Estaba a punto de levantarme porque ese día tenía examen en la Preparatoria 9 de la UNAM, donde estudiaba. Mientras me peleaba con el deseo de permanecer en la cama y la responsabilidad de llegar a tiempo a la preparatoria, comenzó el terrible sismo. Vivía en Tlatelolco.

No éramos muy madrugadores en casa. Nos sorprendió a las 7:19 a.m. Nuestro departamento se ubicaba en el tercer piso y pensamos que el edificio se derrumbaría en ese momento porque el movimiento fue muy violento. Dicen que el último piso, el catorceavo, se sintió pero; consuelo inútil.

Apenas si nos podíamos mantener de pie. A mi padre, le fue imposible levantarse de su cama durante loa segundos –que parecían minutos- que duró el sismo. El ruido de las paredes fue aterrador. Se cayeron libros, vasos, adornos, casi se cae un enorme librero que teníamos en una de las recámaras y se hicieron cuarteaduras en las paredes. Y después de la tempestad, el recuento de los daños, los encuentros con los vecinos y las decisiones. No había teléfonos, no había luz y por lo tanto no había televisión… La radio portátil de pilar fue la compañía en esas horas de zozobra y de miedo, después del sismo. Escuchamos a Jacobo Zabludowsky y su histórica narración, los noticiarios de Radio Red, con Mario Iván Martínez y el ingeniero Jorge A. Olea, y las transmisiones especiales de Radio Educación…

 

Esta narración conmueve y enchina el alma, más para quienes también vivimos ese 19 de septiembre de 1985, cuando la ciudad de México se estremeció con un terremoto y cuando, efectivamente, la radio fue el único medio que de manera inmediata nos informó de lo que pasaba, la que llegaba a todas partes aunque no hubiera luz, la que nos daba un rayito de esperanza y un gran oleaje de solidaridad al transmitir de manera ininterrumpida esos días de caos y tristeza, días de esperanza pese a todo, días de radio.

Y justo de esa manera, Días de Radio, se titula este libro lleno de historias y de voces, de ráfagas y nostalgia, de sonidos y relatos. Un homenaje merecido a la radio mexicana, un recorrido puntual con nombres, siglas y estaciones de radio que siempre contienen nuestra propia historia.

El autor es Gabriel Sosa Plata, amigo querido, cómplice de sonidos, analista solidario, estudioso de la comunicación generoso, profesor querido, investigador comprometido, el defensor de audiencias que tanto necesitamos, una voz siempre conciliadora y fascinante, ese tono maravilloso que delata su sencillez y su compromiso.

La trayectoria de Gabriel Sosa Plata cada vez se acompaña de más reconocimientos y muchos agradecimientos. Además de dar clases en la Universidad Autónoma Metropolitana, de jamás olvidar sus orígenes pumas, de escribir en diversos medios y colaborar en un sinnúmero de medios audiovisuales, ha estado pendiente de nuestras quejas y utopías como públicos que ya no podemos ser invisibles ni silenciosos. En efecto, ha sido defensor de audiencias, actualmente lo es de Canal 40 y de Radio Universidad de Guadalajara.

Su pasión por los medios de comunicación, principalmente la radio, quedan perfectamente delatado en este libro, Días de Radio, texto donde se acompaña de otros autores como Perla Olivia Rodríguez Reséndiz, Alberto Esquivel y Felipe León López.

De esta manera, en texto inicia con un puntual y ameno recorridos por los casi 100 años de la radio mexicana. Entonces, del 21 de octubre de 1921 llegamos a la radio del siglo XXI. Letanías de siglas y sintonías, que nos envuelven en voces y canciones, entretenimiento y comerciales, radio gubernamental y emisoras universitarias, empresas discográficas que ponen y quitan ídolos, mientras las poblaciones indigenistas endulzan nuestras voces al tomar la radio por asalto y expresarse en mizteco a Hñähñú, las noticias y los debates, leyes y censura, democracia a todo volumen, imaginación siempre latente.

Hablándonos dulcemente al oído, el autor nos invita a evocar las primeras transmisiones y nombres de pioneros. Rompe mitos de la historia “oficial” de la radio, como el formado alrededor del locutor Alonso Sordo Noriega. Solidario con las mujeres, me encanta que haga referencia a las mujeres que tomaron a la radio por las ondas y transmitieron desde sus propios espacios:

 

Radio Femenina (XEMX) comenzó así una intensa vida de siete años, que se distinguió por lo novedoso de sus programas elaborados por y para las mujeres. Varias fueron las emisiones de mayor éxito: “Vamos a la plaza”, bajo la conducción de Susana Castaneira; “Páginas del diario de una mujer sin nombre”, con la intervención de Cuca Escobar, Coralito Perrín, María del Carmen Feria y diversos actores. Se transmitía de lunes a viernes de 7:45 p.m., los lunes, miércoles y viernes; “Realidades de México”, considerado “la editorial de la estación”, pues se daban a conocer puntos de vista sobre problemas de la época.

