No le temo a la muerte. He estado muerto durante miles de millones de años antes de nacer y no he sufrido el menor inconveniente por ello.

Mark Twain

La muerte es el cese de las funciones biológicas, cuando el cerebro y el corazón dejan de funcionar. El misterio máximo, saber qué sucede en ese momento, ¿será como irse a dormir sin despertar jamás o llegaremos a un Edén donde podremos descansar el resto de la eternidad? BUENO, nadie podría decirlo y tampoco me parece tan interesante, lo interesante sucede con los que nos quedamos. Porque ese alguien se va y ya, aquí se queda el dolor, el vacío, la nostalgia y la tristeza.

La festividad del día de los muertos es considerada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y no necesita presentación. Ante el mundo y nosotros mismos, como mexicanos, representa esa imagen de que el mexicano celebra la muerte, la burla y la trata como a una amiga.

El día que perdí a mi abuelita me pregunté por qué, este no será un sesudo análisis, más bien una pequeña reflexión que nació aquel día.

La verdad es que las clases de sociología y de tanatología te pueden explicar el porqué de los rezos, el porqué del luto, cómo es que por miles de años los seres humanos lloran a sus muertos y les realizan ceremonias; pero en mi ignorancia y mi arrogancia seguía pensando que era estúpido todo eso, que nadie realmente podía creer que los muertos vivían en otro plano de existencia viviendo felices por haberse portado bien en vida. Fue hasta que vi a una de las personas más importantes de mi vida sufrir la muerte de su mamá que entendí muchas cosas.

Hasta ese entonces no había sido plenamente consciente de lo que implica una muerte, el hecho de que una persona a quien ves muy seguido, con quien hablas, ríes, a quien sientes… de pronto ya no existe más; esa chispa que es la vida ha abandonado su cuerpo, que ahora no es más que un triste recuerdo de lo que algún día fue.

Allí vi a personas llorar, patalear y gritar por que esa muerte fuera mentira. Y también vi personas calmarse con las palabras de aliento de otra persona que realmente entiende ese dolor, te dicen que “está en un lugar mejor”, que “ahora te cuidará desde el cielo” entre otras frases que parecen clichés pero que se convierten en bálsamos para la persona que sufre. Fue en esa y sucesivas muertes cercanas cuando me di cuenta del valor que tiene la religión como herramienta de paz y tranquilidad para quienes la profesan. Es un poderoso bastón que mantiene de pie a quien necesita un apoyo intangible e interno, de ese que es difícil dar y recibir. Una esperanza de paz y tranquilidad cuando es más difícil obtenerlos.

Es ahí donde entran los ritos, que son un recurso para la aceptación y atenuación del dolor, en busca de la preservación del equilibrio del individuo que se queda. Estos ritos acompañan y ayudan a superar el proceso de negación e ira, inherentes a cualquier duelo. Esta claro que éstos, mas que para la persona que murió, es para quienes se quedaron. Y así es como el ser humano, en este caso el mexicano, supera la pérdida o por lo menos establece las bases para un proceso de duelo sano.

Pero el mexicano va más allá, no le basta ese proceso: el mexicano entiende que la verdadera muerte es el olvido, de ahí viene el día de muertos como una negación simbólica de la muerte. Es claro que la muerte representa tal dolor y tal trauma que se le trata de buscar explicación de encontrarle sentido, las personas no pueden simplemente desaparecer, es imposible que tanto dolor sea en vano. Por eso a la muerte se le pinta, se le ponen apodos como si fuera una amiga, se le llena de sentido, pues al hacerlo se contribuye a temerle menos. Es más fácil dejar ir a alguien si crees que volverás a verlo o que no se ha ido del todo.

La muerte une, nos recuerda lo frágiles que somos y lo fugaz de la vida, las preocupaciones, dolores y penas que llenan nuestros pequeños y frágiles cuerpos se volverán polvo con nosotros y detrás solo dejaremos recuerdos… al pensar en quien nos ha dejado solo queda la memoria de aquella noche en Morelia cenando tacos en año nuevo, las cientos de veces que al llegar la ves en su cocina preparando algo delicioso, los miles de abrazos que le diste porque sabías que no era inmortal, las cientos de veces que le dijiste que se veía más joven, que ella iba a enterrar a todos y la sonrisa bondadosa cuando te regalaba ropa o cuando decía “dios te bendiga, mijo”… y no es fácil, esos recuerdos no es lo mismo que tener a la persona, no es fácil…

La realidad es que no existe forma de saber qué pasa después, quizá nos esperan allá nuestros seres queridos, quizá no. La muerte nos alcanzará eventualmente, o nosotros a ella, no hay prisa, por lo menos de mi parte. Y si un significado he de encontrarle a la muerte, será el de apoyo para encontrarle significado a la vida, a sus pequeños momentos y a las personas que tenemos, porque de un día para otro se pueden ir.

Para mi abuelita…

Sobre El Autor

Abraham Peralta

Psicólogo con especialidad en Plantas vs. Zombies

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