Casi todos tenemos la habilidad de saber lavarles el coco a los demás pero hay algunos que ya hasta tienen máquina de centrifugado integrada.

Decir mentiras es fácil. Desde niños decimos algunas increíbles que incluyen dragones y extraterrestres; con los años aprendemos a dominar la técnica y mentir se vuelve tan indispensable como la tortilla en la dieta del mexicano. Para algunos, mentir es una habilidad tan bien ejecutada, que ya debería ser parte de su CV.

Sin embargo, para mentir se necesita de la contraparte: alguien que le crea.

En esa fusión entre mentiroso y crédulo hay un arte que solo los expertos pueden dominar; consiste en combinar mentiras con verdades, omisiones y una pizca de las inseguridades del receptor: el arte del coco wash.

Debo confesar que yo soy de las crédulas; quisiera decir que soy bonachona que confía en la gente pero en realidad soy de las pendejas que se cree lo que le dicen los demás. Sin embargo, este tema del coco wash vino a hacer ruido en mi cabeza hasta hace algunos meses, cuando vi que a personas muy cercanas no solo les estaban lavando el cerebro, sino más bien se los estaban exprimiendo.

Porque claro, después de que mi cabeza fue lavada, enjuagada, centrifugada y hasta planchada (por varios años), pude ver con mayor claridad cómo es que les estaban haciendo lo mismo a personas que quiero. No es necesario decir nombres ni sexo porque en realidad este tipo de situaciones son una constante en más de uno de mis allegados.

El ejemplo más claro es el amor (o las relaciones de pareja, o la coshadera, o cuando simplemente quieres dormir de cucharita de vez en cuando). Conoces a una persona y comienzan a tener sus ondas, tienen sexo, salen juntos, tienen sexo, conocen a sus amigos y familia, tienen sexo…pero no son pareja con todo el protocolo y formalidad que la sociedad (y que tus ganas y sentimientos) demanda.

Fulanito te dice que te quiere, que te ama, que adora pasar tiempo contigo pero que en esos momentos de su vida, no quiere una relación estable; que vean cómo fluyen las cosas, que no todas las parejas funcionan igual, que no hace falta el protocolo entre ustedes porque solo quiere estar contigo y no hay alguien más.|

Por supuesto, hay personas que funcionan así, hay parejas a las que les va muy bien de esa forma. Pero si tú no estás a gusto y lo aceptas, entonces te están haciendo coco wash y de los que tiene centrifugado incluido.

La cosa se complica cuando usan (y usas) tus inseguridades para ‘lavarte el coco’, porque piensas que él (o ella) tiene razón y no hace falta la relación formal si están muy felices así; piensas que es mejor eso, a tener que empezar de cero y conocer a alguien más o –peor aun- estar en soledad.

La cosa se complica si ‘Fulanito’ conoce a una persona con quien sí quiere todo el protocolo. Evidentemente primero se la (lo) va a coger pero teniendo tu velita encendida hasta que amarre el otro asunto; cuando suceda, simplemente te dirá que lo de ustedes ya no funciona y tú te quedas con el ‘coco seco’. En esos casos, ya no se puede culpar al mentiroso, sino al que pertenece al club de los pendejos.

Cabe señalar que en ese vaivén de “sí somos pero no somos” pasan un montón de cosas que (hasta en una relación formal) no deberían permitirse: desde no querer compartir tiempo juntos (además del que le invierten al sexo) hasta tirarse a alguien más. Nuevamente, la culpa es de quien tiene ‘el coco rechinando de limpio’.

Podría escribir un texto larguísimo con este tipo de ejemplos que, desafortunadamente, son situaciones propias y ajenas, podría hacer una lista interminable de las mentirosas y mentirosos que mi radar ha detectado desde hace algunos años, podría enumerar las canciones y películas peligrosas que lo único que hacen es pulir el coco wash que te están haciendo.

Podría lavarles el coco para que se amarguen como yo. Mejor aún: podría ensuciar su cabeza de tal manera que se den cuenta que aquella persona que tienen idealizada, en realidad es un simple mortal, un pobre pendejo (o pendeja), que sigue inventando historias que incluyen extraterrestres y dragones.

Sobre El Autor

Rosario Moctezuma

Reservada pero no tanto, culta pero no mucho, sensible pero a veces, chistosa pero no por gusto; comunicóloga, docente en proceso, haciendo mis pininos donde me agarre el hambre.

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