Uno jamás llega al peyote, el peyote lo elige a uno, pese a eso el camino para comprenderlo es largo. Mucha gente cree que la planta del peyote se busca para ingerirla y  conseguir con su ayuda respuestas, cuando es algo contrario, no todos llegan al peyote puesto que este elige quien lo consume, es un acto sacro que no se debe tomar a la ligera. En esta ocasión, se tiene el honor de presentar a un poeta reconocido por muchos méritos, entre ellos por ser un fundador del movimiento infrarrealista de poesía, al cual perteneció Roberto Bolaño, entre otros autores. Se trata de José Vicente Anaya: nacido en Chihuahua, autor de más de 30 libros, fundador y codirector de la revista Alforja, fue presidente de Alforja, Arte y Literatura, traductor de autores estadunidenses, japoneses y chinos; periodista cultural y ensayista, uno de los grandes estudiosos de la literatura Beat.

El autor José Vicente Anaya

El autor José Vicente Anaya

Entre sus libros importantes se mencionará uno de los más conocidos: Híkuri, un poemario en el que se narra un viaje que rebasa los límites del tiempo y el espacio; en este libro se concentran los conocimientos adquiridos por el autor, desde su infancia hasta cuando se internó en la Sierra Tarahumara y fue elegido por el peyote para después emprender otro viaje interno. En Híkuri (que el nombre quiere decir peyote en la lengua tarahumara) se reúnen influencias contraculturales, entremezcladas con experiencias místicas y visiones étnicas, de entrada es un libro donde se juega con las estructuras y se da una presentación opuesta a lo convencional, lo que da una sensación también de la preparación para un viaje. A continuación sabremos más del libro a través de una entrevista con Vicente Anaya: desde cómo se adentró al universo rarámuri o tarahumara, y la manera como  fue concretando la obra, hasta los obstáculos que tuvo para su publicación.

1.- ¿Cuál crees que sea el papel del arte y la poesía en la sociedad?

Una pregunta típica, un tanto difícil por otro lado y que se presta para una serie de ambigüedades. El arte y la poesía es como el oxígeno o respirar, pues son labores que guardan una intensa y muy profunda relación con el humanismo, la humanidad y, un aspecto  fundamental,  que hacen sensible a las persona. Implícitamente el arte visual y gráfico, cuando alguien lo aprecia ya está creando una transformación, al momento de verlo; en cuestión del poema, la transformación se da al leerlo o escucharlo, y esa transformación es la importancia de todo arte.

2.- ¿Qué te hizo acercarte a los rarámuris?

Primordialmente un intento de resolver algo que tenía implícito en mi herencia. A partir de la fotografía de mi abuelo materno, quien fue guerrero Villista y su rostro era típico de indio piel roja o tarahumara (término de piel roja como un adjetivo peyorativo). Esa foto fue una obsesión que me llevó a viajar y vivir en la Sierra Tarahumara por tiempo indefinido, fui a ver qué encontraba, no había un objetivo específico. Nunca fui a buscar al peyote, él me encontró a mí al igual que el Cipiame (el más alto grado de chamán rarámuri). Era la obsesión por ver cómo vivían, su atmósfera y oír la lengua.

3 ¿Cuánto tiempo se tardaron en aceptarte los rarámuris y cuánto tiempo lleva la preparación para emprender el viaje del peyote?

En el momento en el que viví en la Sierra Rarámuri entré en otro tiempo, para ellos el tiempo se mide de una manera diferente, más anímica, en lo que uno hace o en la medida que uno se mueve. Reitero que yo no fui con la idea a priori de buscar peyote, sino que el peyote me encontró a través del chamán, quien sabe la dosis exacta que debe tomar la persona o en este caso el discípulo del chamán.

En cuanto a ser aceptado, al contrario, fue fácil serlo: le enseñé al chamán la foto de mi abuelo y en el poco rarámuri que sé le dije quién era. A partir de eso él  tuvo una admiración en su mirada, dando a entender un orgullo porque un rarámuri había participado en la Revolución. A la mañana siguiente vi la foto de mi abuelo en su altar y con eso me di cuenta de que había sido aceptado.

4.- Para la creación de Híkuri se habla que tuviste un viaje interno y otro externo en el que hiciste un recorrido por el país y reúnes esas experiencias para el poemario. ¿Qué viaje pesa más?

Los dos, pero debo decir algo más: cada libro mío de poesía lo percibo completo en un instante, casi en unos segundos tengo el libro en la cabeza, pero no está aún escrito. Híkuri ya lo tenía planeado antes de mi encuentro con los rarámuris. Se convirtió en un libro en el que conté cosas del pasado, el presente y el futuro mezcladas. Del pasado hay recorridos incluso de la infancia. Una vez hechos los versos y fragmentos dispersos, los tejí en un año aproximadamente. Para mí, la estructura de Híkuri y de dos posteriores (Peregrino y Paria), son como una composición musical. Hay una falsa creencia entre los poetas de que la poesía ya no tiene musicalidad y creo lo contrario, pues en estos libros, la musicalidad es moderna, como una pieza de jazz o de rock.

