Con esa pelea comenzó lo realmente bueno, y no eran los golpes falsos o verdaderos que se propinaban, si no el ambiente de una Pachuca tradicional desde un patio de casa

PACHUCA, Hgo., 22 de abril de 2016.- Sobre la calle de Cuauhtémoc casi escondido de nuestra recurrente vista se encuentra el coloso de las luchas, la Arena Afición, a veces solo recordada por los jóvenes para el sorteo del servicio militar, en este lugar caen las maldiciones de la bola blanca que te manda todo el año a la zona militar.

En las taquillas, una pequeña ventana sobre la avenida mencionada repartía de a tres por cien los boletos para la función de promoción, nos esperaban cuatro luchas, profesionales o no, eso sí bastante divertidas.

El pasillo de color verde a manera de patio de casa era nuestra entrada al mundo de los ‘guamazos’ y la Pachuca tradicional escondida no se por cuántos años.

Una pequeña entrada entre el pasillo nos dejaba ver que en la calle de Cuauhtémoc y  en la céntrica podía existir una Arena.

Parecía que el tiempo no había pasado, las butacas de primera fila estaban algo viejas, las gradas despintadas y el ring era bastante ortodoxo, no estaba patrocinado por la gran cervecería, había más bien publicidad de la barbacoa de la localidad.

Mientras comenzaba la pelea, por las filas pasaban vendedores con aguas, refresco, chicharrones, y por su puesto pastes tradicionales, con una cualidad extra, estaban ‘calientitos’.

La arena con capacidad para 3 mil espectadores no llegaba a los cien, más tarde avanzado el cartel podías reconocer quien gritaba qué.

Pero eso no era lo importante, ya dentro de la inaugurada el 31 de enero de 1952, para la segunda lucha aparecieron las duplas de rudos y técnicos encabezadas por el Despiadado y el Avispón respectivamente, el réferi, con camisa a rayas y copete de ‘tongolele’ como le gritaban desde las gradas discutía su imparcialidad.

 

Con esa pelea comenzó lo realmente bueno, y no eran los golpes falsos o verdaderos que se propinaban, si no el ambiente de una Pachuca tradicional desde un patio de casa. El de chamarra de motociclista no dejaba de reclamar al réferi y la niña de la playera de la selección que terminada la pelea se acercaba, a la antigüita, con libreta y pluma en mano para pedirles un autógrafo a los luchadores.

Los mejores, los que estaban en las gradas, dos sujetos que gritaban de todo para meterse con los luchadores –Despiadado, ya que estás parado, ¡chingas a tu madre!- saludaban al rudo, -eres más lento que el Tuzobús-, apuraban al réferi, -Pareces puto- aludían al técnico quien lucía mallón y máscara en rosa.

Era tal la confianza y familiaridad en unas luchas en las que parecía todos se conocían, que después de una gran caída del Avispón se acercó a nosotros y nos encargó su anillo que portaba –Te lo encargo, me lo das al final- dijo como si me conociera de años y con la convicción de que se lo daría, pues él sabía que esto era un ambiente familiar.

 

Para variar ganaron los rudos, con trampa, con ayuda del réferi pues permitía el dos contra uno, una vez más las luchas nos demostraban que con trampa los malos ganan, pero a final de cuentas los aplausos y el reconocimiento se los llevó el Avispón, el de la máscara rosa, el de los técnicos, el de los buenos.

En el intermedio para las estelares los niños pequeños subían al ring, y no sólo para hacerse fotos algunos pisaban las cuerdas y volaban, literal, dentro del cuadrilátero, soñando quizá con algún día luchar como lo hacen los enmascarados.

La llegada de ‘Tongolele’, era la señal de salida de los niños, pues los luchadores ya se acercaban, para la estelar, los aficionados estaban más atentos, los niños más gritones y las señoras de cuarenta con sus hijos acompañándolas chiflaban como las grandes, sus silbidos eran dignos de poner a la Pachuca tradicional en lo más alto de las provincias con el folclor mexicano en la piel.

A la salida, solo había dos caminos después de recibir el volante de la próxima pelea, llegar a los tacos bien posicionados o seguir el rumbo por Cuauhtémoc hasta el siguiente martes de luchas, el siguiente martes de Arena Afición.

 

 

 

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