“Si te lo propones y te esfuerzas, puedes hacer tus sueños realidad” esta frase en el papel suena muy inspiradora ¿verdad? Ahora imagina que tu más grande sueño dependa de otras personas… Y a estas personas no les importa un comino tu meta. Es más, pondrán obstáculos para que no la cumplas. ¿Ahora qué opinas de la frase que encabeza este párrafo?

Mi nombre es Miguel Moreno, tengo 22 años, vivo en Guachochi, Chihuahua, aunque actualmente me encuentro en la Ciudad de México. Soy orgullosamente de origen tarahumara. Desde niño mi vida estuvo ligada al atletismo, pues donde vivo se realiza año con año el Ultramaratón de los Cañones, carrera  realizada en medio de la Sierra Madre Occidental, en la que participan cientos de personas que tratan de completar algo que para muchos parecería imposible: correr 100 kilómetros.

De ahí viene mi mayor sueño, quizá uno de los más comunes entre deportistas: ganar una medalla de oro para México en los juegos olímpicos. Yo sé que para llegar a mi objetivo tengo que entrenar, es por eso que desde hace ocho años participo y me preparo sin objeción alguna para el ultramaratón de mi comunidad. No quiero sonar ególatra, pero el tiempo que hago corriendo los 100 kilómetros es uno de los mejores de mi pueblo, por no decir que el mejor. Sé que tengo el potencial para darle el primer oro a México corriendo el maratón, pues sólo son 42 kilómetros, completaría esos 42 con la energía para 100.

Idealizarme en el podio olímpico, con el himno de México de fondo es fácil; el camino para llegar ahí no lo es tanto, pues nadie me da la oportunidad de demostrar lo que soy capaz de lograr.

Con esfuerzo y ahorro, junté dinero suficiente para venir a la Ciudad de México, donde he tocado cientos de puertas, hablado con decenas de autoproclamados “impulsores del deporte” que al ver mi vestimenta tradicional rarámuri me rechazan con excusas como “no puedo arriesgarme”, “no hay nada que me compruebe que eres bueno en lo que haces”; otros más me ofenden, y me corren del lugar, argumentan que sólo soy un “indio” y estoy haciéndolos perder el tiempo. Nadie cree en mí. Nadie aparte de mí.

Me pregunto si seré el único en esta situación. Me pregunto si alguien más en México tiene algún talento potencial y no tiene oportunidad de explotarlo al máximo porque no tiene las influencias necesarias para demostrar cuán maravilloso es. Me pregunto si alguien más en México alza la voz para ser escuchado y no se da cuenta que está encerrado en una cabina a prueba de sonido.

El dinero en mi bolsillo cada vez es menos, es momento de regresar a Chihuahua. Escribo estas líneas con el último atardecer en la capital del país en mis pupilas; mientras, recuerdo la despedida de la entrevista que tuve en la mañana con aquél hombre, la última esperanza que tenía, me rechazó diciendo “pero, ¡ánimo! Si te lo propones y te esfuerzas, puedes hacer tus sueños realidad”.


-La redacción aclara que el previo texto es una ficción ideada por nuestro colaborador.
Nada de lo narrado ocurrió en un contexto real.

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