Febrero 10, 2017

Hace dos noches leí un artículo de la doctora Valeria Montoya, investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, titulado: Ayotzinapa, el bono demográfico y los jóvenes, que me estrujo el corazón porque expone que a la violencia que se vive en el país se suma a las condiciones socioeconómicas con crecientes niveles de pobreza, bajas tasas de crecimiento del producto interno bruto y concentración de la riqueza que hace que las y los jóvenes tengan que enfrentar desigualdades sociales cada vez más profundas.

Todo un desperdicio el bono demográfico de México porque en lugar de aprovechar la oportunidad de tener una población mayoritariamente joven y productiva, durante un periodo de tiempo, como palanca de desarrollo, terminamos poniéndolos contra la pared ofreciéndoles migajas: pocos espacios en las universidades públicas, desempleo o acceso a trabajos precarios; y encima de esto, miles enfrentando violencia y muerte.

Sin embargo, tras recibir la invitación para escribir esta colaboración con motivo de un aniversario más de La Recoleta, mi primera reflexión fue: ¡Carajo, a pesar de esta realidad tan dura, hay locos! Sí, jóvenes locos que se atreven a soñar, que se atreven a construir nuevos espacios para hablar de cultura, esas actividades que pueden tocar el alma, sacudir conciencias, despertar pasiones o generar revoluciones.

He tenido la fortuna de atestiguar que sin un quinto en la bolsa o con un pago quincenal (¡si bien les va!) raquítico, cero prestaciones que pueda brindarles algo de seguridad, poca solidaridad a su alrededor por parte de adultos institucionalizados, pero con mucha hambre de libertad y una creatividad desbordada, un pequeño grupo de locos y locas, liderados por uno más loco que ellos, Alejandro Galindo, impulsaron La Recoleta, primero como una sección del diario Independiente de Hidalgo, y luego, cuando prácticamente fueron echados a la calle, como un espacio independiente y digital.

Ahí siguen, picando piedra con auténtica vocación periodística, ejerciendo con responsabilidad la libertad de expresión y con verdadero respeto al derecho a la información de su audiencia, cada día su página en la web mejora, se pule, se especializa, se reorganiza para ofrecer información especializada, de manera gratuita, accesible, con un mayor cuidado donde se puede percibir el proceso de maduración de Alejandro Galindo como editor.

¿Trabajar sin cobrar? Pues sí, quienes colaboran en La Recoleta, lo hacen y están comprometidos a cumplir con su parte, sin esperar nada. Pero no debería ser así porque no valorar el trabajo profesional del periodismo y pagar por ese servicio, es lo que no permite su crecimiento, su expansión, y toda la sociedad necesitamos información seria, veraz, cuidada, para formar nuestro criterio y motivar la participación democrática en muchas decisiones.

¿Por qué en México es tan complicado hacer periodismo independiente? Porque no valoramos esta actividad, porque no logramos cortar el cordón umbilical con el poder político, porque es más fácil cobrar “publicidad oficial” y publicar sobre pedido

Pero la ciudadanía necesita de locos como Alejandro Galindo y acompañantes, y como muchos otros y otras que circulan por la web con sus miradas críticas, con sus voces sin cortapisas, con su pensamiento libre.

En medio de esta realidad tan difícil del país, uno agradece encontrar espacios como La Recoleta y leer textos sin ataduras, poder informarse de manera sencilla, amigable pero seria.

En medio de esta realidad tan dolorosa de mi país, agradezco la oportunidad de haber acompañado a esta bola de locos en los inicios de La Recoleta y reconforta a mi alma cada que visito su página y leo sus textos y termino anotando en la agenda las propuestas de películas, obras de teatro, conciertos, conferencias, encuentros, libros, y leer las crónicas de Elvira Hernández Carballido, otra loca solidaria con las buenas causas periodísticas.

Por esto y más, va mi abrazo fraternal para agradecer su locura y acompañarlos desde mi humilde trinchera por un aniversario más y rogando porque algún día, en este país, se pague por el buen periodismo y jóvenes emprendedores puedan vivir dignamente al ejercerlo.

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