La Parka llegó al Congreso

con milideas bajo el brazo,

el fuero le valió queso,

dándole a todos un lazo.

Un lazo de lechuguilla

para que al legislar se ahorcaran

los que duermen en su silla

sin que por nada votaran.

Dicen, ¡represento al pueblo!

Ganan una millonada.

Levanto el dedo y no tiemblo

aunque no vote por nada.

La muerte gritó irritada

cuando oyó tanto cinismo:

‘A estos los quiero en manada

y me los llevo ahorita mismo’.

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