Caminaba por la calle cuando de pronto sentí como si mi corazón estuviese a punto de explotar en miles de micropedazos. Fue entonces cuando pensé en ti y lo que harías si en este momento encontraras por el suelo regado extrañas partículas coloridas, seguro creerías que acaba de romperse un cascarón de confeti delante de mí, aunque no imaginarías cómo eso saldría disparado de mi pecho, seguro te causaría bastante gracia pues buen sentido del humor de verdad tienes.

Por alguna extraña costumbre tuya comenzarías a recoger los pedazos como si aún sirviesen de algo para alguien, como si pudieses juntarlos en un cascarón nuevo, porque eso sí sabes muy bien, que un cascaron roto no sirve de nada juntar. Entonces te darías cuenta que no va a ser fácil despegarlos del suelo a no ser que traigas contigo una aspiradora.

Y la trae, nunca sale sin ella no sé por qué, y comienza a succionar con ávido interés y complacencia cada desecho de mi corazón, hasta aquellas partes que no sabría decir si también salieron de mí o no: ya no tienen ni forma ni color, pero insiste e insiste.

Intento detenerla, convencerla de lo inútil que resulta su esfuerzo pues no importa si consigue su capricho o no, un corazón de confeti es un corazón de confeti y lo único que cambiaría sería el cascarón que ella rompió.

Supongo que ahora sé porque no sale sin una aspiradora.

Sobre El Autor

"He inventado en esta forma millares de historias; he llenado innumerables libretas con frases para ser utilizadas cuando hubiera encontrado la historia que desearía escribir, la historia en la que habían de quedar grabadas todas mis frases. Pero jamás he encontrado una adecuada, de modo que comienzo a preguntarme si, después de todo, las historias existen". -Las olas. Virginia Woolf

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