No hay algo más sublime que el amor, no hay otro sentimiento que mueva a los seres vivos con más fuerza que éste, no hay otro precepto social que justifique todo acto humano, salvo el amor

 

MARAVILLOSO, doloroso, reparador, y, para la televisora del Ajusco es, además de un gran negocio, un verdadero espectáculo. Más de un año lleva al aire un programa que lleva por nombre ‘Enamorándonos’, se transmite por Azteca Uno en el horario de 18 a 20 horas, de lunes a viernes. ¿En qué consiste el show? No es algo nuevo, un grupo de personas denominados amorosos se exponen en una pasarela permanente para ser vistos y deseados por el público televidente que solicita un portal, sí, portal, como si de un encuentro interestelar o mágico cómico musical se tratara, para convertirse en flechado y encontrarse con el que podría ser el amor de su vida.

Salen de cita, una, dos, las veces que sean necesarias para conocerse, enamorarse, casarse, ir de luna de miel, procrear y, si se puede, hasta bautizar al producto de ese amor apasionado que los unió. Así de sencilla está dictada la fórmula para el amor.

¿Sencillo, no?

Y yo que creía que el amor era complicado, que había que conocerse a uno mismo primero, que había que fortalecerse como persona, como ser humano, como mujer… que había que crecer, ser mejor todos los días, ser feliz con uno, perdonarse, afrontar los errores cometidos para luego entonces pensar en conciliar el Universo que cada ser humano representa con la idea de una pareja. Y que además había que confiar en la suerte o el destino para toparse con la persona que pudiera acompañar el resto de mi vida o el tiempo que el amor eterno dure.

Pensé ingenuamente que iba a encontrar el amor escondido en una persona al azar, que la conocería en una fiesta cuando sólo él se riera de mis chistes sin chiste o que un buen día en la fila del supermercado o el banco me miraría de frente y me sonreiría sin mayor motivo que haberme visto y ahí nacería el amor.

Pensé que los jóvenes de esta generación, si lucharían por algo, sería por el amor, que encontrarían en él el motivo para pelear, para mantenerse fuertes, para combatir por su derecho mínimo de enamorarse, que inventarían nuevas formas de hacerlo, que no se mantendrían inmóviles y que no acatarían las viejas y gastadas normas sociales, pero no.

‘Enamorándonos’ es una producción televisiva que promueve la superficialidad, que no representa la búsqueda del amor, porque no hay fórmulas mágicas para ello, para cada pareja es un historia diferente, un reto diferente. Este programa trivializa las relaciones humanas, da pautas equivocadas de cómo una persona debe conducirse en las relaciones amorosas.

Educa porque todo contenido televisivo lo hace, a las nuevas generaciones en la lógica del culto por el cuerpo, porque una de las integrantes de los amorosos que se hace llamar Bebeshita obtuvo de manera gratuita un cambio de imagen completo que incluyó cirugías plásticas como rinoplastia, liposucción y aumento de busto; presume el nuevo cuerpo que tiene, como si el anterior fuera basura, y obtiene la atención de nuevos flechados por el aspecto que ahora ostenta.

Educa porque los niños aprenden que el amor es desechable, porque si no hubo click en una cita puedes batear una y otra vez a quien va en busca de tu amor y hasta hay una canción de despedida para que se vayan con ritmo.

Educa porque regresa a las mujeres que ahí se presentan a que el fin último al que ellas deben aspirar es a casarse, y a hacer público el acontecimiento, desde el primer beso, hasta el primer hijo. La idea romántica del amor está circunscrita a un foro de televisión donde se asume como real todo lo que pasa, aunque se presenten verdaderos dramas -como los tiene la vida real- pero se deban hacer pausas comerciales, presentar cantantes o participar en concursos de toda índole.

Lo que no dice es que los sentimientos de las personas son importantes, que no basta el mejor cuerpo que puedes no resultar atractivo para alguien, pero hay todo un proceso cognitivo y sentimental para lidiar con ello, el amor no es exprés, no depende del raiting de un programa de televisión, no está a la venta, no se compra.

Los participantes adquieren fama, perciben un sueldo pues su trabajo es ese, representan un papel, un mal argumento que deben interpretar, fingen, mienten y esperan colocarse en el mundillo de la televisión. A la postre ser presentadores, modelos o comentaristas y vivir holgadamente a costa de la conciencia adormecida de un pueblo cada vez más pobre e ignorante como el mexicano.

Promueve según las palabras de los conductores los valores familiares, la unión, el respeto, pero aún en estos tiempos no aparecen portales para parejas homosexuales, ¿a caso no hay para ellos oportunidad para el amor? Se orilla a las mujeres a casarse aún cuando la tendencia a nivel mundial es muy clara, cada vez menos mujeres quieren casarse, muchas de ellas quieren valerse por sí mismas y vivir solas, los estereotipos de mujer y hombre atractivo siguen replicándose porque, claro, una mujer obesa o una hombre feo no merecen encontrar el amor, así que los tienen como amorosos para mofarse de ellos.

La diversidad humana es tan grande, falta ver en las filas de los amorosos a personas con discapacidad, transgénero o adultos mayores, si es que se quiere ser congruente con lo que se predica.

Pero más allá no responsabiliza a las personas sobre su sexualidad, sobre sus sentimientos, sobre los límites que son sanos en las relaciones de pareja. No están contribuyendo a crear mejores entornos sociales, aún cuando el país enfrenta tantos problemas como el alto índice de embarazos adolescentes, la violencia contra los grupos de la diversidad sexual o el odio y desprecio reflejado a las mujeres en las cifras al alza de feminicidios, al presentar y representar los arquetipos sociales ayuda enormemente a la perpetuación de la violencia y discriminación estructural sobre los grupos vulnerables.

La televisión abierta ha eludido durante décadas el compromiso que tiene con la sociedad, amasa grandes cantidades de dinero a costa de los ciudadanos, lo menos que puede ofrecer es entregar a cambio un poco de dignidad y respeto a los televidentes.

Sobre El Autor

Tania Martínez Suárez
pros_critos@hotmail.com

.mujer.esposa.madre.hija.hermana.amiga. Interesada en seguir aprendiendo, amando y creando; me conmueve y compete todo lo que conlleva el acontecer humano, me encuentro en constante proceso de cambio y creo firmemente que las cosas pueden cambiar con ayuda de todos

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.