No se conmemora la ausencia o la muerte, se conmemora la lucha por la vida

 

2011, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estableció el 30 de agosto como el Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada por el aumento de este fenómeno en varias regiones del mundo donde necesitaba con urgencia hacerse visible.

Es una problemática que involucra a varios sectores de la población pero que posee en todos los casos una característica única, son siempre despliegues de poder, la oportunidad de sacar beneficio de otro ser humano ya sea por un grupo delictivo, paramilitares, el crimen organizado o los propios gobiernos corruptos; es el no concederle a la vida humana el privilegio del respeto.

Sean mujeres u hombres, a lo largo y ancho del mundo miles desparecen sin dejar rastro, muchos mueren por oponerse a ser utilizados en la trata de personas, venta de órganos, tráfico de drogas, al robo, o como presas políticas de los actos que no convenían al gobierno.

La vida de un desaparecido poco vale para quien la toma porque puede hacerlo, porque sabe que no hay castigo, no hay represalias y hasta se genera burla social para los familiares que piden encontrar a sus seres queridos, se burla la sociedad que indiferente pasa de largo todo lo que no toca directamente.

Dejo un poema para Mirna Medina Quiñones porque no puedo sino solidarizarme con ella por el dolor que debe estar atravesando. Lo dejo para ella y para muchas otras personas que siguen buscando a sus familiares, no es mucho pero ojalá les sirvan para saberse acompañadas.

 

RASTREADORAS

 

Ya no cuento los días,
apenas y logro ponerme en pie,
repaso en mi cabeza una y otra vez…
su hijo desapareció, dijeron.
Esas palabras retumban en mi corazón, lo desgajan,
amedrentan mi sentido común y me pregunto,
¿cómo es que desapareciste?

No hay respuestas,
Ni las autoridades y ni los criminales de quien he tratado de hacerme amiga responden
¿Qué hacer?
Si yo por ti haría una guerra
Si yo por ti moriría y preferiría mil veces haber desaparecido yo

Fuera de toda lógica, un grupo de deudos,
porque así nos sentimos quienes perdemos a un ser querido,
nos reunimos, primero en casa,
de hecho habilitamos tu habitación para ello.

Empezamos siendo apenas cuatro o cinco personas
que nos sentábamos a llorar, a contar una y otra vez la historia,
nos acompañábamos en nuestro dolor,
luego a alguien le dijeron que habían encontrado por casualidad cadáveres desmembrados en el cerro,
nos resistimos, no queríamos ir a buscarlos ahí
porque daba más miedo encontrarlos en ese sitio
que aguardar en la esperanza de que aparecieran.

Nos hicimos de valor, nos alentábamos unos a otros y salimos a buscarlos,
para entonces ya éramos 100.
¡Qué tremendo impacto fue encontrar el primer cráneo!
Los huesos de los brazos o los dientes,
¡Qué horror y que espanto!
Rastreadoras, nos dicen.
Somos magas del sufrimiento, aprendices de la ruina humana,
armamos rompecabezas cuyas piezas son huesos,
rastreamos, buscamos en cada centímetro del descampado.
Aunque no he encontrado tus restos cada cuerpo que descubrimos
me recuerda el horroroso destino que pudiste correr.

Pasaron años, Roberto, tres años,
¿dónde no conocí la paz o la tranquilidad?
Mis días se iban entre las manifestaciones y las pláticas interminables
con quien quisiera conocer tu historia,
quien fuera que me prestara oídos,
sentía que nombrarte te hacía estar al lado mío.

Tres años, y perdí el miedo, el dolor se transformó en coraje,
tres años mi amor y hoy me doy cuenta
que ese cadáver que levanté en aquel baldío eras tú,
parí tu vida y también parí tu muerte,
te encontré.

Sobre El Autor

Tania Martínez Suárez
pros_critos@hotmail.com

soy un atado de ideas zurda y necia comunicóloga proscrita madre indeVida

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