¿Por qué, en general, se rehúye la soledad? Porque son muy pocos los que encuentran compañía consigo mismos
-Carlo Dossi-

La pandemia por la que atraviesa nuestro país es un fenómeno que no pensé me fuera a tocar vivir, dado que las epidemias en el mundo tardan decenas de años en aparecer, es toda una experiencia atravesar esta circunstancia o más bien que esta circunstancia nos atraviese a todos en muchos sentidos.

Llevo ya más de un mes en casa, con una hija pequeña que es un remolino quien, en el mejor de los casos, baila a su paso por la habitaciones y que en otras circunstancias es una pequeña fierecilla enjaulada, que me pide oler el aire de la calle. Ella tiene una cardiopatía por la cual no puede salir, ya que con esa condición se encuentra en los grupos de riesgo más expuestos a contraer el virus, por lo que las medidas has sido extremas, debemos permanecer en casa.

Estoy trabajando a distancia, lo cual ha implicado otra forma de organización para mi equipo de trabajo y para mí, ya que la función sustancial es estar en contacto con las personas, la interacción es sumamente importante para conformar los grupos que toman capacitación, las visitas a dependencias de todo orden para vincularse y proponer nuevos formatos de actualización profesional, en fin… siempre estamos en contacto con grupos de personas, orientándolas, estableciendo redes de colaboración y nuevas estrategias, pero ahora hay que inventarse otras formas de contacto.

Salí, uno de estos días, por provisiones al mercado y al supermercado, así como a los bancos, a tratar de hacer algunos pagos, sin éxito por cierto, pero sobre todo para caminar, fundamentalmente soy un peatón; he asumido así mi transitar desde hace muchos años, estos días en casa han sido un regalo y un reto… todo en su conjunto, ambivalente sentimiento me atrapa.

Ver las calles de mi ciudad, silenciosas, solas y con negocios y cortinas cerradas, ver una calle como Revolución vacía, con apenas algunos autos y personas igual de desorientados que yo, me hace pensar en que ha sido asimilado el mensaje de gobierno federal: “¡Quédate en casa!”. La sola idea de que un virus pueda dañarnos, algo que no vemos por lo minúsculo de su tamaño pero que puede significar la muerte para las personas que queremos.

Al día de hoy se han declarado 136 casos de coronavirus en el estado de Hidalgo y 34 fallecimientos mientras a nivel nacional hay casi 7 mil contagios y mil 972 decesos. Las autoridades dicen que estos días serán cruciales para ver si las medidas de aislamiento han funcionado según lo previsto.

Puede ver que las personas que permanecen en la calle lo hacen trabajando, son: personal de apoyo de los establecimientos comerciales que viven de  propinas, taxistas, personal de algunos restaurantes, vigilantes, personal de instituciones bancarias… y todas las medidas de prevención de forma recurrente. Creo que hay conciencia de la magnitud del problema y claro, ayuda que los centros recreativos estén cerrados.

Permanecer en casa es una oportunidad para reconocernos, para entablar un diálogo con nosotros mismos, para complacernos y ponernos retos, sí, retos distintos a los habituales. El confinamiento es la obligatoriedad a permanecer en un lugar físico, pero no restringe nuestra mente, nuestros afectos dispersos por el mundo no se acaban… por el contrario, se fortalecen.

He hablado más con mis amigos y familiares que no veo con regularidad que en otros momentos de la vida, saber que están bien, que también luchan contra la idea del aislamiento y que afrontan sus propios miedos, y descubrir habilidades que creían perdidas, es la oportunidad de permanecer en silencio para escuchar el eco de la vida y replantearse, amar y crear.

Hacer Comentario