Los zombies me asustan más que cualquier otra criatura ficticia… actúan como un virus, y esto es la base de mi terror… Un virus solo continúa expandiéndose, infectando y consumiendo, no importa lo que pase.  

Max Brooks

Aunque se desconoce el origen exacto, un joven de un poblado en China es identificado como el paciente cero. El gobierno de aquel país comenzó a tomar medidas para encubrir la enfermedad pensando que podría controlarla, pero eventualmente la plaga se extendió por Asia y Europa debido al desplazamiento de refugiados, el tráfico aéreo y el mercado negro de órganos. En un principio, las naciones afectadas pudieron ocultar los primeros casos hasta que un brote grande se desató en Sudáfrica y la noticia se supo: una nueva enfermedad había nacido.

La enfermedad se propagó rápidamente y los sistemas sanitarios del mundo no se dieron abasto, terminaron colapsando y dejando a las personas a su suerte. En medio de ese creciente terror, se liberó una vacuna; se vendía a precios desorbitados pero que calmó un poco a la gente. Eventualmente se descubrió que la vacuna era un placebo y no tenía un efecto real sobre el virus. El pánico se apoderó del planeta.

La creencia de que el virus no sobrevivía al calor provocó que muchas personas se movilizaran a tierras cálidas, donde se cree que millones murieron de inanición e incluso se recurrió al canibalismo.

Los gobiernos hicieron lo que pudieron y sus medidas se endurecieron a la par que la infección. Algunas medidas surtieron efecto, por ejemplo, la creación de santuarios para personas sanas o directamente la reubicación de la población, como hizo Japón, enviando a todas las personas no infectadas al archipiélago de Kamchatka…

Lo anterior no es una predicción ni nada por el estilo. Es un poco la cronología (algo adaptada por mí para este caso) que sigue la novela “Guerra Mundial Z” de Max Brooks. En ella se va desenmarañando la historia de la guerra contra los zombies a través de múltiples entrevistas a sobrevivientes, durante la posterior reconstrucción del mundo. 

Esta es una obra que me gusta, mas que por su historia, por su forma de contarla a través de múltiples puntos de vista y por su análisis de las medidas que tomarían diferentes países según sus creencias, condiciones y contexto; así como la reacción humana ante una situación extrema como esa. Una situación ficticia que desafortunadamente ha comenzado a tener paralelismos con la situación actual: una desafortunada pandemia que nos está llevando a tomar medidas de las que nunca antes habíamos tenido necesidad, por lo menos en la historia moderna.

No tenemos mucha experiencia en situaciones de este estilo, al menos no a una escala tan grande, pero no significa que no se pueda hacer nada. Los chinos y europeos ya nos han enseñado qué se debe hacer y qué no. No hay que subestimar la amenaza pero tampoco hay que entrar en pánico. Lo importante ahora es la prevención para evitar el contagio y disminuir la dispersión del virus.

Seamos responsables de nuestra salud y de la de nuestros conocidos. No seamos egoistas y pensemos que por edad estamos salvados, no hay que olvidar que podemos ser transmisores. Hay que evitar difundir información falsa, remedios mágicos, profecías ni alarmismos. No seamos idiotas, por favor.

Un poco de calma, evitar compras de pánico, seguir indicaciones oficiales, aumentar precauciones y aprovechar este punto de inflexión para algo positivo.

PD. El papel de baño no cura el coronavirus.


Sobre El Autor

Abraham Peralta

Psicólogo con especialidad en Plantas vs. Zombies

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