El 8 de marzo suele ser un día en que procuro mantenerme al margen, sin involucrarme en polémicas que puedan surgir conforme pasan las horas y termina la fecha. De eso iba mi postura hasta que por una esporádica ocasión escuché a mi abuela decir: “Primero festejan día del abuelo, luego de la mujer. Ya no saben que inventar ahora; yo nunca había escuchado hablar del día de la mujer”.

Callado, asentí con ligeros movimientos de cabeza; no es que no me importase el comentario o que no tuviera algo qué agregar sino: A pesar de tenerlo, no sabía cómo decírselo.

La mayor parte de las celebraciones han sido usadas por los medios como plano para introducir estrategias de comercialización. Un día célebre nace a partir de una desgracia en la historia del mundo en algunas ocasiones y sin embargo, tras un excelente plan publicitario, sólo conocemos una forma de actuar; diciendo: ¡Felicidades!

¡Feliz día del amor! ¡Feliz día de la madre! ¡Feliz día del niño! ¿Feliz día de la mujer?

No es de extrañar entonces que exista disonancia entre el motivo por el que se celebra y la razón por la que no tendrían que existir felicitaciones precisamente. No es de extrañar que las personas intenten celebrar este día como mejor entiendan si desconocen de historia y hechos.

Si supiese cómo explicarle eso a mi abuela, que este día existe desde 1911, que nació con la intención de darle la voz y el lugar que se merece desde el momento en que nació y con el gran propósito y ambición de llegar a todas las partes del mundo; para hacerles llegar los gritos de lucha y libertad que sus antecesoras exclamaron durante la huelga que dio fin a sus vidas; para hacerles llegar aquel eco al unísono que persiste, llevando a través de las eras su valentía y determinación consigo, a cada niña y a cada mujer en el mundo…

…A casi todo el mundo.

A sus 80 años “Nunca ha oído hablar de eso”. Parece sólo un invento más; un día más en el calendario en el que alguien la llamará y le dirá “felicidades” por quién sabe qué motivo.

Si en mis manos estuviese poder cambiar el eslogan de esta “celebración”, diría a cada mujer: ¡Despierta! ¡Álzate! Y ¡Grita! Olviden sus absurdos bandos, tomen aquello que les pertenece y no se conformen con menos.

Ni una mujer más debería pasar toda su vida desconociendo el propósito de este día, así como ni una persona debería pensar en este día como uno más en al calendario internacional. Para mi abuela, resultará trascendente que le explique todo esto. Decírselo entonces a una niña desde ahora puede ser trascendente también.

Me atrevo a pensar en que el mayor defecto de la mujer es desconocer todo aquello de los que es capaz. Subestimarse. Y me atrevo a afirmar que hombres y mujeres somos ingenuos, aunque de distinta forma:

El hombre cree que siempre habrá una mujer a su disposición y el día que no la haya estará completa e irremediablemente perdido. La mujer, por otro lado, desconoce lo prescindible de éste para tener éxito por sí misma.

Cuando reconozcamos nuestras diferencias y las aceptemos, cuando exista equidad, cuando cada mujer sea respetada y se respete y mantenga firme la dignidad que se merece, entonces ese día podremos decir:

¡Felicidades, lo hemos logrado!

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"He inventado en esta forma millares de historias; he llenado innumerables libretas con frases para ser utilizadas cuando hubiera encontrado la historia que desearía escribir, la historia en la que habían de quedar grabadas todas mis frases. Pero jamás he encontrado una adecuada, de modo que comienzo a preguntarme si, después de todo, las historias existen". -Las olas. Virginia Woolf

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