¿Cuál es mi idea? Vamos a ver. Ya hay mujeres presidentas. Eso no es novedad. Lo que no hay es un poder femenino. ¿Cuál sería la diferencia? Yo imagino un partido que proponga darle al país lo que una madre al hijo, cuidarlo como una mujer cuida su casa; un partido “maternal” que blanda las cualidades femeninas con que nos descalifican, como talentosos necesarios para hacerse cargo de un país maltratado  como este. Es vez de tratar de demostrar que somos tan “hombres” como cualquier macho y por eso aptas para gobernar, hacer énfasis en lo femenino, es que normalmente ocultan, como si fuera una falla, las mujeres que aspiran al poder: la sensibilidad, la emotividad. Si hay algo que necesita este país es quién lo arrulle, quién lo mime, quién lo trate bien: una mamacita. Es el colmo, ¿verdad? ¡Hasta la palabra “mamacita” está desprestigiada! Una palabra tan bonita. ¿Qué tal entonces si pensamos en un partido que convenza a las mujeres que son la mayoría de votantes, de que actuando y pensando como mujeres es que vamos a salvar a este país? ¿Qué tal si con nuestras artes seductoras de mujeres, sin falsificarnos ni renunciar a lo que somos, les ofrecemos a los hombres ese cuidado que les digo?

El país de las mujeres obtuvo por unanimidad el Premio Hispanoamericano de Novela La otra orilla 2010 y fue escrito por Gioconda Belli, poeta nicaragüense, quien en 1988 exploró por primera vez la narrativa con su novela La mujer habitada. Tiene publicaciones maravillosas –poemarios y novelas- y muchos reconocimientos más.

Tuve el gusto de conocerla durante el Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, en Taxco, precisamente en ese año de 1988. Fue mi primer acercamiento en vivo y a todo color con el feminismo, iba yo con mi grabadora color de rosa que siempre acercaba a los labios de toda mujer para cincelar su testimonio de lucha. Y así, como novel reportera, me quedé a la primera planearía. De pronto, una mujer que estaba junto a mí, de ojos claros y chinos alborotados, pidió la palabra. Agradeció la oportunidad de conocernos. Estaba sentada en el piso, se levantó y dijo:

“Escribí algo para este encuentro feminista, soy Gioconda Belli, soy poeta”

Y leyó un texto sensible y emotivo. Yo trataba, con mi grabadora en mano,  de no temblar de la impresión. Transcribí luego cada palabra y Sara Lovera decidió que se publicara en el suplemento Doble Jornada. Desde entonces, libro que encuentro de Gioconda Belli, libro que forma parte de mi biblioteca especial.

Así, hace algunos meses, me topé con El país de las mujeres y lo he disfrutado tanto en la estancia académica que hago actualmente en Guadalajara que se los debo compartir. Me ha acompañado mientras espero en el aeropuerto, cuando decido viajar kilómetros y kilómetros en autobús, cuando el insomnio me persigue, cuando tantas cuartillas escritas me piden un descanso… Y aparece entonces la aventura de Viviana Sansón. La historia de un país que debería existir y una utopía que podría ser posible.

La trama hace referencia a una nación que no existe pero que se relaciona con mandatarios de verdad, que cita a escritores que hemos leído, incluyendo a la misma Belli, y que como bien lo señalo en la cita con que inicio mi reseña, es una patria que tiene una presidenta como ya la ha habido en otros países, pero aquí se impone un verdadero poder femenino basado en lo femenino, en esa cuestión de género construida por la cultura. Así, surge el Partido Erótico de Izquierda y gana. Aunque va a influir la erupción de un volcán que debilita a los hombres, pero también las mujeres logran imponerse gracias a su creatividad, a su necedad, a sus provocaciones provocativas y a su certeza de que ser mujer y ser femenina, es una fórmula maravillosa:

  • Las feministas nos acabarían diciendo que vamos a eternizar todo lo que se piensa de las mujeres- dijo Eva.
  • Depende qué feministas. El feminismo es muy variado. El problema para mí no es lo que se piensa de las mujeres, sino lo que nosotras hemos aceptado pensar de nosotras mismas. Nos hemos dejado culpabilizar por ser mujeres, hemos dejado que nos convenzan de que nuestras mejores cualidades son una debilidad. Lo que tenemos que hacer es demostrar cómo esa manera de ser y actual femenina puede cambiar no sólo este país sino el mundo entero –dijo Viviana.

