Algunos sostienen que el propósito de los Peldaños de Llanoblanco se consuma justo hoy, es una obra de arte con copia al futuro, una curiosa escalera que esperó paciente y silenciosa para hablar cerca de 2 mil 700 años después…

 

¿QUÉ utilidad tenían las antiguas escaleras si no era unir lo alto con lo bajo, o al revés? Al parecer, no siempre fue así, al menos con este principio incumplen los Peldaños de Llanoblanco, una hermosa pero absurda escalinata de mármol negro que se extiende de manera horizontal por unos 14 kilómetros a lo largo de la planicie desierta. ¿Imaginas la escena? El Gran Observatorio de la colonia maya en la Luna no deja de transmitirnos las imágenes de su perspectiva, cada vez con un ángulo distinto. Desde allá, los Peldaños lucen como un cinturón de oscuros picos sobre la claridad de un plano que los hace lucir aún más por el contraste, una auténtica pieza de arte de la lejana primera mitad del siglo XXI, cuando los artistas exploraban la belleza mínima, mientras sus contemporáneos no perdían el tiempo en probar los alcances de la autodestrucción.

Esta explicación es hoy la más aceptada entre la comunidad de restauradores de la historia digital, quienes no quitan el olfato a la obra cuya identidad de su arquitecto, arquitecta o arquitectos yace escondida en el misterio de sus escalones que guían repetitivas subidas y bajadas, con una constancia que no hace más que definir un largo camino de frecuencias: valles y crestas sobre un paraje donde, según los registros, sólo habitaron leones albinos segregados por un virus resistente a cualquier vacuna, que los hizo depredadores longevos, casi inmortales de la humanidad.

Se sabe que estos leones ocuparon el inhóspito llano mucho antes de la edificación de los Peldaños, nuestros antepasados los obligaron a vivir allí con la esperanza de que murieran ante la inexistencia de agua y alimento, era la única manera en que podían deshacerse de ellos, ya que la enfermedad, paradójicamente, los hizo más fuertes, no había bala que cruzara su gruesa piel ni veneno que paralizara su mutado organismo, cada intento de disolverlos los hacía más invencibles. El aislamiento en la tierra muerta de Llanoblanco no obstaculizó su próspera reproducción, en 2050 habrían alcanzado una holgada población de 89 mil.

Este contexto nos conduce a un misterio aún mayor, si la edad de los Peldaños es mucho menor a la de la presencia de las fieras en Llanoblanco, ¿cómo y en qué condiciones fueron levantados? Su creador, creadora o creadores habrían muerto ante la imposibilidad de evadir a las bestias, ya no hablemos del equipo de constructores. Se dice que el complejo pudo ser prefabricado en alguna comarca cercana a la reserva y luego trasladado en potentes remolques. Aún así, el tiempo requerido para la instalación hace que a los restauradores de la historia no les salgan las cuentas, cualquier hipótesis arroja el mismo resultado: muerte.

Por otro lado, ¿quién querría posicionar un objeto de presunta vocación artística donde sólo podría ser contemplado por un Imperio de ancestrales felinos blancos? ¿Serían capaces esas criaturas de reconocer su valor? ¿Qué utilidad le habrían dado? Porque, si hay alguna certeza en torno a los Peldaños de Llanoblanco es que no fueron ignorados. Las gélidas temperaturas posteriores al cambio climático se encargaron de guardarnos evidencia suficiente para reconstruir un atardecer en que las ya extintas frondosas melenas de nieve recorrían a saltos esos subibaja de oscura materia.

Algunos de los restauradores más osados sostienen que el propósito del, la o los responsables de los Peldaños de Llanoblanco se consuma justo hoy, en los días de nuestra era, una obra de arte con copia al futuro, una curiosa escalera que esperó paciente y silenciosa para hablar cerca de 2 mil 700 años después, con todo y el latente riesgo de ser aniquilada por la acentuación de los reajustes del planeta.

Argumentan que la interpretación o las interpretaciones que damos en la actualidad a esta obra magnífica que carece de firma, incluidas las fotografías transmitidas por el Observatorio maya en la Luna, fueron previstas por su autor, autora o autores; habría o habrían planeado la forma en que querían que su obra se apreciara desde el espacio y el paisaje que en nuestro tiempo podríamos reconstruir con el paraíso de los leones invencibles, ellos serían, desde luego, parte de la pieza, con el clima y el propio llano.

Quién sabe si en algún momento podamos descubrir el nombre o los nombres de quienes fraguaron esta intriga apasionante, pero no tengo duda de su inobjetable pasión y creatividad superlativa, que me lleva a concluir, por el momento, que las antiguas escaleras también sirvieron para escalar el tiempo.

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