Llegó a su encuentro con un enorme ramo de flores de fuego…

Regina corrió a la puerta y al ver el extraño detalle su rostro marcó inmediato desdén. Él advirtió el gesto de la chica y entró a la casa con la planta, la puso sobre la mesa de centro y explicó:

 

-Cempaxochitl servirá a tu hogar contra cólicos y parásitos, hay quien dice que hasta para la fiebre y la tos, pero lo más importante, cura de espanto-

Regina no daba crédito. Lo conoció apenas unos días atrás, parecía obsesionado con una planta, la sobrevaloraba, incluso le confirió poderes milagrosos.

La flor de los 20 pétalos lucía la frescura de sus verdes hojas, desprendía un aroma extraordinario desde la raíz hasta su cúpula naranja, el olor de la muerte, la vuelta de los ancestros.

El joven de prominente gabardina hizo señas a Regina para que partieran a su cita, no sin antes volver a enaltecer las propiedades de la planta milenaria, exigir el mejor trato y los cuidados más escrupulosos para con Cempaxochitl.

Camino al café, entre los fríos vientos de Pachyohcan, el joven contó a Regina la historia de las ánimas de un gran amor aferradas en los pétalos de Cempaxochitl

Ya sentados, con un frappe moca para ella y una limonada espumosa para él, le habló del amor apasionado entre Xóchitl y Huitzilin

 

…conforme crecía su amor encontraban más formas para hacerlo patente, como el hábito de subir hasta el punto más alto, la montaña del dios del Sol, a quien rendían homenajes florales

A media limonada, el joven se quitó la prominente gabardina, retó con su piel indefensa la velocidad de los vientos y continúo.

Explicó a Regina, quien lo escuchaba incrédula, que al llegar la guerra a sus tierras, Xóchitl y Huitzilin se separaron con la conjura de amarse por la eternidad.

Huitzilin murió en batalla, y Xóchitl embargada de dolor acudió con el corazón roto a pedir ayuda a Tonatiuh. Pidió al dios del Sol que, fiel a su promesa hecha antes que Huitzilin partiera, los uniera para siempre.

 

Conmovido, Tonatiuh extendió uno de sus brazos y la convirtió en flor. Con otro brazo tocó a Huitzilin y lo transformó en colibrí

Huitzilin se posó al centro de la flor quien se llenó de un aroma intenso y misterioso, además terminó por abrirse en 20 pétalos.

Regina seguía en la escucha ahora con rostro melancólico. Del frappe y la limonada no quedaban restos y el joven de gabardina, cansado de hablar, volvió a hacer señas a la chica para que salieran del café.

Pasearon por la ciudad ya vacía y contemplaron los cerros donde rebotaba el viento. Ella retomó su color y preguntó por las razones de regalarle cempasúchil. El caballero soltó una leve carcajada y argumentó:

 

-Las ánimas del amor de Xóchitl y Huitzilin están impregnadas en Cempaxochilt para recordar el amor más allá de la muerte, pero también de los tiempos para que estemos juntos. Yo, alma de colibrí, volveré cuando tus 20 pétalos estén abiertos-

Tomaron un taxi y después de acompañarse hasta sus sitios no volvieron a encontrarse en un tiempo, las alas del joven colibrí y los pétalos de la flor Regina apenas abrirían para rendir un merecido homenaje al amor ancestral.

 

*Basado en la leyenda prehispánica

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