Caminando por Parque Hidalgo ya se escuchaba el ruido…

los jóvenes seguían el ritmo para apoyar a su banda… 7 pm, comenzó la Guerra de Bandas. Al ritmo del ska escuchamos a la ya reconocida The Skarada Band. El calor y las chelas de a dos por 50 se vendían al por mayor, la fila para los baños y para entrar se prolongaba. En general, parecía que los organizadores tenían todo bajo control. Tantas expectativas, reglas firmes y rigor en el reloj, si no, las penalizaciones afectarían la calificación de las bandas y nadie quiere arriesgarse a perder 100 mil pesos… que todavía me cuestiono.

¿De dónde salió el dinero? Una “asociación” que, así como nació creció, de la noche a la mañana; un día hacen un festival alusivo al viento que caracteriza al clima de esta ciudad, y al otro se consolidan como un “proyecto cultural” que viene a evangelizar a los simples mortales que esperamos las muestras de cine en el Romo de Vivar o que aguardamos por la cartelera cultural de la Secretaría de Cultura y otra vez nadie cuestiona de dónde salió el financiamiento de esta AC de la que todavía no entiendo cuál es su giro…

Continuaron las bandas, escuchamos a Señor Sombrero, Los Dragones y Froster, propuestas de rock alternativo que solemos escuchar con la misma fórmula: batería, bajo, guitarra y un vocal. Ya entrados en calor… (literal porque 28 grados para ser Pachuca es el preámbulo de lo más cercano a un clima caribeño que puede sentir un pachuqueño) y prendido el público que coreaba sin cesar a los Rupestres, quienes rompieron las estructuras del rock y el ska para presentar una hibridación de ritmos que te hacen perder la noción de cuándo termina o empieza una canción: folclor, balkan… una excelente mezcla de sonidos con la que te das cuenta que hay un proceso artístico consolidado y que funciona. La gente bailó y se movió con ritmos de violín y metales, muy encendidos dejaron a su público…

 

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…y prendido el público que coreaba a los Rupestres, quienes rompieron las estructuras del rock y el ska para presentar una hibridación de ritmos | Foto: Madian Guevara/LaRecoletaDigital

 

Terminaron las interpretaciones de los cinco finalistas y para pasar el tiempo, mientras los jueces deliberaban, por qué no, nos echamos unas cumbias y bailamos al ritmo sonidero de Jaguar-U, entre charanga y charanga se disputaba el gran premio, pero cuando digo gran premio es gran premio, hablo de 100 mil pesos, tengo que recordárselos porque se tardaron más de un año en soltarlo…, perdón, en concluir los procesos del certamen de Guerra de Bandas. Y sigue siendo cuestionable la procedencia del recurso.

En fin, los chiflidos comenzaron y las ansias en el público por conocer los resultados se hacían sentir. Algunos listos para impugnar los resultados en caso de no ver favorecida a su banda y otros más tranquilos, confiados en que ganaría su gallo. Salieron los representantes de las cinco bandas, nos dieron un breve mensaje: “aquí ganó la música”, y es cierto, todos, talento hidalguense, que al final del día compartieron, comparten y seguirán compartiendo espacios, este fue un buen ejercicio para hacer comunidad y apoyarse como artistas; los ganadores se dieron a conocer después del discurso narcisista y benevolente… nosotros, “Calvera”, representamos, hacemos, trabajamos, gracias a nuestros esfuerzos… y por qué el público lo pidió, habrá “Fiesta del Fuego”. No sé si esto significa un serial de festivales de elementos, ¿después seguirán con Tierra y Agua?

Se tomaron de las manos los integrantes de las bandas… algunos rezaban a su virgen, otros apretaban los ojos y a otros les sudaban las manos, bueno, me imagino…

 

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Los Rupestres se proclaman ganadores de la Guerra de Bandas en el Foro Calavera, Pachuca | Foto: Madian Guevara/LaRecoletaDigital

 

Ganaron Los Rupestres, lo demás es historia. Nosotros, su público, celebramos afuera, con las siempre fieles hamburguesas del puesto frente a la iglesia de San Francisco. Ellos, ya coronados, se llevaron los festejos, con sus 100 mil, a la Montaña

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