Baudelaire, una de las múltiples personalidades torturadas de la historia, azotado por la vida, crea y perfecciona un poemario cargado de resentimiento. Para el auge del romanticismo en las letras, sus versos podrían verse como una plaga que amenazaba con acabar las cosechas de los versos tradicionales. Cada poema del autor francés está hecha con una métrica clásica y obedece el uso de rimas consonantes, alternas y demás. Pero los versos no hablan de los vastos jardines que resplandecen de belleza, tampoco del esplendor femenino y mucho menos del amor. Las letras de Baudelaire son cantos a Satán, a Caín, a don juanes descendiendo a los infiernos, a la muerte, la lujuria, insinuaciones prohibidas de Safo y la isla de Lesbos, cadáveres, pestes, vampiros, perdiciones del alcohol y el placer, entre otros asuntos. Deja claro que su académica versificación es parte de un levantamiento contra la academia misma. Es entonces que Las flores del mal provocaron algo en la expectación del siglo XlX en Francia. El poemario atacaba principalmente a la Iglesia católica, a la burguesía y a toda la doble moral que se volvía cotidiana en la sociedad, incluso en algunos poemas como El cisne o Los siete viejos, (los cuáles dedica a Víctor Hugo), hace una crítica al urbanismo de París, viéndolo como una estructura decadente, mientras que aparenta ser hermosa. El ladrillo que Baudelaire arrojó para quebrar los vitrales del clero y la burguesía por supuesto que iba a provocar una reacción no satisfactoria por parte de estos, entonces, para el momento, Las flores del mal queda como un escrito apócrifo, prohibido y siniestro.

Sin embargo, aún se pone en duda si Charles Baudelaire merezca con esta obra un lugar en el trono de los llamados poetas malditos. Pese a que sus temas tratan de muerte, desolación, ultratumba y males de la humanidad, no son suficientes para catalogarlo en este movimiento. En realidad, el asunto de los poetas malditos es que ellos le dieron fin al romanticismo para entrar en la etapa del simbolismo en Francia. Por su poética más áspera y menos sentimental, al mismo tiempo su quebrantamiento a las leyes de la rítmica, los simbolistas destruyen lo ortodoxo lírico, para abrir paso al modernismo y a las vanguardias. A Rimbaud, Verlaine, Corbiére, entre otros, se les denominó como los malditos por la necesidad de clasificarlo todo. El término de versos malditos se le adjudicaba a todo poeta oscuro y vanguardista que se cruzara por el camino de las academias. Autores como Edgar Allan Poe o hasta TS Eliot por algunos poemarios como La tierra baldía, se les quiso catalogar erróneamente dentro del grupo. Es posible que, entre esa necedad, se incluyera a Baudelaire. Pero el asunto con él es que aun siendo un poeta oscuro, con versos que atacan el amor y la religión, no deja de ser un romántico. Baudelaire es como si de entre los pasteles empalagosos de una repostería apareciera uno hecho de puro chocolate amargo. Es similar a apreciar una pintura de Gericault o de Caspar David Frederich: son intensos, melancólicos, oscuros y con un sabor a desolación, pero no dejan de ser románticos, por el exceso de sentimentalismo. Lo mismo pasa con Las flores del mal. Es una carga emotiva, sólo que dirigida hacia la desgracia y no a la hermosura de la vida, además de que, reitero, Baudelaire le guardó más respeto a las reglas de la rítmica y la estructuración, lo que otros autores como Rimbaud, y demás mencionados, dejaron de hacer. Aun con todo, leer Las flores del mal es recomendable para quien quiera entender el inicio de una visión diferente a lo empalagoso que resultaban ser los poetas clásicos. Por lo que, maldito o no, este autor francés sí logra hacer algo diferente y es tan notoria su discrepancia que al menos logró causar molestia a la burguesía y tener admiradores; hasta la fecha, todo amante de lo oscuro es parte de su séquito.

En la recomendación musical presentamos a una soprano un tanto menospreciada por las academias y tachada de ser únicamente intérprete comercial: se trata de Sarah Brightman. Sin embargo, no se debe subestimar a esta cantante, ya que en el fondo ella ha rebelado ciertos ángulos de oscuridad que resultan interesantes. Por ejemplo, no se puede ignorar su participación en Repo! The genetic opera, una película musical bastante extraña que trata de epidemias y necromancia. Sarah Brightman tiene un disco en especial que muestra el lado oscuro que ella probablemente guarda y le gustaría exhibir más. El disco se titula Symhpony y en la portada la cantante se muestra con un atuendo gótico que la pinta muy bien. Dentro del álbum hay una canción, de las pocas de su autoría, llamada Las flores del mal, Fleurs du mal. Con ese track, más su participación en Repo!, ella delata que podría haber sido una Tarja Turunen, una Sharon den Adel o una Amy Lee, dedicada al puro rock gótico operístico o Doom Hard rock.

 

 

¿Cuál, Lesbos, de los dioses, osará ser tu juez
y condenar tu frente que arrugaron las penas,
si sus áureas balanzas no han pesado el diluvio
de llanto que a los mares tus arroyos vertieron?
¿Cuál, Lesbos, de los dioses, osará ser tu juez?
¿Qué quieren de nosotros leyes justas o injustas?
Honor del archipiélago, vírgenes de alma noble,
como no importa cuál, es regio vuestro culto,
¡y se reirá el amor del Cielo y del Infierno!
¿Qué quieren de nosotros leyes justas o injustas?

Fragmento de: Lesbos, Charles Baudelaire

 

Sobre El Autor

León Cuevas

El responsable y dueño de Sinestésica es el dibujante hidalguense León Cuevas. Reside en Ciudad de México y es egresado de la Escuela de Escritores de la SOGEM. Publicó varios cuentos en diarios digitales, así como uno impreso en la antología Encuentro de escritores hidalguenses del Centro de Arte y Filosofía. Publica también en Sayyeah.tv, sobre cine, espectáculos y libros. Tuvo diversas exposiciones individuales y participó en varias colectivas, tanto en Pachuca como en Ciudad de México. Es autor de la obra teatral “Las seis muertes de Ofelia”.

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