“Incluso cuando no se pueden leer, la presencia de los libros adquiridos produce un éxtasis: la compra de más libros que los que uno puede leer es nada menos que el alma en busca del infinito. Apreciamos los libros aunque no los hayamos leído, su mera presencia brinda confort y el hecho de que estén disponibles, seguridad”.

A. Edward Newton:

Cuando comencé a interesarme activamente por la lectura tenía especial interés en leer los grandes clásicos, todas esas obras inmortales, escritas por personas hace cientos de años. Así fue como poco a poco compré Don Quijote, la Divina Comedia, Romeo y Julieta, Drácula, la Odisea, entre muchos otros. Ya es mucho decir que me costaba más leerlos que comprarlos. Había muchos que podía leer en un par de días pero también hubo algunos que no pude terminar, o peor aun, que no he logrado leer todavía. 

Me sentía muy mal, me obligaba a leer, quería terminar, algo dentro de mí no se sentía tranquilo y si no lo lograba, volvía a intentarlo semanas después. Así es como puedo decir que he leído las primeras 50 páginas del Quijote más de 10 veces. Ese sentimiento de culpa se incrementaba aún más cuando tenía la opción de comprar más libros. Sentía que cometía una especie de gula lectora, no terminaba de leer lo que tenía en casa y ya estaba comprando cosas nuevas. 

Durante mucho tiempo estas culpas invadieron mi mente como el latido de un corazón oculto bajo el piso de mi cerebro. Así es como llegué a terminar libros que no me gustaban, o no comprar libros porque tenía varios pendientes. Este texto es una invitación a eliminar esas culpas literarias.

La culpa es un sentimiento que generamos debido a nuestras referencias sobre lo que está bien o lo que está mal, surge de comparar lo que hicimos con lo que, según nosotros, es lo correcto. Creemos que comprar libros cuando no hemos terminado de leer los que tenemos está mal, que no terminar de leer un libro está mal. Pero piensa: ¿Por qué?.

Seguramente la idea de no comprar un libro si tengo para leer en casa viene del uso que le damos a muchos artículos de nuestro día a día. ¿por qué compraría un kilo de manzanas si todavía tengo uno en casa?. 

Sin embargo, los libros no son manzanas, y no se echarán a perder si no los consumes, es más, en todo caso son mejor inversión que muchos artículos porque pueden ser usados muchas veces. Los libros no son manzanas y no deben ser tratados así. Los libros que compres este año te pueden acompañar 30 años y pueden ser el primer acercamiento a ese mágico mundo para tus pequeños retoños o para tus sobrinas, así como los libros que mi madre compró en su juventud fueron mis primeras aventuras literarias.

Por otro lado, la culpa de no terminar un libro es un poco más complicada de tratar. Puede tener varias razones para ocurrir: la primera sería esa necesidad casi compulsiva por terminar las cosas que algunas personas pueden tener, y en ese caso los libros no son el problema, solo un síntoma de algo que abarque toda una vida. Sin embargo, si la necesidad de terminar un libro viene de una especie de romanticismo por la lectura como lo era en mi caso, la cura puede ser algo más sencilla.

Romantizar un libro es algo que sucede muy a menudo, y yo lo comparto. Ese olor a nuevo o a viejo, regalar un libro con dedicatoria, meterte en sus páginas y leer hasta la última página para luego colocar esa bonita historia en un estante como si fuera un trofeo, son cosas que comparto sin duda. Pero en un momento me descubrí detestando lecturas, contando las páginas que faltaban para que se acabara. Fue entonces que comencé a preguntarme porqué hacía eso, tenía una parte romántica para empezar y después estaba el hecho de la presunción, poder decir que había leído ese libro. Porque no se escucha igual un “ya lo leí” a un “lo empecé pero no lo terminé”. 

Pero decidí que si puedo empezar a ver una película y no me gusta y dejarla a la mitad, podía hacerlo con un libro. Decidí que un pasatiempo debería ser una salida momentánea a la cruel rutina y no un generador de culpa. Me di cuenta que ese tiempo lo malgastaba y podía usarlo en un libro que realmente me gustara. Me di cuenta que en el tiempo en que leía 3 libros que no me gustaban podía leer 10 que me gustaran de verdad. Así fue como comencé esa actividad y a día de hoy sigo aplicándola.


El libro, como buena expresión artística mueve fibras sensibles dentro de nosotros, su impacto y su función variará de acuerdo con el momento de tu vida. Tal vez ese libro que no puedes terminar hoy, tenga la capacidad de impactar y atraparte en 2 años; date la oportunidad de seguir, evolucionando y regresar a él más adelante, no dejes que una culpa infundada te quite la maravillosa experiencia de seguir leyendo.

Sobre El Autor

Abraham Peralta

Psicólogo con especialidad en Plantas vs. Zombies

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