Al fin, Fred hizo a Marcelo y Elsa encarnó a Sylvia; pasaron el resto de la velada a pie por los callejones de Roma. Ambos, elegantes, se concesionaron a la pasión, colmados por las aguas de la Fontana de Trevi

Fellini, Federico, creador, según algunos, de la mejor película jamás rodada. Con semejante afirmación está plantada La dolce vita, imagen de la Italia de principios de la década de 1960, vetada por los dedos vaticanos, incluso tachada por algunas voces por presuntas incitaciones pornográficas.

Cuando la tradición cinematográfica se presta a emprender segundas versiones de éxitos por su condición flamante. La dolce vita no tuvo, al menos en 55 años desde su estreno primario, a un director o directora que osara de semejante proeza.

Incluso aunque este año los estudios AMBI Pictures ya compraron los derechos a la familia de Fellini para hacer lo que llaman “nuestra visión de una historia contemporánea tan comercial, icónica y digna de ser galardonada como la original”, no existe todavía un proyecto digno que dignifique sin pretensiones a esta cinta que ocupa un lugar muy celoso en los corazones flechados por Marcello Mastroianni y Anita Ekberg.

Aunque sí, hubo en este intermedio histórico una linda excepción…

Otro Marcello y otra Anita se bañaron en la Fontana de Trevi en 2005. Pareciera que eran ellos, los mismos rostros hermosos que volvían con el respectivo toque de la vejez a retomar el baño interrumpido por la guardia romana.

Y no se trató de una versión “histórica contemporánea tan comercial, icónica y digna de ser galardonada como la original”; de hecho, no había tanta intención fuera de la idea de rendir un homenaje a Fellini y de paso gritar que el amor llega en cualquier embalaje, a cualquier hora, en cualquier crucero de miradas.

Elsa y Fred, del director argentino Marcos Carnevale, no recibió la etiqueta de la mejor película jamás rodada. Ni siquiera el Oscar. Quizá el premio Goya del cine español y algunos ejemplares del Cóndor de Plata argentino.

La película de 2005 en la que dos viejos que no son ni Marcello ni Anita hallan la manera de vivir para amar en un drama cómico o una comedia dramática se estrenó como una forma de hacer hipertextualidad de una cinta patrimonial.

Entendamos este término como la manera en que un texto trasciende en su mensaje para hacer que el lector aborde un cohete a través de otros textos en un mismo documento. Como en el burdo ejemplo de las páginas web cuyas lecturas contienen términos resaltados, susceptibles de un clic que aparece como un portal mágico de comunicación entre universos.

Esto es posible incluso antes de la era del Internet. Esto es posible en el cine; se trata pues de una noble manera en que los creadores se toman de la mano a pesar del tiempo, como en el caso conmovedor de Elsa y Fred que en sus afanes múltiples aprovechó para rendir un sincero homenaje a La dolce vita sin reproducirlo en posteriores versiones; sólo un sitio para que el amor cite al amor.

Vea Elsa y Fred y a través de esta La dolce vita. Marcos Carnavale. 2005

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