonidos, movimientos de cámara y actuaciones” construyen un filme enigmático e inquietante que se convierte en un poema visual sobre la Conquista.

No es una película sencilla, es compleja, a veces parece densa, otras veces provocativa y audaz, pero nos acerca como nunca al lado humano de ese mundo conquistado y de ese mundo conquistador. El mismo Echevarría, que le dio una entrevista a mi querida alumna Iris Lisbeth Moreno Aldana, quien hizo su tesis  sobre este gran director, declaró su mayor orgullo al haber hecho este filme:

“Para mí es un cumplido cuando dicen que Cabeza de Vaca parece un documental, ese quiere decir que al menos las acciones son verosímiles. Lo cierto es que, como toda película de ficción, tuve que provocar todo lo que se ve en pantalla, tuve que planear exactamente todos los movimientos de la gente, lo que decía y lo que cantaba; en un documental no es así, cuando uno va a hacer un documental grabas lo que está pasando, lo que está sucediendo en ese momento. Los críticos mexicanos la trataron muy bien, hasta la fecha siguen pensado que es una de las mejores películas mexicanas de esa década…”

Conmemoremos el 12 de octubre admirando una película tan simbólica y representativa como Cabeza de Vaca,1990, del director mexicano Nicolás Echevarría.

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