De la vida al teatro y del teatro al cine; no es otra película sobre la diversidad sexual o la tolerancia o los derechos de las minorías. Chicos y Guillermo, ¡a comer! (Francia-Bélgica, 2013) tampoco quiere la reflexión o retracción del pensamiento colectivo. Es la película autobiográfica de Guillaume Gallienne, quien se comparte al mundo y regala un mensaje de amor a su madre con quien caminó de la mano por la vida en un proceso de sorpresas y revelaciones.

Hay muchas maneras de redactar la biografía propia. Hacerlo no sólo incumbe a la buena memoria o la revisión de los álbumes familiares. Gallienne, por ejemplo, requirió de un ejercicio más profundo y peligroso, optó por analizar sus raíces a partir de la duda, planteó preguntas complejas y buscó explicaciones a los acontecimientos que lo marcaron, que lo llevaron a constituirse en el Guillermo enamorado.

Al cabo de esta búsqueda que incluso semeja al método científico por los esfuerzos para hallar verdades, consolidó el documento autobiográfico en una comedia cómica para teatro convertida por la inercia en proyecto cinematográfico.

En esta historia el protagonista y autor parece reírse de sí, también invita a reírnos con él, de él. Es probable que la comedia sea la respuesta natural al vistazo que uno da cuando mira hacia atrás, cuando uno no se explica cómo esos momentos hoy graciosos y hasta vergonzosos significaron encrucijadas y tragedias exorbitantes.

Mamá define la historia de Guillermo. Tanto lo amó que a imagen y semejanza suya lo crío. En las motivaciones conscientes para con el hijo amado, los miedos del inconsciente influyen en el resultado. El pequeño es tan parecido a mamá que la familia no sabe qué etiqueta asignarle. Hay una urgencia por denominarlo pero más puede el temor, de modo que es más fácil evadir lo dado, de modo que es más fácil llamar Chicos y Guillermo, ¡a comer!.

Dicen que lo que se ve no se pregunta, ¿cómo entender lo que se ve? Nadie pregunta lo que ve en Guillermo, en el imaginario familiar, aunque no hay consentimientos ni complicidades, todos asumen la feminidad del chico. Él hizo lo mismo al grado que cuando el amor toca su corazón no es capaz de reconocerse en la presunta homosexualidad. ‘¿Por qué gay? Soy una mujer que se siente atraída por un hombre’.

Inmerso en un problema de identidad, accede a las medidas cautelares de un padre por su hijo. No importa a dónde vaya, el internado para varones, las terapias psicológicas o el pueblo más feo de la península ibérica. Mamá siempre estará en su mente, en la resistencia de no borrar los lazos, los reflejos.

Quién mejor que el propio Guillaume Gallienne para interpretar una película sobre su vida. Y en un acto monopólico se adjudica también la interpretación de mamá, pues recordemos, Guillermo es tan parecida a ella que a veces es difícil saber quién es quién. Mamá es mamá, pero también es la voz del interior, la esencia, lo que Guillermo quiere ser.

Todo sería tan fácil si la denominación de género que Guillermo eligió le funcionara en todos los escenarios de su andar. Pero en el momento de probarse como una mujer que hace el amor con un hombre las cosas no salen como espera. Sobre la marcha irregular del tiempo y del espacio, Galliennne vuelve aprender del amor, el amor por una mujer que no es mamá.

¿Guillermo es lesbiana? ¿Guillermo es bisexual? O se trata de un chico señalado y acostumbrado por todos a la feminidad de facto, un hombre en el proceso de asumir su heterosexualidad en libertad y autonomía.

De la vida al teatro y del teatro al cine; esta no es otra película sobre la diversidad sexual.

La invitación a degustar de esta entrañable cinta, llena de risas y ausente de reproches. Sólo una historia como cualquiera, sólo la comparecencia de un ejercicio autobiográfico. 

Vea Chicos y Guillermo, ¡a comer!. Francia-Bélgica. 2013

SILENTE | @AlejandroGASA | alejandro.gasa@gmail.com

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