I
Salí por una Caty Perri y llegué al jazz

 

LOS MARTES son días pesados, vienes del San Lunes y parece insolencia ir por una cerveza o un ron, pero con un mezcal jamás habrá error.

La Ciudad Airosa está mojada, hace frío. El jazz alivia el alma, eso dicen. En la mezcalería El Manzanillo ya suena el trío jazzero de los martes, vamos a escucharlo. La noche trae algo de viento, el espacio vacío, quizá llegamos muy temprano. Minutos después, por la puerta lateral, los músicos entran, todos jóvenes: bajo eléctrico, batería y guitarra.

Inician con una sección clásica de jazz. Buena ejecución, el guitarra lidera, todavía no hay gente, apenas cuatro individuos los escuchan sin contar al de la barra y la mesera. Para ser un pequeño lugar está bien ecualizado, la música sube de nivel conforme pasan los estándar, Duke Ellington estaría contento de que alguien, en alguna ciudad del mundo, toque adecuadamente uno de estos ritmos, ¿cuántos de estos músicos regados por el mundo? En un martes tocan.

La gente a poco llega, la segunda tanda de música comienza, las piezas suben la calidad de ejecución, un jazz disfrutable en una noche que ya no es noche. El líquido resbala por el esófago y cae al estómago, la guitarra toca un esquema, un bebop con tintes de New Orleans para subir por esa costa hasta New York, un coqueteo en la forma del rasgueo con Bill Frisell. La música pone de buen humor, los ritmos de ese jazz que conserva los principios básicos, hay una línea a seguir, los tres músicos se miran de reojo, arman un buen ensamble esta noche. En la plática, los amigos dicen que sonaron a Marc Ribot, no me lo parece, creo que está más cerca de John Abercrombie.

Buen jazz, mezcal y cervezas, los martes quizá, allí donde arribé se dijo…

 

II
Olor a sudor juvenil

 

Entre las opciones variopintas de esparcimiento que últimamente ofrece Pachuca, aquel viernes de abril, bandas de distintos géneros y edades tocaron para juntar regalos a niños de escasos recursos en su día. Cover: un juguete y la opción de ganarse algunas promociones con más juguetes. Fue el Rock con Causa del Foro 330.

El foro luce lleno, ambiente juvenil se respira con unos cuantos que ya rebasamos los 30, caras conocidas de la nueva escena musical pachuqueña (Supersic) y otras no conocidas, todos amontonados en un foro de dimensiones no pequeñas pero tampoco grandes; buen audio e iluminación suficiente; escuchamos un poco de surf, el hijo olvidado del rock; tres tipos con máscaras tocan, lo hacen bien, las rolas no son cortas como se acostumbra, tienen algo hasta progresivo, grata sorpresa de esta banda que resultó ser de la CDMX.

El público, compuesto por jóvenes que rondan los veintes, traen ambiente festivo, varias modas cruzadas en varias direcciones; los disfrazados de punk (no veo a ningún punketo de la vieja guardia), los goths, los indies (sí, esos que aparecieron en los 90, regresó la moda), vestimentas hipsterosas, chicas guapas, hombres con cejas delineadas y barbas en azul con botas de obrero. La diversidad cultural, pareciera que existe en este sitio que hoy suena a rock, el rock que siempre lucha por la inclusión, pero esa es otra historia que inicia en otro lado del mundo, allá por los campos de bluegrass.

En el escenario una banda de glam metal, los chicos se la creen, tocan con valor, se despeinan a propósito, los 80 en ellos pero vestidos de ahora, buena pose, buen rasgueo ¡¡¡auch!!! Música en el lugar común, un rock que pudo tocarse en otro lugar pero hace 20 años, Guns & Roses nunca fue algo que a este intento de escritor le agradara, pero la banda aplaude, se divierte, ríe.

Banda de rock en su formación básica: bajo, batería, guitarras y una voz que impone, una chica nos llama a aullar de alegría, gran vocalista de buen falsete junto a buenos músicos aunque un poco predecibles.

Después, tres mujeres y un guitarrista, ritmos oscuros, se nota que son una banda hecha en proceso, la vocalista tiene presencia, la baterista es solvente y va a tiempo, el bajo, donde tiene que estar, la guitarra es excelente; tienen futuro, tal vez sólo le quitaría la sobreactuación en el último tema.

 

Al final

 

Las noches en Pachuca se animan a varios ritmos y en varias latitudes, la oferta de espectáculos se hace más grande, jazz y rock esta vez.

Y tú, ¿por qué no das una vuelta por la mezcalería un martes a oír una buena ejecución de clásicos de jazz o bien, al Foro 330, en alguna de sus propuestas en cartelera.

 


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