La CIUDAD: masa exterior encerrada entre los límites del territorio, una superficie que todo lo contiene, que enmarca momentos entre su construcción.

EnMARCAR: acción de contener al interior de una estructura visible o imaginaria, acción poética de encontrar un adentro y un afuera.

 

LOS discursos que interiorizamos, aquellos también que se originan con la lucidez. El discurso, que se encuentra en el momento justo en que tus ojos enfocan una acción, el contacto presente con la inmediatez. Los discursos que emanan y se interiorizan. Los discursos del encuentro con la totalidad a través de un pequeño pero gran toque. Los marcos de la ciudad que nos hablan.

 

-¿Quién enmarca?-

 

A veces, en un descuido, encuentras la ventana de un auto que enmarca un discurso y en un segundo de conexión con ese encuadre, momento que te permite mirar a lo otro, sucede una pequeña enmarcación del que va adentro, del que está afuera.

Otras veces, alzas la cabeza y hay un paisaje que enmudece tus pensamientos, está detrás de una estructura de metal que está colocada justo enfrente de tus ojos para denotar esa parte del paisaje. En ocasiones también, en una distracción, observas la fragmentación del espacio a través de la arquitectura, el embellecer azaroso que los límites ocasionan, y de pronto, te das cuenta que no es otra cosa que un discurso enmarcado en la cotidianidad.

Tal vez, algunos de ustedes ya los hayan encontrado, y sepan dentro de sí mismos que la confrontación con el espacio es latente en una comunicación constante, como si todo lo que sucede con ese delimitado encuadre se enfocase, y con ello apartase la mirada generalizada, creando un plano más cerrado, un pedazo de esa fotografía intermitente que la vida aísla para que nos encuentre.

Entonces, en el transcurrir de los caminos que van ocurriendo a mi paso, voy tomándome la vida más enserio, lo digo como una verdad que se niega cuando de cosas tristes se trata, lo digo más, como una admiración hacia lo que se me manifiesta y que está en mí con inmanencia. La pregunta obstinada que sobreviene de aquellos marcos es: – ¿quién enmarca? -, la respuesta inmediata que me generó es con base en la frase de Rabindranath Tagore:

 

¿Qué es esto que me aprieta el pecho?, ¿mi alma que quiere salir a lo infinito, o el alma del mundo que quiere entrar a mi corazón?

 

Y me digo: ¿Qué es esto que percibo? ¿No es acaso el exterior que viene hasta a mí durante mi paso, o es que, hoy llevo belleza a dentro para encontrarla a fuera? Y en una especie de proximidad descubro que esos entornos puntualizan mi manera de ver la vida, y que ocurren cuando me doy cuenta al igual que Hesse, con aquella puerta que nunca vio Demian, sino hasta que utilizó sus verdaderos ojos. Recuerdo siempre dos marcos efímeros, de mi colección de ‘insignificancias causales’, denominémosles así por ahora; el primero, un marco amarillo y enorme dividiendo un paisaje cercano a Huayacocótla, Veracruz, envolviendo con sus grandes postes el panorama de una carretera, cualquiera, para el que no la conoce, primordial para los habitantes que emigran por ella.

El segundo, un marco accidental o inesperado, que se encuentra en celebración de una semana tan virtuosa como su propio horizonte: Pahuatlán, Puebla, decorado con papel, acondicionado entre las casas, creado con desconocimiento de su relevancia para una creyente de lo disque inútil, pero sobre todo una ocasión que causa profundidad.

Se que todo lo que comparto en este diálogo, ahora externo, puede no siempre encontrarse, es decir, puede reinterpretarse, incluso dudarse o negarse, pero les prometo que la sencillez de este descubrimiento en mí, torna mi estar en el mundo. Este texto, igual de inútil que el resto de las cosas simples a las que les restamos importancia, es una invitación a interpretar las imágenes en movimiento de nuestra propia vida, como aquello que en una posibilidad quiere decirnos algo, probablemente, con suerte o con intención, también estén ocasionalmente allí, para ti.

Hacer Comentario