Naces, creces, te reproduces y mueres.

En la escuela te lo explican hasta el cansancio y te encargan las tareas más inverosímiles con tu línea del tiempo personal. Entonces echas a volar tu imaginación y pegas tus fotografías en orden cronológico: “mi primer día de escuela”, “cuando se cayó mi primer diente”, “aquí mi mamá me pellizcó para que llorara en la foto de mis caritas”.

Te emocionas y tu mente va más allá. Imprimes un montón de fotos tuyas, con tu rostro actual y las colocas en el cuerpo de una astronauta, a lado de Orlando Bloom con un perro, una casa enorme y 3 hermosas criaturas cinceladas por los ángeles.

Con el tiempo aterrizas tus ideas y el fotomontaje ya no es con una astronauta, sino con tu profesión; cambias la cara de Orlando Bloom por la de tu pareja actual, en una casa grande, las 3 bendiciones (con sus genes y los tuyos) y los 2 caninos. Dependiendo de tu estabilidad sentimental, proyectando más al futuro, colocas la imagen de 2 ancianos tomados de la mano, sentados en el pórtico.

Recuerdo haber realizado este tipo de proyectos escolares por lo menos en 5 ocasiones durante toda mi etapa estudiantil; evidentemente hay poco parecido con lo plasmado en la primaria pero tampoco se asemeja a lo pronosticado en los años universitarios.

Mucho tiene qué ver con mi capacidad de valer madres en absolutamente todo pero también tiene qué ver con que crecí. Sí, crecí.

Gracias a los recuerdos de Facebook, veo constantemente mi ‘yo’ de hace algunos años: universitaria que dedicaba la mitad de la semana a las tareas y la otra mitad a estar un poco ebria con las amigas y los galanes; después fui una recién titulada con empleo, que pasaba la mitad de la semana encerrada en la recámara con su pareja y la otra mitad a estar un poco ebria con los amigos.

Entonces me entra la nostalgia (de esa bonita, que no duele) y veo cómo cambié: cómo las cosas que quería hace 10 años no son las mismas que quería hace 5 o hace 3 y posiblemente las que quiero ahora no se parezcan en absoluto a las que querré en unos años más.

Y entre todos esos cambios, es mejor concentrarse en el presente. Por el momento me dedico a no enloquecer con la maternidad ni a volver loca a mi hija; a trabajar un rato, aunque sea de Godínez o calificando tareas en la madrugada; a pagar cuentas, a entenderle al SAT, a lidiar con el Infonavit, a programar revisiones médicas de vez en vez; a recorrer varios supermercados, comparar precios y regresar a comprar a aquél que se ajustó a mi presupuesto.

Disfruto de reunirme con las y los amigos cuando empatamos horarios; de salir con los galanes por lo menos una vez a la semana; de observar cómo mi mamá pinta, de empalagar a mi sobrino con besos, de cantar con Victoria y de leerle un cuento antes de dormir.

Disfruto de la temporada de lluvia porque se desprende el olor a tierra mojada y aparecen los caracoles que se estiran como gimnastas olímpicos, porque se maneja más despacio en carretera y puedes ver los cambios de la ciudad, porque es un buen pretexto para visitar el bosque, porque los besos saben mejor después de un buen chocolate caliente.

También disfruto de los momentos de soledad, de esos en los que solo escuchas a tus pensamientos; de llorar de vez en cuando para liberar las emociones, en la ducha o cuando manejo de regreso a casa; de escribir y corregir ortografía ajena, como si me pagaran por hacerlo; de sentarme sola en algún parque o cafetería para leer un libro; de ver películas o series cuando logro apoderarme del control del televisor.

Mi fotomontaje ha cambiado un poco: ahora en el fondo se observa una casa chiquita, de interés social, pero mía; una abuelita solidaria que es compañera de aventuras, mía y de mi hermosa criatura cincelada por los ángeles; continúan los 2 maravillosos caninos y la foto de Orlando Bloom tomado de mi mano, eso no cambia.

El proyecto escolar, la línea del tiempo, se ha ido modificando con el paso del tiempo, retratando fielmente los primeros pasos y la continuidad de los que poco a poco dejamos atrás.

No obstante crecemos (pa’ los lados o a lo pendejo) y nos encontramos en constante cambio; así que mejor hoy luchemos por lo que queremos y disfrutamos, ya mañana el destino dirá.

Sobre El Autor

Rosario Moctezuma

Reservada pero no tanto, culta pero no mucho, sensible pero a veces, chistosa pero no por gusto; comunicóloga, docente en proceso, haciendo mis pininos donde me agarre el hambre.

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