5.- Después de la publicación de Híkuri, ¿cómo ves la respuesta ahora en los nuevos lectores ante las nuevas ediciones, a diferencia de la primera vez que lo publicaste?

La edición nueva lleva unos 21 mil ejemplares distribuidos. Hay un libro con 15 ensayos de estudiosos de la literatura dedicados a Híkuri; lo que habla de la respuesta actual. Quienes más lo han leído son lectores jóvenes, en ellos hay una decepción de la poesía conocida, creo entonces que los aspectos raros de Híkuri les llaman la atención. Esto ahora, pues cuando recién nació, fue rechazado por algunos académicos de la lengua con renombre.

6.- Como estudioso del tema, ¿cómo ves el pensamiento contracultural de ahora?

No lo veo ahora, lo vi tal vez en mi generación durante el infrarrealismo y ahora, si lo hay, yo creo que está muy disperso. Después del infrarrealismo se formó otro grupo que decía que el infrarrealismo seguía existiendo, hicieron algunas lecturas un tanto aisladas, pero  nunca vi muy claro. Creo que el movimiento infrarrealista se dispersó y cada uno tomamos un camino. Sin embargo, la contracultura es algo permanente en el sentido de que siempre debe haber ciertos terrenos para la crítica y se debe criticar lo que ya está estancado. Si yo llego a ver un movimiento así, estaría simpatizando con este a priori. He descubierto jóvenes rebeldes pero están aislados.

7.- En México, ¿cómo ves la conexión de los jóvenes con sus raíces?

En la mayoría de los jóvenes, ya sean escritores o no, ha imperado una tendencia a  irse ausentando de las raíces que  formaron nuestra cultura y en gran medida se debe a las políticas educativas. La SEP desechó el estudio del México prehispánico, desechó el estudio de la filosofía en prepa, la educación ha estado retirando a los jóvenes de maneras sustanciosas de la misma educación. Los nuevos escritores y los nuevos jóvenes no están muy informados de lo prehispánico.

8.- ¿Crees que para los jóvenes escritores es importante estar conectado con sus raíces?

Creo que sí, y además agregaría que no sólo a las raíces de nuestra cultura sino del mundo. Tan importante es para el joven escritor profundizar en el pasado de México como el de China y Grecia, para ser individuos con una formación más detallada de lo que es el ser humano. Sea para crear novela, poesía o todos los géneros de creación artística.

9.- ¿Cómo es tu proceso creativo y cuánto le inviertes, tomando en cuenta que traduces y haces otras labores?

Tengo un sistema anárquico, no deja de ser disciplina, pero no deja de ser anárquico. Por ejemplo, leo tres o cinco libros al mismo tiempo, dejo uno y tomo otro, de esos libros debe haber uno o dos de temas que estén pasando por mi cabeza para ensayo por ejemplo, entonces cuando tomo algo de ensayística regreso a ese libro para saber qué es lo que descubrí. Lo mismo pasa cuando voy escribiendo, creo un libro de poesía y así lo voy llevando por partes, por ejemplo hace un mes acabo de terminar cuatro libros de poesía que estuve trabajando hace algunos años.

Para la canción relacionada con Híkuri, al autor le fue difícil elegir una de entre muchas piezas musicales y canciones. Finalmente,  revisando el panorama, pensó en una pieza de Philip Glass, basada en un poema de Allen Ginsberg: Hydrogen Jukebox. Otra del mismo autor: Sinfonía número 6, Plutonian Ode, refiriéndose a este planeta.

Vicente Anaya las relaciona por su poesía,  ya que para él Ginsberg es uno de los grandes poetas del siglo XX, también no muy apreciado al principio, puesto que el mainstream rechaza los nuevos lenguajes, estructuras y formas de poetizar.

Sobre El Autor

León Cuevas

El responsable y dueño de Sinestésica es el dibujante hidalguense León Cuevas. Reside en Ciudad de México y es egresado de la Escuela de Escritores de la SOGEM. Publicó varios cuentos en diarios digitales, así como uno impreso en la antología Encuentro de escritores hidalguenses del Centro de Arte y Filosofía. Publica también en Sayyeah.tv, sobre cine, espectáculos y libros. Tuvo diversas exposiciones individuales y participó en varias colectivas, tanto en Pachuca como en Ciudad de México. Es autor de la obra teatral “Las seis muertes de Ofelia”.

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