Elena Sevilla, siempre auténtica, original, su estilo fresco y gozoso. Es una escritora provocativa y provocadora. Hidalguense de nacimiento, bella y airosa por vocación, escritora por provocaciones inspiradoras.

Ay Elena, qué provocadora eres gracias a ese estilo tan fresco, divertido, ágil y abierto, fatalmente honesto y originalmente con el tono de esas mujeres fatales que imito cuando camino por la calle e imagino ser Marilyn o Lilia Prado. Por eso, les quiero recomendar los dos libros que más me han gustado de ella.

Entonces, su respirar me va dando fuerza y yo me voy convenciendo de lo absurdo que es tenerle miedo a las palabras, y que su primer libro textualmente se tituló De chica quería ser puta…  Y… ¿Saben? Creativamente Elena Sevilla bautiza así su novela pero al mismo tiempo hace que la frase esté parpadeando en cada página, se juega con la idea y se censura el pensamiento. Y de las mujeres de esta historia solamente una confiesa haber querido ser una puta pero a las demás –de manera sutil-velada-delatora-marginal- les provoca la idea y la persiguen para alejarse y se alejan de ella para perseguirla negando la posibilidad pero imaginando que el placer verdadero vive en el cuerpo de una puta que pese a todo siempre es deseada.

'De chica quería ser puta' (Elena Sevilla, 2008)

Y este título escandalosamente provocador, va mucho más allá de sentirse deseada, usada, comprada, boquita pintada, zorra descarada o ramera descarada. La provocación de la autora va más allá de sentirse víctima florida o víctima divina. En sus páginas lo que encontramos son simplemente mujeres sin adjetivos ni insultos, sin destinos fatales o decisiones escabrosas.

Es así como la narradora de esta novela junto con Marisa, Blanca, Isolda, Lidia y Sara somos todas y ninguna, son espejo y muro, reflejo vacío y sombra sin pena. A través de sus historias nos identificamos y nos asustamos porque oscilan entre la ilusión eternamente amorosa y la decisión de ser ellas mismas con o sin pareja. Sus vidas son muy parecidas a la de cualquiera de nosotras aunque siempre preferimos decir públicamente que son historias que les pasan a las otras. Pero cada una de ellas de seguro tiene algo y mucho de la autora, pero también de mí misma, de las otras, de mis amigas, de las villanas de mi vida cotidiana, de las desconocidas y de las de ficción.

La identificación con la primera voz de la narradora de esta novela es provocativa y solidaria y sus aventuras y desventuras y la manera en que espía a las demás y las juzga o las desconoce, y las acepta y las admira, son razones suficientes para leer el libro desde la primera hasta la última página. Ella como nosotras le seguimos apastando al amor pero la novela es retadoramente realista cuando lanza como puñal la pregunta: ¿Quién carajos en su sano juicio puede hablar de amor?

Es divertida la escena donde la niña Marisa confía por qué de niña quería ser una puta, inocente testimonio lleno de tono lúdico pese a usar esta palabra que seguirá maldiciendo a las mujeres por los prejuicios de una sociedad que es la culpable auténtica de que puta sea considerada una palabra muy mala.

Gracias por atraer mi mirada con un título tan provocador que vas más allá de sí mismo y más bien me involucra en lo peligroso que sigue siendo en esta sociedad patriarcal que todavía quiere mantener a las mujeres encerradas en sus propios cautiverios pero cuyo  escape, reconocimiento o transgresión sigue dependiendo de cada una de nosotras pero también de la sororidad con que se marque el ritmo de nuestras vidas femeninas. Mujeres que no queremos ser ni putas ni damas, simplemente mujeres que luchamos por jamás repetir las palabras de una de las prostitutas de ficción más santificadas por el cine mexicano. Santa dijo:

“En la inspección de sanidad fui un número: en el prostíbulo, un trasto de alquiler; en la calle, un animal rabioso, al que cualquiera perseguía; y en todas partes, una desgraciada”

El otro libro que me gusta de ella es El silencio de las amantes. Amor, lujuria o tormento. A través de la historia de tres mujeres y algunas más, Elena Sevilla le da voz al silencio de las amantes. Y a lo largo de 180 páginas palpamos soledades y complicidades, desamores y enamoramientos eternos, lujurias incomprensibles e ingenuas, tormentos llenos de sororidad masculina y testimonios delatores que confirman que el amor siempre será complejo, absurdo y necesario en nuestras vidas.

'El silencio de las amantes. Amor, lujuria o tormento' (Elena Sevilla, 2011)

Y ahí están dibujadas con un ameno discurso, personajes femeninos que ya son mis amigas por siempre en mi vida literaria. “La otra”, “Chela” y “Lola”, así como la narradora de estas historias se sorprenden y no se entienden, se confabulan y se auto-traicionan, se comprenden y se enojan, no se entienden y se reconcilian. Confirman que los hombres son iguales aunque se llamen diferente y aunque los amemos de mil maneras. Y me enojo de verdad con cada una de ellas por sus necedades amorosas pero a la vez me solidarizo con sus ingenuidades de adolescentes enamoradas en la madurez de su vida.

Elena Sevilla tiene el maravilloso don de envolverte en sus historias, el uso de primera persona en su texto me encanta porque es tan fácil imaginarla a ella contándote estas historias, entre la discreción y la insensatez, entre la sororidad y la sana distancia y cercanía sana que siempre surge entre nosotras las mujeres.

Sin duda, El silencio de las amantes. Amor, lujuria o tormento es un gran texto literario para divertirse y enojarse, para encontrar espejos o empañarlos. Para palpar la alegría del amor durante el trayecto Indios Verdes a metro Universidad. O para despertar dispuesta a ponerse esas medias de seda para reconquistar al hombre de siempre o para seducir al que todavía esperamos, para amar eternamente por ratos al hombre de tu vida o para compartirlo poniendo a prueba de fuego tu sororidad tan cacareada.

El silencio de las amantes es un libro provocador y peligroso pues hace que palpes silencios para que termines hilando tu propia voz y se escuche, para que te preguntes tantas verdades y cuestiones absurdas como lo hice yo al principio de esta lectura. Es un libro que no deja de cuestionarte y de provocarte, por eso cierro este comentario con las palabras de la misma Elena Sevilla, o de la narradora o de alguna de las personajes de este maravilloso libro, porque podemos ser todas alguna de ellas y abolir el silencio para preguntar, para preguntarnos, para preguntarles:

¿Por qué nos morimos de ilusión? Siempre soñando que este es el bueno. ¿Por qué no disfrutar de una relación sin compromisos y ahí vamos viendo? ¿Por qué tenemos que entregar el corazón como si fuera lo más urgente? ¿Por qué no nos damos tiempo? No a ellos, sino a nosotras mismas. Creo que tardamos más en escoger un par de zapatos que a un güey.

Gracias Elena Sevilla, por tus provocaciones literarias.

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