“…el aporte no sólo radica en retratar estas vidas femeninas… sino mostrar, sobre todo, cómo ellas son capaces de transgredir su lugar asignado”

Oswaldo Estrada es profesor de literatura latinoamericana en The University of North Carolina at Chapel Hill, comenzó a estudiar la literatura mexicana escrita por mujeres por absoluta sororidad masculina. Participó en el Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer, en verano de 2002 y fue desde entonces, acompañado de grandes académicas feministas como Elena Urrutia y Luzelena Gutiérrez de Velasco, empezó a formular las primeras ideas sobre las disidencias de género que estudia en el libro titulado Ser mujer y estar presente (UNAM, 2014).

El libro nos guía e ilustra, nos muestra y demuestra la sensibilidad y calidad de las mujeres mexicanas que se dedicaron a la literatura. Con mirada analítica, sustentado con bases académicas del estudio del discurso y del género, el autor nos presenta un muestrario fascinante de la escritura, el sentir, las perspectivas y sinrazones que motivan a las mujeres a escribir cuentos, crear novelas, hacer relatos y ganarse un lugar en la gran literatura de México.

El libro está dividió en tres partes, en cada una, muy equilibradamente, nos presenta a tres escritoras, integradas por su generación, por los tiempos en que escribieron y por los contextos que las inspiraron. Es así como la primera parte se titula ‘Debates del silencio y la palabra’, que presenta a tres grandes clásicas del mundo literario nacional. La primera, ‘Nellie Campobelo: fragmentos de revolución. El analista nos permite atisbar las dos obras representativas de esta inolvidable literata: Cartucho (1931) y Las manos de mamá (1937):

“Esbelta como las flores de la Tierra cuando danzan mecidas por el viento. Su perfume se aspira junto a los madroños vírgenes, allá donde la luz se abre entera. Su forma se percibe a la caída del Sol en la falda de la montaña. Era como las flores del maíz no cortadas y en el mismo instante en que las besa el Sol. Un himno, un amanecer toda Ella era. Los trigales se reflejaban en sus ojos, cuando sus manos, en el trabajo, se aprestaban sobre las espigas doradas y formaban ramilletes que se volvían tortillas húmedas de lágrimas”

-Campobello, Las manos de mamá

En ‘Rosario Castellanos: usos del silencio y la palabra’, el crítico literario la califica como una mujer que se construye letra a letra porque toda su escritura es un verdadero acto de independencia y poseedora de un lenguaje combatiente, cualidades que sin duda la mantienen latente en las nuevas generaciones de lectores de este siglo XXI:

“Mujer, pues de palabra. No, de palabra no. Pero sí de palabras, muchas, contradictorias, ay, insignificantes, sonido puro, vacuo cernido de arabescos, juego de salón, chisme, espuma, olvido”

-Pasaporte, Rosario Castellanos-

La tercera escritora de esta primera parte es ‘Elena Poniatowska: murales de la crónica actual, periodista que ha rescatado miles de voces extraviadas en el silencio, atrevida que ha recreado vidas como las de Tina Modoti o Lupe Marín, primer mujer mexicana en obtener el Premio Cervantes 2013. Su escritora siempre delata el gran compromiso social que la ha distinguido durante décadas y décadas de recuperar historias:

“Desde 1953 me fijo en los que caminan por la calle, el barrendero con sus siete perros, Tere la limonera en el mercado de Coyoacán, Lucía la que cose a domicilio, los que vinieron del campo al DF y todavía traen manos de ordeñar vacas, de trasquilar borregos, de palmear tortillas. Intento vivir pensando en aquellos que tienen que irse a los Estados Unidos porque si no morirían de hambre y en los que no logran irse y mueren de hambre”

-Elena Poniatowska, Amanecer, crónica-

Oswaldo Estrada crea una segunda parte titulada Historias, cartas y cuerpos para recuperar a tres escritoras ya clásicas en la literatura nacional. ‘Carmen Boullosa: el futuro de la memoria’, a quien considera una “manipuladora” del pasado para recalcar cuestiones irresueltas del presente:

“Los conquistadores somos nosotros. Sabemos que nuestros dioses y nuestras costumbres murieron y que somos hechos de la sangre que nos destruyó y de la sangre que perdió a los dioses, somos hechos de todo, del que ganó y del que perdió, del que triunfó y del derrotado, del que destrozó y del que fue destrozado, de la resistencia y valentía de la parte vencida y de la derrotada del ganador, sobre todo estos dos últimos elementos”

-Carmen Boullosa, Códice florentino

Al hacer referencia a ‘Mónica Lavín: los enigmas de Sor Juana’, prefiere centrarse en una de las obras más representativas de la autora, Yo, la peor, donde reconstruye a su manera la vida de la Décima Musa, entre la ficción y realidad, admiración y nostalgia, misterios sin resolver y homenaje honesto:

“Ahora me piden que sea otra de la que soy, que me corte la lengua, que me nuble la vista, que me ampute los dedos, el corazón, que no piense, que no sienta más de lo que es menester y propio de una religiosa, de una esposa de Cristo. ¿Quién ha decidido que no pensar es propio de la mujer del Altísimo?”

