LA
POESÍA
MORIRÁ
SI NO
SE LA
OFENDE,

hay
que poseerla
y humillarla en público,

después se verá
lo que se hace

-Nicanor Parra-

 

A LOS 103 años de edad falleció el autoproclamado antipoeta, el 23 de enero de 2018, en la casa de la familia Parra, en La Reina, Santiago de Chile.

Nicanor Parra fue un hombre polifacético que se dedicó a la poesía, las matemáticas y la física con similar éxito y reconocimiento. Nació en Chile en 1914, en una familia donde se respiraba arte: su padre era docente y, al igual que su madre, sentía una gran pasión por la música. A los 18 consiguió una subvención para completar sus estudios humanísticos en la capital, donde tuvo la oportunidad de relacionarse con otros intelectuales de gran importancia para el arte de su país. Más tarde comenzó diversas carreras universitarias, aunque finalmente se decantó por matemáticas y física; una vez recibido, fue catedrático, incluso director durante mucho tiempo.

Para él, la formación académica ocupó un lugar primordial; en más de una ocasión viajó al extranjero para realizar cursos, siempre a través de becas, lo cual indica el gran esfuerzo que realizó para acceder a ellos.
Se trató de un hombre de números y letras, que triunfó simultáneamente en dos mundos que muchas veces se creen opuestos. De la multitud de premios que recibió en su carrera, resalta el Miguel de Cervantes. Algunos de sus libros más conocidos son Cancionero sin nombre, Manifiesto y Cachureos, ecopoemas, guatapiques, últimas prédicas.

Nicanor poseía una visión hermosa y cruda de la vida, en sus letras buscaba enviar el mensaje de que la inconformidad y el consuelo nacen en las ideas, era un profesor connotado y siempre en busca de palabras correctas para romper esquemas. Le concedía a la poesía carácter eterno y absoluto en el hecho de encontrar en postulados coloquiales bellas figuras literarias, que no por ser soeces o comunes y corrientes dejan de estar enmarcadas por la poiesis.

Su estilo único y lúdico lo llevó a experimentar con diferentes sustentos materiales para sus obras, también jugó con la ironía de las frases cortas acompañadas de imágenes que generaban dobles o triples sentidos al enunciado mismo. Daba la impresión de pugnar por la desaparición de la poseía, de querer acabar con ella y al mismo tiempo en sus palabras la hace nacer en el lector.

 

He aquí los poemas que más amo de su trabajo:

 

Hay un día feliz

A recorrer me dediqué esta tarde,
las solitarias calles de mi aldea,
acompañado por el buen crepúsculo
que es el único amigo que me queda.

Todo está como entonces, el otoño
y su difusa lámpara de niebla,
sólo que el tiempo lo ha invadido todo
con su pálido manto de tristeza.

Nunca pensé, creédmelo un instante,
volver a ver esta querida tierra,
pero ahora que he vuelto no comprendo
cómo pude alejarme de su puerta.

Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
ni sus viejos portones de madera.
Todo está en su lugar; las golondrinas
en la torre más alta de la iglesia;
el caracol en el jardín y el musgo
en las húmedas manos de las piedras.

No se puede dudar, éste es el reino
del cielo azul y de las hojas secas
en donde todo y cada cosa tiene
su singular y plácida leyenda:

Hasta en la propia sombra reconozco
la mirada celeste de mi abuela.
Estos fueron los hechos memorables
que presenció mi juventud primera,
el correo en la esquina de la plaza
y la humedad en las murallas viejas.

¡Buena cosa, Dios mío! Nunca sabe
uno apreciar la dicha verdadera,
cuando la imaginamos más lejana
es justamente cuando está más cerca.

¡Ay de mí! ¡Ay de mí! Algo me dice
que la vida no es más que una quimera;
una ilusión, un sueño sin orillas,
una pequeña nube pasajera.

Vamos por partes, no sé bien qué digo,
la emoción se me sube a la cabeza.
Como ya era la hora del silencio,
cuando emprendí mi singular empresa,
una tras otra, en oleaje mudo,
al establo volvían las ovejas.

Las saludé personalmente a todas
y cuando estuve frente a la arboleda
que alimenta el oído del viajero,
con su inefable música secreta,
recordé el mar y enumeré las hojas
en homenaje a mis hermanas muertas.

Perfectamente bien. Seguí mi viaje
como quien de la vida nada espera.
Pasé frente a la rueda del molino,
me detuve delante de una tienda:

El olor del café siempre es el mismo,
siempre la misma Luna en mi cabeza;
entre el río de entonces y el de ahora
no distingo ninguna diferencia.

Lo reconozco bien, éste es el árbol
Que mi padre plantó frente a la puerta
(ilustre padre que en sus buenos tiempos
fuera mejor que una ventana abierta).

Yo me atrevo a afirmar que su conducta
era un trasunto fiel de la Edad Media,
cuando el perro dormía dulcemente
bajo el ángulo recto de una estrella.

A estas alturas siento que me envuelve
el delicado olor de las violetas
que mi amorosa madre cultivaba
para curar la tos y la tristeza.

Cuánto tiempo ha pasado desde entonces,
no podría decirlo con certeza;
todo está igual, seguramente,
el vino y el ruiseñor encima de la mesa,
mis hermanos menores a esta hora,
deben venir de vuelta de la escuela:

¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo,
como una blanca tempestad de arena!

 

Cambios de nombre

 

A los amantes de las bellas letras,
hago llegar mis mejores deseos,
voy a cambiar de nombre a algunas cosas.
Mi posición es ésta:

El poeta no cumple su palabra,
sino cambia los nombres de las cosas.
¿Con qué razón el Sol
ha de seguir llamándose Sol?
¡Pido que se llame Micifuz,
el de las botas de cuarenta leguas!
¿Mis zapatos parecen ataúdes?
Sepan que desde hoy en adelante
los zapatos se llaman ataúdes.

Comuníquese, anótese y publíquese,
que los zapatos han cambiado de nombre:
desde ahora se llaman ataúdes.

La poesía terminó conmigo,
yo no digo que ponga fin a nada,
no me hago ilusiones al respecto,
yo quería seguir poetizando
pero se terminó la inspiración.

La poesía se ha portado bien,
yo me he portado horriblemente mal.

Qué gano con decir:
yo me he portado bien,
la poesía se ha portado mal;
cuando saben que yo soy el culpable.
¡Está bien que me pase por imbécil!

La poesía se ha portado bien,
yo me he portado horriblemente mal,
la poesía terminó conmigo.

Último brindis,
lo queramos o no,
sólo tenemos tres alternativas:
el ayer, el presente y el mañana.

Y ni siquiera tres,
porque, como dice el filósofo,
el ayer es ayer,
nos pertenece sólo en el recuerdo:
a la rosa que ya se deshojó
no se le puede sacar otro pétalo.

Las cartas por jugar
son solamente dos:
el Presente y el Día de Mañana.

Y ni siquiera dos
porque es un hecho bien establecido
que el Presente no existe
sino en la medida en que se hace pasado
y ya pasó…
como la juventud.

En resumidas cuentas,
sólo nos va quedando el mañana:
yo levanto mi copa
por ese día que no llega nunca
pero que es lo único
de lo que realmente disponemos.

Sobre El Autor

Tania Martínez Suárez
pros_critos@hotmail.com

soy un atado de ideas zurda y necia comunicóloga proscrita madre indeVida

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