Soy un malvado porque no soy feliz.

Monstruo de Frankenstein, obra de Mary Shelley

En 1815 el volcán Tambora en Sumbawa hizo erupción y sus cenizas provocaron en el hemisferio norte un verano fresco y sin sol al año siguiente. En estas condiciones, un grupo de amigos decidió vacacionar en una villa a las orillas de un lago en Ginebra, Suiza. Estando ahí, una tormenta los mantuvo encerrados por varios días, y como hemos vivido en carne propia este año, sabemos que el encierro produce enorme aburrimiento. Así que, para pasar el tiempo organizaron un concurso de relatos de terror. En esas condiciones, una joven Mary Shelley creó la historia de Frankenstein.

En esta historia, el doctor Victor Frankenstein, un científico suizo es atormentado por las consecuencias de haber creado un ser vivo, un “monstruo”, hecho de partes de diferentes cuerpos. La criatura es abandonada por Frankenstein a su suerte y aprende a hablar viviendo escondida en la casa de una familia en el campo; cuando la descrubren, la corren al grito de: ¡MONSTRUO!. La criatura entonces se obsesiona con conseguir una acompañante, por lo que presiona a Victor a crearle una pareja.

La historia de Frankenstein tiene 200 años, pero como buena obra de arte, es atemporal en sus lecturas e interpretaciones. Una de las que más me llamó la atención es la de la creación de los monstruos. Basta ver las noticias para saber que los monstruos existen, ¿a qué se debe? ¿nacen o se hacen? El monstruo contemporáneo por excelencia, y que ha adquirido en muchos casos un aura mitificante es el del asesino serial, así que veamos cómo crear estos modernos “monstruos”.

La idea de estudiar a los asesinos es más antigua que el término “asesino serial”, el cual se lo debemos a Robert Ressler en los años 70. Así que, alejándonos de los intentos pre científicos por entender a los asesinos,quizá el primer intento importante fue el del Dr. Cesare Lombroso, padre de la criminología moderna, que en la década de 1870 se dedicó a estudiar a los delincuentes de las prisiones. Con su trabajo identificó algunas señas físicas comunes en los delincuentes y con ello creyó poder detectar asesinos potenciales basado únicamente en su fisionomía. Desde luego, estaba equivocado.

El método fue erróneo pero el objetivo seguía siendo el mismo: encontrar qué tienen de diferente estas personas. Por lo que prácticamente un siglo después, en Estados Unidos, una pequeña unidad comenzó a indagar entrevistando a asesinos seriales, encontrando similitudes en el complicado ambiente social o infancias difíciles de los asesinos. Como dato curioso, esta unidad y su trabajo son el centro de la serie Mindhunter, de Netflix.

Dejando el comercial de lado, durante los años 80 las nuevas máquinas y técnicas de resonancia magnética permitieron ver el cerebro y su funcionamiento como nunca se había logrado, dando a los investigadores más armas en su búsqueda, por lo que el estudio del cerebro de asesinos continuó. Lo que se descubrió es que los asesinos tenían actividad más reducida de lo normal en el área del cerebro que controla los impulsos emocionales y una actividad mayor en la parte que genera las emociones, es decir, son más proclives a la ira y el enojo y, a la vez, menos capaces de controlarse.

Con estas conclusiones el siguiente paso fue buscar por qué tenían esta diferencia en sus cerebros. Y la respuesta llegó años después, con el descubrimiento del gen del guerrero.

En los Países Bajos se investigó una familia en la que todos los hombres tenían un historial violento y a quienes se les descubrió que les faltaba el mismo gen. Dicho gen produce una enzima que regula los niveles de neurotransmisores encargados del control de impulsos. A la ausencia o baja actividad de ese gen se le conoce como gen del guerrero. Cosa sorprendente: el 30% de los hombres lo tiene. ¿Quiere decir que el 30% de los hombres somos potenciales asesinos? Bueno, veamos.

Buscando esta respuesta y debido a que descubrió que en su árbol genealógico tenía una cantidad importante de asesinos, el investigador Jim Fallon, de la Universidad de California realizó un estudio genético de sí mismo, identificando tener no solo el gen del guerrero, sino otra serie de genes asociados a la conducta violenta, pero él es un respetado académico, por lo que la parte genética no es el único ingrediente en la creación de monstruos, falta algo. Los estudios parecen indicar que la respuesta está en la infancia. Una buena crianza puede proteger de una herencia genéticamente enfocada a la violencia y una mala crianza puede detonarla.

Parece que una tendencia genética a la violencia y maltrato infantil son los ingredientes más importantes si queremos crear un asesino.

Por lo que la respuesta a la pregunta de cómo se crean los monstruos es una combinación: nacen y se hacen. Así como la criatura de Frankenstein era un ser noble, interesado en los demás y pasó a convertirse en un monstruo sediento de venganza y sangre detonado por los malos tratos de la gente y de su propio creador. 

Sobre El Autor

Abraham Peralta

Psicólogo con especialidad en Plantas vs. Zombies

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