-Mónica Lavín, Yo, la peor

Cierra esta segunda parte con ‘Margo Glantz: apariciones en clave de mujer’, escritora consagrada que nos lleva a recorrer diferentes escenarios y paisajes, que con un estilo complejo pero cautivador lanza miradas cuidadosas y fragmentadas sobre el cuerpo, como ella misma lo reconoció en una entrevista, sin duda, su obra provoca incendios eróticos:

“… suelo acariciar mis pezones, son rugosos, el texto me excita, los retuerzo entre mis dedos, uno a uno, quiero que se pongan rojos, erectos, brillantes, calientes…”

-Margo Glantz-

En la última parte, ‘Disidencias de identidad’, Estrada elige que esté también representada por tres autoras, las contemporáneas, las que tienen ya una trayectoria reconocida pero que sus publicaciones surgen al iniciar el siglo XXI. Así empieza con ‘Rosa Beltrán: mujeres de armas tomar’, donde destaca cada personaje femenino que esta escritora ha decidido crear, mujeres transgresoras, que cuestionan, que luchan contra su propio destino, que enfrentan para cambiar a la sociedad, que mueren por culpa de esa misma sociedad pero que renacen gracias a su propio espíritu:

“Era una estupidez pensar en términos de cantidad. El carácter único del yo no puede expresarse a través de una suma, ni menos encarnar en lo general: Las Mujeres. Qué tontería pensar que era posible apoderarse de algo como la variedad, el conjunto de manifestaciones de esto que llamamos “lo femenino”. Como si se tratara de una tierra incógnita hecha de su mismo lodo. Como si todas fueran una.”

-Rosa Beltrán, Alta infidelidad

Embelesa y provoca, seduce y cautiva cuando el autor hace referencia a ‘Cristina Rivera Garza: en gustos se rompen géneros’, escritora en la que ha profundizado más en sus análisis. Considera que es difícil situarla en un lugar específico de la literatura mexicana. Puede decirse que ella es del sur, del centro y del norte. Aconseja que para leerla es necesario borrar las fronteras de la historia y la literatura, palpar las identidades ambiguas y reconocer que en lo femenino está lo masculino y viceversa. Todo ello, toda esa ambigüedad ha sido clave de su éxito.

Me llamo Cuerpo Que No Está.
(no es otra cosa más que terror)
Me llamo Algo Que No Puedo Olvidar ni recordar.
(no es otra cosa más que terror)
Me llamo Dieciséis Años de Huir. Ese Intervalo. Ese Silencio,
(no es otra cosa)
(es terror)
Me llamo Mujer Que Escucha.
(es otra cosa)
Me llamo Mujer Que Escribe
(terror)

-Cristina Rivera Garza, Lo anterior

La obra cierra con ‘Guadalupe Nettel: marcas de diferencia y sellos de otredad’, joven escritora nacida en 1973 y que en estos últimos años se ha convertido en mi autora preferida y por su culpa compré este libro de análisis literario, estudio que me dejó muy satisfecha por las coincidencias que pude tener con Oswaldo Estrada cuando su mirada recorre la obra de mi querida Guadalupe Nettel.

Me encanta cuando inicia el capítulo afirmando que leer a esta novelista es ingresar a un laberinto literario donde lo normal es ser diferente, caminar a tientas por el mundo de los ciegos o descender a los pasadizos subterráneos de la Ciudad de México. Ella explora quiénes somos en realidad bajo las máscaras que preferimos llevar a cada paso, en cada encuentro y desencuentro.

“En la calle los ciegos pueden parecer integrantes de alguna secta. La forma en que caminan, la expresión de su rostro los hace ver como si aprovecharan cada segundo de su silencio para perderse en meditaciones sobre todo lo que no pueden mirar”

-Guadalupe Nettel, El huésped

Es así como Ser mujer y estar presente, de Oswaldo Estada, representa una gran oportunidad de repasar la historia de la literatura mexicana hecha por mujeres. Significa reconocer las aportaciones de historias y estilos, de personajes reales que no existen y de personajes de ficción que se parecen a tanta gente que conocemos. Es hacer visibles palabras e imaginación, sensibilidad y talento de mujeres que encuentran en las palabras la mejor manera de inspirarse, provocarnos y hacernos palpar el amor por la vida. La obra analiza y da pautas para comprender la obra de cada escritora elegida. No es complaciente pero sí reconoce aportes y retos. Se reconoce como un autor que se aproxima y practica la crítica feminista, que comprende la perspectiva de género y palpa las subjetividades rebeldes que laten en cada página de las novelas leídas y analizadas. Su compromiso y seriedad al hacer este trabajo queda perfectamente plasmado en el fragmento elegido para dar inicio a la introducción:

Hay libros, autores a los que se ve uno obligado a regresar siempre, porque su vigencia no decae, porque su lección es siempre oportuna, porque su ejemplo no pierde validez. ‘Rosario Castellanos, Esplendor y miseria’.

Oswaldo Estada (2014). Ser mujer y estar presente. Disidencias de género en la literatura mexicana contemporánea, México, UNAM.

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