Caprichosa viejecita de pulso quinceañero,
cae sobre tus hombros cada soplo de tus años,
y vives berrinchuda, inculpando al mal agüero
por tus pies tan perezosos que ya no pueden andar.

Indefensa viejecita de tierno conversar,
eternas son tus charlas, eterno es tu pesar.

Yo te quiero doña Inés por rejega
y mal hablada.

Tanto admiro
tu placer y tu amor por la palabra,
palabra altisonante,
palabra rimbombante.

Palabra necia y escandalosa,
que narra tu sufrir desde pequeña,
con frialdad lleva tu maternidad rota,
tu gravidez interminable.

Caprichosa viejecita de ojos tan hundidos.
Caprichosa viejecita de cuentos muy dolidos.

 

 

A Mamá Inés
Descansa en paz

(1935-2017)

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