He visto cómo se les salen los ojos, cómo los apuñala la idea de que alguien más pueda ser feliz o poseer algo que ellos no, he visto en sus rostros la pobreza de espíritu, el miedo y la infelicidad que los desborda porque quien siente envida no avanza jamás, lo saben bien y no pueden sino regodearse en su miseria

 

LOS HE VISTO lamerse las manos, enjugar en su maloliente saliva las palabras ponzoñosas que van a soltar, los he visto extasiarse con la pena ajena, pensando que los engrandece y los hace superiores el que las personas atraviesen un mal.

Los he visto aparentemente imperturbables, tirados en camastros de piedra, azorados antes el destello de una buena idea o un nuevo proyecto, lo he visto tomar entre sus garras de animal lo poco bueno que la vida les concede y destruirlo bajo el único argumento de ser víctimas de nuevo.

Los he visto saciar su hambre con sobras cual aves de rapiña que solamente consiguen estar a la sombra de los que realmente se arriesgan y viven. Los he visto sabotear todo a su paso, descomponer, destruir, mentir, lamer los zapatos de quien los mantiene y al mismo tiempo matar la felicidad que los rodea.

Los he visto criticar, romper en llanto para disimular su maldad, no hay camino a salvo para quien antepone su codicia al amor, no hay camino para quien envidia y destruye a su paso, no hay lugar para quien muerde antes de dialogar, no hay camino para quien agrede, para quien odia, para quien hiere, para quien se denigra a partir de sus acciones.

Los he visto esconderse cuando comenten errores y buscar desesperadamente culpables a los cuales señalar, los he visto huir de la escena de su crimen, lavarse las manos y preparar el cartucho para su nuevo disparo.

Los he visto desde lejos y he podido reconocer de entre sus falsas palabras y risas la verdad que se aloja en sus acciones, los he visto concurrir a la desdicha una y otra vez, no saben hacer otra cosa.

Los he visto en una tienda cualquiera, en un parque, en una oficina, con grandes hocicos parloteando y escudriñando con la mirada, los he visto creerse intocables sin saber que todos caemos.

Los he visto comportarse como niños, burlarse como niños, gritar estridentemente como un niño en pleno berrinche, porque en el fondo nunca crecieron, nunca se realizaron como personas; les pesa sobremanera que sólo han sido lo que han podido ser pues carecieron del empuje necesario.

Los he visto alardear y fanfarronear de un poder que no ostentan, los he visto mofarse y ridiculizar a quienes consideran débiles, los he visto apedrear los sueños de los demás y al mismo tiempo he visto su cara de resignación al caer en cuenta son el despojo de sí mismos…

 

…y así han de morir

Sobre El Autor

Tania Martínez Suárez
pros_critos@hotmail.com

soy un atado de ideas zurda y necia comunicóloga proscrita madre indeVida

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