 

Estaciones ya memorables como Radio Mil, nacida el 10 de marzo de 1942 o Radio 590, La Pantera, escaparates de grandes chicos, cajas musicales o voces autorizadas, éxitos inolvidables y esporádicas canciones. Locutores ya inolvidables como Sergio Rod, reporteras constantes como Tere Paniagua o programas guardados en el corazón como lo fue “Batas, pijamas y pantuflas”, cuyos titulares, por cierto, fallecieron en el terremoto del 85 mientras transmitían en vivo.

Además de estar bellamente ilustrado, cada página del libro pierde su lado impreso para dejar salir tantas voces, sonidos y ritmos. Evocar a Rock 101 –ícono de la radio juvenil-, los noventa años de la XEB o “Sábado internacional”, considerado el programa más antiguo. Justo reconocimiento a Radio Educación y su emisión pionera en abordar al análisis y la crítica de los contenidos de prensa, cine, televisión y radio:

 

El fin justifica a los medios es la emisión sobre medios más antigua del país y representa la principal opción de su tipo en el cuadrante nacional. Creado gracias a la iniciativa de Graciela Ramírez, productora de la serie. El fin ha tenido entre sus objetivos no sólo proporcionar un espacio para que los especialistas y el auditorio reflexionen y opinen sobre el quehacer de los medios, sino también (lo cual ha sido lo más ambicioso del proyecto) “propiciar que los medios reorienten su función hacia las necesidades de la comunicación social mediante la concientización del receptor.

 

Evocar la importancia de la radio durante los días del terremoto, da al libro un toque más humano y sensible, la radio es compañía pero también es servicio social. Yo creo que nunca como ese día, la radio mexicana sonó como nunca, humana y considerada, puntual y sensible, lista para informar, sensible para sensibilizar.

Otro capítulo muy emotivo del libro lo representa “El mundo mágico de la radio nocturna”, donde Sosa Plata confirma que este medio es compañía, es apapacho sonoro, insomnio con frecuencias moduladas, falta de sueño en amplitud modulado, soledades sin guión, escaletas orgullosas de su aislamiento.

 

Y si usted no es un noctámbulo frecuente esta noche tiene una buena oportunidad para serlo. ¿Cómo? Encendiendo su receptor de radio y sintonizando alguna de las estaciones radiodifusoras que transmiten por la noche. Recuerde que en la madrugada no está solo. Existe ahí, en su radio, las voces, los sonidos y la música que le harán agradable su velada. Esa radio que, según Bachelard, habla en la noche a las almas desdichadas, a las almas profundas, a las almas solitarias: “No se trata de no dormir más en la tierra, se trata de entrar en el mundo que tú vas a escoger.

 

Sin olvidar los contextos y a los innombrables, en el libro también encontramos a los hombres en el poder, sus partidos y gobiernos, que han usado, desaprovechado, vetado y amenazado a la radio nacional. No puede quedar fuera uno de los periodistas más representativos de este medio como lo fue Jacobo Zabludowsky y como lo es ahora Carmen Aristegui. Se reconoce que este medio ha entrado a la era digital, sin abandonar su amplitud y frecuencia modulada, ahí esta Radio Activo 98.5 como representante del momento en que la radio mexicana ingresó a Internet pero también está la interrogante si la radio automatizada corre el riego de crear una radio deshumanizada. Emotivo como siempre, provocador constante, Gabriel Sosa Plata, cierra este libro con una frase solidaria, muy a tono con su personalidad generosa, con esa voz que siempre que la escuchas te provoca emociones y simpatías, esa voz que nos invita a leer “Días de Radio”:

 

Por mi parte, quizá por formar parte de una generación analógico-digital, me gusta la radio que me toma en cuenta, que me recrea atmósferas, que me hace soñar, que me informa y que me estimula a participar en actividades sociales, políticas y culturales. ¿Ejemplos? Sólo encienda la radio.

 

Gabriel Sosa Plata. (2016). “Días de radio. Historias de la radio mexicana”, Tintable, Secretaría de Cultura, México.

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