Algunas veces nuestros cuerpos toman decisiones extrañas. En efecto, se empeñan en tener un talón de Aquiles aunque intentemos ser fuertes y no cometer errores en la vida. Otra veces toman la forma de la Luna llena sin aviso alguno y unas más se alinean con las estrellas y brillan como nuestra sonrisa más amorosa. Pero algunas decisiones pueden dolernos, sobre todo cuando ese cuerpo no tiene posibilidades de dar asilo a un sueño, a una ilusión, a una personita muy deseada.

Sin embargo, la vida es tan generosa, el amor es tan inmenso y el deseo tan intenso, que este cuerpo logra parir a puro latido necio, cariñoso e ilusionado. Cualquier mujer, cualquier hombre, pueden dar a luz con la luz de su corazón.

Por eso todo es diferente y complicado, lento y angustioso, gozoso y posible. Pueden ser más de nueve meses lo que se debe esperar.

Se deben hacer trámites tan desgastantes como cuando tienes mareos y vómitos, como cuando tus pies están hinchados o cuando el insomnio te hace adivinar tu futuro mientras crees tener una bola mágica entre las manos.

Pero igual te la pasas entre adivinanzas con ilusión, si sus ojos serán miel o cielo, si hará berrinches o será un alma en calma total, si te dejará dormir o pasarás noches en vela… Las ilusiones rodean siempre a quien anhele tener un hijo, una hija, una personita para amar, formar, sorprenderse, compartir la vida.

Pero ese cuerpo a veces decide que la maternidad y la paternidad tendrán otra manera de crecer, de fortalecerse, de surgir, sin perder los miedos ni las ilusiones, sin dejar de dudar pero tampoco de esperar. El proceso solamente será diferente, pero igual de intenso. En vez de contracciones hay trámites, en lugar de controlar la respiración es necesario alentar la paciencia, pero te abres igual a la vida, le cedes el paso, un llanto te consuela, un suspiro te reconcilia con la vida. Pero la espera vale la pena, el hijo deseado o la hija deseada, siempre llegan.

Es así como este libro resulta imprescindible para comprender que un hijo deseado siempre será un niño amado. Que una hija deseada siempre será una niña amada. Basta tomar la decisión y buscar, avanzar, luchar, caer y levantarse y volverse a levantar, tener miedo y enfrentar, dudar y tener la certeza de nuestro lado, quererse bien y mostrar con seguridad cada buen sentimiento, enorgullecerse de cada logro para compartirlo, mostrar el corazón, listo para parir.

Por eso, le agradezco a Aurora González Celis su generosidad al reunir voces y testimonios, historias que nos llegan al alma, nombres que ya no se olvidarán, casos que conmueven, familias que se ganan nuestro cariño y respeto. Hombres y mujeres que logran parir pese a los caprichos de su cuerpo. Niños y niñas que se sienten bendecidos cuando desde el primer momento saben que son hijos e hijos paridos con puro corazón.

Fui testigo de esa amorosa espera de Aurora y Paco cuando decidieron adoptar. Observé la manera tan sencilla y hermosa en que se convirtieron poco a poco en padres. Ella, que arrullaba a su bebé, él mientras le daba la mamila. Ambos con esa mirada amorosa que solamente te da la maternidad deseada, la paternidad responsable, el amor hacia un hijo porque es tu hijo, hacia una hija porque es tu hija. No hay antes, ni pasado, ni glamur, ni reflectores, solamente ese amor desgastante pero tan amoroso que te hace identificarte con tu hijo o con tu hija.

Pero esa experiencia no se quedó en su casa, la han compartido, la celebraron, la orientaron amorosamente para que su experiencia fortalezca a otros corazones, para que lo vivido siempre dé fuerza para seguir adelante.

