Lo despertó el teléfono junto a su cama

—Doctor, necesito que me atienda. ¡Es urgente!
—¿Pero qué carajo…? ¿Y usted quién se cree que es? ¡Son las tres de la madrugada! ¡Llame por la mañana y haga una cita!
—¡No, no, no! Yo no puedo ir a consulta durante el día…
—Entonces busque otro—
—¡Se lo suplico! En el directorio dice que usted es odontólogo y que atiende emergencias. ¡Necesito su ayuda ahora mismo!
—Anuncio del demonio… ¡Vale! Venga al consultorio, pero le advierto que si no llega en veinte minutos…
—Estaré allí en cinco.

Colgó. Y fue puntual.

—Veamos… ¿Cuál es el problema?

Cuando el paciente abrió la boca, el médico se topó con unos colmillos largos y puntiagudos como los de un animal. Tragó saliva.

“Así que por eso no podía venir de día…”

Sin querer delatar su miedo, procedió con la inspección. Encontró que uno de estos letales dientes presentaba una fractura cuya sola visión resultaba dolorosa.

—No le di a la aorta y mordí la clavícula —explicó el vampiro, avergonzado—. Por favor no me juzgue: soy nuevo en esto…

Hacer Comentario