Pero no crean que el texto es denso y teórico, la propuesta de la escritora está llena de ingenio e ironía, En efecto, de manera muy divertida, alegre y provocativa, Gioconda Belli describe las posibilidades de gobernar con este ser femenino, con este género inventado por la cultura pero que nos identifica con la esencia de mujeres. Me gusta que critique los incomprensibles tratados feministas que intentan explicarnos quiénes somos y muchas veces nos alejan de lo que podemos ser. Me encanta que sea escandalosa y alegre, ingenua pero audaz. Así en el manifiesto del Partido de la Izquierda Erótica, se declara:

De todas es conocido que las mujeres somos duchas en el arte de limpiar y manejar los asuntos domésticos. Nuestra habilidad es la negociación, la convivencia y el cuidado de las personas y las cosas. Sabemos más de la vida que muchos de nuestros gobernantes que ni se acercan a un mercado; sabemos lo que está mal en el campo y lo que está mal en la ciudad, conocemos las intimidades de quienes se las dan de santos, sabemos de qué arcilla están hechos los varones porque de nosotras salieron aún los peores, esos que la gente libra de culpa cuando los llama hijos de mala madre.

En la novela se reconoce la existencia de la sociedad patriarcal en la que se vive, advierte la desigualdad, denuncia la violencia de género, reclama el sexismo y la discriminación existente hacia las mujeres por el solo hecho de ser mujeres. Pero apuesta por una propuesta utópica llena de esperanza y buena voluntad.

Aunque el texto inicia con una escena trágica, después de un discurso en una plaza importante de su país, Viviana recibirá un balazo que la tendrá en coma. Mientras la novelista nos va presentando a los personajes y ambientes, permite a nuestro personaje femenino central estar presente entre sueños que tiene en su estado inconsciente y que surgen cuando en ese limbo, cielo o infierno celestial, ella va encontrando objetos que perdió en algún instante pero que le permitirán reconstruir un momento importante de su vida. Me encanta que Viviana, antes de ser la presidenta, haya sido periodista, que ame al amor eterno pero que se arriesgue a vivir el enamoramiento del momento. Que se muestre débil y fuerte, audaz e imprudente, apasionada y honesta, amiga y cómplice.  Cada una de sus amigas representa una forma de ser mujeres muy humanas y la poeta, a lo largo de cada capítulo, las convierte en espejo donde cualquiera de nosotras puede asomarse.  Son mujeres que, como la misma Gioconda lo hizo en uno de sus poemas titulado Dios me hizo mujer, bendicen su sexo. Mujeres que se declaran “putas, locas e izquierdosas”. Mujeres que aceptan que su ideología es el “felicismo”, es decir, “trata de que todos seamos felices, que vivamos dignamente, con irrestricta libertad para desarrollar todo nuestro potencial humano y creador y sin que el Estado nos restinga nuestro derecho a pensar, decir y criticar lo que nos parezca. Mujeres que creen en la sororidad y hacen una campaña política gozosa y provocativa, donde, por ejemplo, insertan en la caja de pañales una frase para persuadir a sus ciudadanas a votar por ellas:

“El país está más cagado que tu hijo. Da el primer paso, venite con el PIE, Partido de Izquierda Erótica”

La trama emociona y preocupa al tratar de descubrir lo que pasará con la presidenta en estado de coma. En averiguar quién fue el autor material de ese intento de crimen. Quiénes de los testigos podrán ayudar o traicionar.

El país de las mujeres es una novela feminista totalmente provocadora, audaz y gozosa. Gracias Gioconda Belli por mostrar dos sensaciones muy femeninas: el buen humor y la esperanza.

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo, ojos, nariz y boca de mujer.

Con cur­vas y plie­gues
y sua­ves hon­do­na­das
y me cavó por den­tro,
me hizo un taller de seres huma­nos.

Tejió deli­ca­da­mente mis ner­vios
y balan­ceó con cui­dado el número de mis hor­mo­nas.
Com­puso mi san­gre y me inyectó con ella
para que irri­gara todo mi cuerpo;
nacie­ron así las ideas, los sue­ños, el instinto.

Todo lo que creó sua­ve­mente a mar­ti­lla­zos de sopli­dos
y tala­dra­zos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgu­llosa todas las maña­nas
y ben­digo mi sexo.

Gioconda Belli. (2012), El país de las mujeres. Seix Barral, México.

Hacer Comentario