En este libro las historias son desgarradoras pero siempre tienen ese brillo de esperanza. Los testimonios parecen surgir de una desilusión porque nuestro cuerpo no respondió al deseo anhelado, pero las decisiones que se toman para torcer ese destino colorean los momentos de otros colores, de un gris desesperado a un azul paciencia, a un rosa esperanzador.

Aurora González Celis toma de la mano a otras mujeres que tienen una experiencia parecida a la suya. Ella escucha y nos deja escuchar. Borda palabras donde el hilo de la maternidad es resistente, único, de seda amorosa, de uso totalmente afectivo. El paisaje no puede evitar las trampas o los climas traicioneros, pero siempre hay un paraje para tomar aliento, siempre se encuentra la cima de la montaña a la que se quiere llegar, siempre está el río que refresca el alma, el viento que despeina pero inspira a seguirlo. Un paisaje que se puede ver desde cualquier ventana. Desde dentro para sensibilizarnos, desde fuera para fortalecernos.

Una ventana que desde dentro permite contemplar nubes que llenan el cielo con figuras caprichosas que a veces imitan el contorno de dragones y unicornios. Nubes que a veces pronostican tormentas y tempestades. Nubes que invitan a retozar para disfrutar la vida. Una ventana abierta para aspirar los buenos aires, para palpar el buen clima, para imitar el vuelo de las aves.

Una ventana que desde fuera promete la calidez de un hogar, el cobijo de una habitación solidaria, la complicidad de aromas entrañables desde una sopa recién hecha hasta el perfume de las flores recién cortadas. Cortinas para embellecer los marcos, persianas para dejar entrar la luz o evitar el relampagueo de los rayos amenazadores. Tapices que prometen días en calma, paredes tapizadas con amor del bueno. Casa con luz, ventanas iluminadas desde fuera, desde dentro.

El libro además de sensibilizar nos envuelve en escenarios muy diversos que van desde las familias amorosas hasta la sociedad indiferente, la corrupción de ciertas instituciones y el compromiso de otras, la rabia por un abandono pero la fe al encontrar otra manera de amar, el olvido de algunos y la necedad por perdonar de otros. La adopción en México ha sido poco estudiada y observada, se envuelve en los mitos de las malas telenovelas, se sigue hablando al oído. Este libro rompe con esas actitudes, se abren ventanas para mostrar, para denunciar, para compartir, para confirmar que cuando una mujer quiere ser madre no habrá fuerza en contra que se lo impida, que cuando un hombre quiere ser padre no hay fuerza alguna que logre detenerlo. Que todo niño y que toda niña merecen tener un padre y una madre, que debemos hacerlos visibles y latentes, que se debe ayudar a que cuando no hay un hogar seguro, las autoridades aceleren los trámites necesarios para que un alma infantil encuentre propio su nueva familia.

Aurora González Celis decidió abrir esa ventana y nos invita a asomarnos, desde fuera y desde dentro, desde lo interno y lo externo, lo lejano y cercano, lo íntimo y lo público, lo humano por siempre. Cada uno de los testimonios que ella recuperó son una ventana abierta, y ella generosa como siempre en cada página nos invita a asomarnos, a no olvidar, a unirse a la causa, a formar familias simplemente unidas y amorosas. Abramos pues esa ventana, cada ventana, todas las ventanas. La adopción, una ventana abierta.

Este texto, es el prólogo que escribí precisamente para el libro titulado La adopción: una ventana abierta, la autora es mi querida amiga Aurora González Celis, ella se ha dedicado durante tres décadas a escribir sobre el tema, a orientar a parejas que deciden adoptar y a sensibilizar sobre el tema en todos los escenarios sociales del país. Es Directora de la asociación Dedicados a Hacer Mejores Familias A.C. y el Instituto de Capacitación Familiar de la Asociación Nueva Vida, A.C. Quienes deseen el libro Adopción, una ventana abierta, pueden comunicarse con Raquel Martínez Saucedo al teléfono móvil 5530686783 o escribirle a raquelmn249@gmail.com

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