No hay crisis. ¿Cuál crisis? Si todo está en la mente, es decir, la mente nos ha sumergido en una jugarreta maquiavélica que muestra una fotografía equivocada de nuestro país, nuestro gobierno y nuestra sociedad.

Los pesimistas lo lograron, consiguieron contagiar al mundo entero con su mal agüero, colocaron sobre México y sobre nuestro querido presidente la sospecha de que algo no anda bien. Como en el cuento de García Márquez Algo muy grave va a pasar en este pueblo en el cual el mal presentimiento de una mujer mayor histeriza a la comunidad hasta lograr que le prendan fuego a sus chozas y salgan huyendo despavoridos todo con tal de no ser víctimas del mal presentimiento que a bien no explica la anciana pero que logró su cometido, generar miedo e incertidumbre en la población.

Se ha cernido sobre el territorio mexicano una nube negra que nubla su destino, los mexicanos apesadumbrados hemos pasado del enojo a la tristeza, del desconcierto a la movilización, y protesta pacífica, ha caído una y otra vez la vorágine del tercermundismo y la impotencia de no saber dónde están los desaparecidos y la crueldad que implica no saberlos muertos o vivos, la peor tortura es la incertidumbre.

Por la mañana bebemos café con sabor a corrupción que emana de la política, la gobernanza, la reingeniería y cuanta palabra nueva se utilice para hacer ver que todo hasta ahora estaba mal y vamos a improvisar mientras aprendemos que el erario público da para eso y mil casas blancas; en la comida se degusta la ira y el enojo de quien sabe de cierto que las cosas no van a mejorar si la clase política no mejora y para la cena no alcanza, hay que ir a dormir con el estómago vacío y las ganas secas.

Esa imagen nos da la fotografía que mencioné antes, un México hecho trizas y sostenido por cartas de naipes, apenas se balancea para no caer al abismo, ese México lo vemos todos, lo palpamos todos y ahora vienen a decirnos que hasta lo que creemos es incorrecto, hasta lo que constatamos día a día en las calles o en carne propia si hemos sufrido violencia. Todo es una equivocación sensorial, nos han traicionado los sentidos.

Querido presidente, ahora resulta que además de verle la cara al pueblo se le dice que ha sido todo producto de su imaginación cuando a todas luces hay una crisis severa en el país y en su persona. La crisis está en usted señor Enrique.

 

De la noche a la mañana, los mexicanos han dejado de tener el presidente fuerte que recuerdan. Tendrán, en las leyes y en la realidad, una presidencia bastante débil

Giovanni Sartori

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